Dos cuentos de Ignacio Aldecoa

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Análisis de “Santa Olaja de acero” y “Seguir de pobres”

Para realizar el análisis se parte de la recopilación Santa Olaja de acero y otras historias (1968).  A partir de la selección de los cuentos “Santa Olaja de acero” y “Seguir de pobres” se desglosarán aspectos temáticos y técnicos vinculados al realismo social.

El eje que enmarca ambos cuentos puede inscribirse dentro de la línea del mundo laboral analizada magistralmente por Aldecoa.  A través de la perspectiva testimonial, la voz narrativa inserta su propio subjetivismo derivado del compromiso con la realidad del momento.

En ambos cuentos se apreciará la presencia de esa objetividad impregnada de subjetivismo que se ubica dentro de la técnica behaviorista (Martín Nogales 516) y que entroncaría con el neorrealismo italiano (Fernández 122).

El “desvalimiento del hombre” y la “presencia de temas existenciales” (Martín Nogales 513) destaca en ambos relatos:  Se aprecia la   incomunicación social y la soledad, así como la injusticia y la servidumbre derivadas de las precarias condiciones laborales.

Tanto los cinco segadores de “Seguir de pobres” como Higinio en “Santa Olaja de acero” experimentan la responsabilidad laboral llevada al extremo (trabajar o morir de hambre, pero también enfrentar la muerte debido a unas pésimas condiciones laborales).

Véase, por ejemplo, cómo los segadores sufren el recelo de los niños que se acercan a ellos con miedo a ser secuestrados (Aldecoa 75); se sienten despreciados no sólo por el patrón (Martín) que busca obra de mano barata y eficaz (71), sino también por el propio médico que decide no darle importancia a la enfermedad de “el Quinto” (Pablo) empleando para ello una actitud clasista y autoritaria ( 73).

Solo encuentran resignación en la solidaridad forjada entre los cinco, tal y como puede apreciarse a lo largo del relato y, especialmente, en el conmovedor final.

De igual manera, Higinio, en “Santa Olaja de acero”, asume con ironía la pensión de viudedad que podría quedarle a su esposa al comprobar cómo se está jugando la vida en el tren (Aldecoa 23) y acepta con resignación el hastío de una cotidianeidad condenada a la ausencia de relaciones familiares: la estructura circular del cuento subraya esta idea, ya que Higinio abandona el hogar antes de que amanezca y regresa a él cuando su esposa ya se ha dormido.

Simbolismo

Al hilo de lo expuesto y en consonancia con el valor testimonial presente, una de los aspectos que sobresalen  en ambos cuentos es el simbolismo: desde el cartel publicitario de las Cajas de Ahorros (Aldecoa 67), ejemplo de un falso bienestar que contrasta duramente con la realidad melancólica de los segadores solos y muertos de hambre  en “Seguir de pobres”,  hasta «las letras doradas sobre  fondo rojo»  en la descripción de la locomotora  Santa Olaja-I ( 10), metáfora del contexto de posguerra en el que ha vencido el anacronismo.

Paradójicamente, la locomotora, personificada mediante el término “señora” (Aldecoa 10) y convertida en protagonista del relato, “morirá” justo después de que la pericia de los trabajadores haya logrado salvar vidas humanas.

El símbolo del tren y la estación, presente también en otros cuentos como Camino de limbo (1952), Solar de Paraíso (1953) o El silbo de la lechuza (1965), con todas las metáforas implícitas en las descripciones y tan del gusto de Aldecoa, adquiere en este un carácter esperanzador que pareciera vaticinar el fin de la dictadura franquista.

De igual manera, la expresión “Media España es de piedra” (Aldecoa 13), en boca de Higinio tras sortear los obstáculos dentro del tren, vendría a afianzar la crítica social expuesta por la voz narrativa sobre la situación del régimen dictatorial imperante en el momento.

ignacio aldecoa

El diálogo, como técnica idónea para expresar los temas existencialistas, adquirirá una especial relevancia dentro de ambos cuentos. Senabre destaca la “presencia de fórmulas populares” (152) y Martín Nogales alude a su valor como elemento para subrayar “el afán testimonial” (515).

