Hace ya dos cursos que desarrollo la metodología de la clase invertida o flipped classroom en mis clases y no dejo de pensar en el paralelismo que puede suponer tener una ley educativa planteada con unos objetivos (en mi caso la abrumadoramente metodología tradicional que utilizan los docentes en bachillerato) y que su desarrollo vaya, aparentemente y sobre el papel, en sentido contrario (en mi caso darle la vuelta a esa metodología tradicional para darle protagonismo al alumnado). He comentado en bastantes ocasiones que no estoy de acuerdo con la LOMCE por innecesaria, segregadora y, sobre todo, incoherente y contradictoria. Sin embargo, esta última característica, que humildemente yo le atribuyo, puede suponer que sea una ley que permita, con el desarrollo normativo que se está viendo, ser invertida. Darle la vuelta.

La idea general que tiene la sociedad sobre la ley es que es una ley sin demasiados apoyos, que establece reválidas eliminatorias, que elimina la selectividad, que segrega al alumnado en edades más tempranas y que intenta mejorar los resultados en las pruebas internacionales. En definitiva, creo que se tiene la sensación de que es una ley que se centra mucho en los resultados y muy poco en los procesos de aprendizaje.

Sin embargo, uno observa los desarrollos normativos del propio ministerio (por ejemplo, la Orden de relación de competencias, contenidos y criterios de evaluación) o el de algunas comunidades como Andalucía (borrador de Orden de Primaria y la previsión de un planteamiento idéntico para Secundaria) y observa todo lo contrario: enfoque competencial, integración del currículo, orientaciones metodológicas que invitan al aprendizaje por proyectos, a una evaluación con instrumentos más variados y relacionados con el saber hacer tanto como con el saber, a la mayor autonomía y protagonismo del alumnado en su aprendizaje o a la figura del docente como guía y orientador.

Todo esto añade incertidumbre a un proceso ya de por sí incierto (puesto que, por desgracia, estamos acostumbrados a cambios normativos frecuentes) debido al largo y complejo proceso de implantación o la posible derogación si hay cambio de gobierno en este convulso año electoral. ¿Con qué nos quedamos? Con la imagen de una ley que prioriza los contenidos sobre las competencias al crear estándares de aprendizajes muy concretos y relacionados con esos contenidos o con el enfoque competencial de los desarrollos normativos que entienden los estándares como indicadores de logro del desarrollo de las competencias. Y, como se suele decir, no es una cuestión baladí, puesto que se cambia profundamente el enfoque del aprendizaje del alumnado si se opta por un enfoque u otro. O incluso si se intentan mezclar en un totum revolutum poco práctico y que nos llevaría a un punto de cierta esquizofrenia.

Cuando se es partidario del enfoque competencial y de metodologías activas porque considera que es la mejor manera de formar los aprendices de la era digital y lee en el preámbulo de la Orden antes mencionada que  un enfoque metodológico basado en las competencias clave y en los resultados de aprendizaje conlleva importantes cambios en la concepción del proceso de enseñanza-aprendizaje, cambios en la organización y en la cultura escolar; requiere la estrecha colaboración entre los docentes en el desarrollo curricular y en la transmisión de información sobre el aprendizaje de los alumnos y alumnas, así como cambios en las prácticas de trabajo y en los métodos de enseñanza, pues no puede uno más que alegrarse de que eso quede reflejado en una orden que, en teoría, nos obliga a todos los docentes a trabajar por ese cambio.

Cuando se es partidario del papel activo del alumnado, de darle protagonismo, de darle herramientas para su aprendizaje para toda la vida, en definitiva, del empoderamiento del alumnado y lee en el Anexo II de esa Orden que uno de los elementos clave en la enseñanza por competencias es despertar y mantener la motivación hacia el aprendizaje en el alumnado, lo que implica un nuevo planteamiento del papel del alumno, activo y autónomo, consciente de ser el responsable de su aprendizaje, no puede uno más que pensar en el flipped classroom y en aprendizaje por proyectos y que sería necesario extenderlo.

Cuando se está de acuerdo con la necesidad de un nuevo rol docente, que no sea protagonista unívoco de la transmisión de contenidos sino una especia de guía y orientador de aprendizajes y lee, también en el anexo de la Orden, que los métodos deben partir de la perspectiva del docente como orientador, promotor y facilitador del desarrollo competencial en el alumnado; además, deben enfocarse a la realización de tareas o situaciones-problema, planteadas con un objetivo concreto, que el alumnado debe resolver haciendo un uso adecuado de los distintos tipos de conocimientos, destrezas, actitudes y valores; asimismo, deben tener en cuenta la atención a la diversidad y el respeto por los distintos ritmos y estilos de aprendizaje mediante prácticas de trabajo individual y cooperativo, pues ya se le empieza a poner a uno los vellos de punta y piensa: ¿será esto posible?, ¿lo conseguiremos?

