Cuando un grupo de personas utilizan sus experiencias y habilidades para desarrollar un proyecto o solucionar un problema en común, hablamos de que se pone en marcha la inteligencia colectiva. La inteligencia colectiva es muy superior a la individual, por muy experto que sea alguien en algún tema, puesto que aúna la inteligencia de todo un grupo para conseguir el mismo objetivo. Además, es la forma más coherente de trabajar o afrontar cualquier reto si entendemos bien la ventaja de lo colectivo sobre lo individual. Y finalmente, la inteligencia colectiva cuenta con un aliado cada vez más fuerte y potente: Internet; y, si queremos concretar más, las redes sociales o sociables como afirma Dolors Reig.

Si hace unos años la capacidad de trabajar colaborativamente se reducía a un equipo local, en el que sus miembros se encontraban en una misma institución (laboratorio, universidad, etc.) o una misma localidad, la red de redes ha supuesto aumentar casi hasta el infinito esas posibilidades de colaboración y, por lo tanto, de desarrollo de la inteligencia colectiva. Seguramente, todos hemos pensado hasta aquí en investigación, pero todo esto puede abarcar, y de hecho, abarca asuntos tan importantes como la especulación, los mercados, la política, los movimientos sociales; y sólo hay que pensar en el 15-M o en la primavera árabe para terminar de convencernos.

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Si trasladamos este planteamiento al campo educativo, nos encontramos con que esas inmensas posibilidades de la inteligencia colectiva abren un abanico igualmente variado de afrontar los problemas y los proyectos educativos. Así, buscar soluciones a problemas organizativos o a los malos resultados académicos, diseñar proyectos de aprendizaje o actividades en general, serían mucho más fáciles de afrontar desde lo colectivo que desde iniciativas individuales o desde decisiones jerarquizadas. Y, por otra parte, si pensamos en esas ventajas para un centro o para el trabajo docente, imaginémosnos los beneficios que reportaría este planteamiento al aprendizaje del alumnado: solucionar problemas entre todos, resolver retos de aprendizaje, hacer investigaciones, crear y difundir contenido y conocimiento, crear estrategias de aprendizaje cooperativo y de resolución de problemas, etc., etc.

Bien, hasta aquí la justificación o el planteamiento de mi propuesta. Ahora vamos a ver un ejemplo extraordinario de este proceso colectivo.

Del 13 al 17 de julio se desarrolló, en la sede de la UIMP de Valencia, el curso ¡Flipped Classroom, vuelve tu clase del revés!, que tuve el honor de dirigir. En ese curso se produjeron dos claros ejemplos de lo que estamos analizando aquí: la inteligencia colectiva docente.

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El primer proceso se produce en el diseño y organización del curso. Un curso diseñado desde la red y en la red. Éramos ponentes de puntos tan alejados como Barcelona, Bilbao, Mérida, Valladolid, Lebrija, Vélez Málaga, Murcia, Almagro, Madrid, Sanlúcar, Guadalajara, Madrid y Úbeda. Pues a través de documentos colaborativos de Google Drive, de correos, de un grupo de WhatsApp y de algún Google Site de alguno de los subgrupos creados, montamos el curso. Y los asistentes destacaron en su valoración final lo bien organizado que estuvo el curso. Sólo hubo una reunión presencial casual en el EABE de Córdoba de cuatro de los ponentes que decidimos los temas. Después se los expusimos a los demás y aceptaron. Una vez decididos los temas y quiénes eran sus responsables, pasamos a una segunda parte en la que los miembros de cada uno de los cuatro temas (herramientas, diseño de actividades, trabajo cooperativo y evaluación) se pusieron de acuerdo, en la red, en cómo iban a tratarlo en el curso. Todo un ejemplo de inteligencia colectiva docente que consiguier0n su objetivo conectados, enredados y colaborando.

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El segundo proceso fue el desarrollado durante el propio curso que culminó en el diseño de varios proyectos de aprendizaje creados en el propio curso y para aplicarlos en el próximo curso 2015-2016. Con el bagaje que tenían, amplio y rico, y con lo que le habíamos aportado en el curso, en sólo dos horas salieron proyectos de aprendizaje desde cada área muy bien diseñados y listos para ponerse en marcha y, además, con posibilidades de convertirse en interdisciplinares.

Todo lo vivido en la preparación y en el desarrollo del curso me confirmó y me aseguró que si los docentes tuviéramos el tiempo y el espacio necesarios para diseñar nuestros proyectos de trabajo en las aulas, la Escuela, la Educación y el Aprendizaje cambiaría mucho y a mejor. Porque la inteligencia colectiva supera a la individual y porque es mejor trabajar juntos que cada uno por su lado. Y ese espacio y ese tiempo son mucho más flexibles y posibles estando conectados y enredados.

Os dejo esta infografía que resume algunos de los aspectos mencionados.

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Licenciado en Geografía e Historia (año 1985), profesor de Secundaria desde 1987 y desde 2003 director del IES Virgen del Castillo de Lebrija.
Sus intereses personales son la innovación educativa (PBL, Flipped Classroom, BYOD), la metodología 2.0, la organización escolar, el desarrollo de competencias básicas, la aplicación de las nuevas tecnologías y las redes sociales en el ámbito formativo y la preocupación por la institución escolar. Ha publicado dos libros y diversos artículos de demografía histórica y otros sobre temas educativos en Cuadernos de Pedagogía y Escuela Española.