En los dos cuentos analizados podemos identificar distintas finalidades: desde su uso para reforzar el carácter monótono de la vida en la conversación entre el sereno e Higinio en “Santa Olaja de acero” (Aldecoa 10), pasando por el carácter irónico y expresivo de la personificación “Tiene más pulmones que tú” (11).

También encontramos la clara alusión a las clases sociales mediante el término “señorín” (12), la referencia a las enfermedades derivadas del trabajo (13), la inclusión de la imaginería animal (Senabre 153) en la conversación entre Higinio y Mendaña (Aldecoa 13-14) o en el “silbo de pájaro” (70).

De igual manera, en ambos cuentos, a través de este recurso se destaca la dureza del oficio: “No hay dinero para pagar esto, hombre” (16) o “Es que tiene un hijo que dio en manías el año pasado de una soleada en las fincas” (71).

El diálogo también subraya la diferencia de clases: “Cuánto más ignorantes, más queréis saber. ¿Qué me vas a decir tú?” (Aldecoa 73).  Especial relevancia adquiere tanto el diálogo como el empleo del silencio en el tratamiento de la guerra y la cárcel mediante el personaje de Pablo (el Quinto de los segadores) en “Seguir de pobres”:

“Acabo de salir de la cárcel. ¿Qué dicen?” ( 69).

Y por supuesto está presente también en el tema de la movilidad geográfica:

“No se marcha la gente de su tierra porque estén buenos, ni porque la vida sea una delicia, ni porque los hijos tengan todo el pan que quieran” (71).

Además de la inserción de un agudo simbolismo y un acertado uso del diálogo, con respecto a las diversas técnicas narrativas que entroncan con la temática existencialista planteada, se aprecia esa búsqueda de objetividad que estaría a caballo entre el neorrealismo (Fernández 122) y el realismo social.

Lirismo subjetivo

En ambos cuentos destaca el fragmentarismo y la inclusión del “lirismo subjetivo”. En “Seguir de pobres”, la secuencia cinematográfica del cartel publicitario que abre el cuento (Aldecoa 67) es secundada de manera inmediata y en claro contraste por esa “tormenta de melancolía” constituida por los cinco segadores (67). Destaca también la técnica del claroscuro presente en la secuencia inicial de “Santa Olaja de acero” ( 9).

La voz narrativa ancla ambos textos literarios mediante coordenadas espacio-temporales: En “Seguir de pobres”, se sitúa al lector en mayo a través de la imaginería que evoca la naturaleza y en la que adquiere relevancia la figura de la personificación:

“La lombriz enloquece buscando sus penúltimos agujeros de las noches (…) como una señorita” (Aldecoa 67).

Frente a esta naturaleza que, tanto de manera simbólica como explícita, representa la vida, se alza “la cuadrilla de la siega” vinculada al mundo del asfalto, de la ciudad. De igual manera, en “Santa Olaja de acero”, la voz narrativa sitúa el relato antes del amanecer para después hacerlo transitar por la metáfora de una estación sombría, solitaria, húmeda y nocturna.

El tema de la conciencia social y la solidaridad unido a la inclusión del canto en “Seguir de pobres” serán aspectos destacados por la voz narrativa para dotar de lirismo la soledad y el hambre de estos trabajadores: “Con pan y vino se anda camino cuando se está hecho a andarlo”, “Con mala manta hay buen cobijo” (Aldecoa 68) o “de la bota del pobre se bebe poco y con mucha precaución” (69). El aspecto de la diferencia de clases queda reforzado con la canción de Zito que da título al cuento:

“Al marchar a la siega/ entran rencores/ trabajar para ricos/ seguir de pobres”.  (72).