Cuando se comparte la necesidad del aprendizaje contextualizado y por proyectos y del trabajo cooperativo y lee en ese anexo que para potenciar la motivación por el aprendizaje de competencias se requieren, además, metodologías activas y contextualizadas. Aquellas que faciliten la participación e implicación del alumnado y la adquisición y uso de conocimientos en situaciones reales, serán las que generen aprendizajes más transferibles y duraderos.

O que, las metodologías activas han de apoyarse en estructuras de aprendizaje cooperativo, de forma que, a través de la resolución conjunta de las tareas, los miembros del grupo conozcan las estrategias utilizadas por sus compañeros y puedan aplicarlas a situaciones similares.

Y que el trabajo por proyectos, especialmente relevante para el aprendizaje por competencias, se basa en la propuesta de un plan de acción con el que se busca conseguir un determinado resultado práctico. Esta metodología pretende ayudar al alumnado a organizar su pensamiento favoreciendo en ellos la reflexión, la crítica, la elaboración de hipótesis y la tarea investigadora a través de un proceso en el que cada uno asume la responsabilidad de su aprendizaje, aplicando sus conocimientos y habilidades a proyectos reales. Se favorece, por tanto, un aprendizaje orientado a la acción en el que se integran varias áreas o materias: los estudiantes ponen en juego un conjunto amplio de conocimientos, habilidades o destrezas y actitudes personales, es decir, los elementos que integran las distintas competencias, pues, simplemente, a uno casi se le empiezan a saltar las lágrimas.

Y si, finalmente, cuando se es partidario de diseñar actividades y tarea, ponerse de acuerdo con el alumnado en cómo desarrollarlas, no tener que depender de los libros de texto ya que en Internet lo encontramos todo y estamos ayudando al alumnado a saber desenvolverse en la red y se lee también que la selección y uso de materiales y recursos didácticos constituye un aspecto esencial de la metodología. El profesorado debe implicarse en la elaboración y diseño de diferentes tipos de materiales, adaptados a los distintos niveles y a los diferentes estilos y ritmos de aprendizaje de los alumnos y alumnas, con el objeto de atender a la diversidad en el aula y personalizar los procesos de construcción de los aprendizajes. Se debe potenciar el uso de una variedad de materiales y recursos, considerando especialmente la integración de las Tecnologías de la Información y la Comunicación en el proceso de enseñanza-aprendizaje que permiten el acceso a recursos virtuales, pues ya a uno se le caen, directamente, dos buenos lagrimones.

Para terminar. ¿Se podrá llevar todo esto al aula, a la caja negra del sistema? ¿Se podrá “invertir” la LOMCE, o la visión negativa de la LOMCE? Mucho me temo que, entre la incertidumbre normativa, el trabajo que esto supondría, el cambio de mentalidad y de enfoque educativo que sería necesario y la tendencia conservadora  secular de la institución escolar, no se extenderá todo lo que algunos quisiéramos. Por desgracia, creo que los que estamos convencidos y ya hacemos todo esto lo seguiremos haciendo y los que no, seguirán igual. Si la norma no llega al aula, sólo sirve para dejar plasmadas buenas intenciones y, en el medio y largo plazo, perjudicar la formación de nuestros aprendices.

INVERTIR-LA-LOMCE-Magazine-INED21

Pero, desde luego, quien no lo haga no tendrá justificación social, educativa y normativa. Sólo, quizá, el lastre espeso y enorme de la costumbre.

Mientras tanto y después, yo seguiré, al cumplirla, invirtiendo la LOMCE. ¿Y tú?

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Licenciado en Geografía e Historia (año 1985), profesor de Secundaria desde 1987 y desde 2003 director del IES Virgen del Castillo de Lebrija. Sus intereses personales son la innovación educativa (PBL, Flipped Classroom, BYOD), la metodología 2.0, la organización escolar, el desarrollo de competencias básicas, la aplicación de las nuevas tecnologías y las redes sociales en el ámbito formativo y la preocupación por la institución escolar. Ha publicado dos libros y diversos artículos de demografía histórica y otros sobre temas educativos en Cuadernos de Pedagogía y Escuela Española.