De igual manera se aprecia la cosificación sufrida por los trabajadores en la cara de Higinio en “Santa Olaja de acero” (Aldecoa 16) y la animalización de su compañero: “tos bronca, de perro atragantado” (17). La descripción del túnel en este mismo cuento acentúa la presencia constante de la muerte y contribuye a generar una atmósfera turbulenta mediante términos claramente evocadores: “ruido, humo, oscuridad, tinieblas, desazón, rostros fosilizados…” (Aldecoa 17).  En la misma línea se sitúa la descripción de la estación:

“Ya era de noche. La estación nucleaba una gran masa oscura de indecisos reflejos en las cristaleras. Llovía tenue y persistentemente. Los andenes, mojados por la lluvia, eran doblemente negros, de un negro profundo, sereno, ocular, donde los faroles hacían un reguero anaranjado de luz triste” (21-22).

El poder evocador del silencio también está recreado desde la perspectiva del lirismo en “Seguir de pobres”. Véase cómo, para referirse a la cárcel, la voz narrativa expresa: “de donde los hombres se muerden los dedos, lloran y es inútil” (Aldecoa 68).  En este sentido cabe destacar el poder de la anáfora para acentuar la importancia del silencio y dotar a Pablo, el quinto compañero que acababa de salir de prisión, del protagonismo que requiere dentro del relato:

«Callan hasta que otro repita la historia con escasas variantes. Callan hasta que se dan cuenta de que hay un ser de silencios y sombras con ellos, uno que ha dicho sí y no poca cosa más» (70).

De igual manera, en “Santa Olaja de acero”, se alude a la poca conversación del dueño del bar donde desayunaban los maquinistas (10) y el cuento se cierra con el silencio de Higinio sobre lo ocurrido en la estación (25).


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El eco lírico   impregna el tema de la enfermedad laboral en “Seguir de pobres”: Véase la expresión “la coz del viento” (Aldecoa 70).  Además, para recrear la atmósfera asfixiante que envuelve a los trabajadores, la voz narrativa realiza un guiño a Rulfo y a su obra El llano en llamas: “En el fondo del llano una boca invisible alentaba un llano en llamas” ( 72).

Y ese mismo lirismo también estará presente en la manera en la que los compañeros cuidan a Pablo en su enfermedad, así como en el emotivo final en el que se comparte el dinero obtenido. El cuento se cierra de manera lírica también mediante la evocación del canto de Zito.

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Conclusión

Como conclusión, los dos cuentos reflejan el universo de Aldecoa en cuanto a temas, simbolismo y técnicas. Podría atisbarse en el retrato cinematográfico de ambos un carácter esperanzador representado mediante la muerte de Olaja (símbolo del régimen franquista) y, paradójicamente, en la libertad que, según la óptica de Aldecoa, destilan los segadores en “Seguir de pobres”:

“No poseen con la brutal terquedad de los afortunados y hasta parece que han olvidado en los rincones de la memoria los posesivos débiles de la vida. Están libres” (Aldecoa 70).


N. del  E.: Análisis de “Santa Olaja de acero” y “Seguir de pobres” es un trabajo realizado por Ángela María Ramos Nieto para el módulo de la doctora Jessica Cáliz Montes en el Máster de Estudios Avanzados en Literatura Española e Hispanoamericana.


Bibliografía

Aldecoa, Ignacio. Santa Olaja de acero y otras historias. Madrid: Alianza Editorial, 1968.

Fernández, Luis Miguel. “El tratamiento cinematográfico en la literatura del neorrealismo español”. 1616: Anuario de la Sociedad Española de Literatura General y Comparada, Vol. VIII (1990): 121-129.

Martín Nogales, José Luis. “Ignacio Aldecoa”. Historia y crítica de la literatura española. Vol. 8, T. 2: Época contemporánea, 1939-1975: primer suplemento. Francisco Rico, coord.; Santos Sanz Villanueva, dir. Barcelona: Crítica, 1999. 513-516.

Senabre, Ricardo. “La obra narrativa de Ignacio Aldecoa”. Novelistas españoles de postguerra. 1. Rodolfo Cardona, ed. Madrid: Taurus, 1976. 143153.

Llanos de los Reyes, Manuel. “Ignacio Aldecoa, escritor de cuentos”. Monteagudo: Revista de literatura española, hispanoamericana y teoría de la literatura, 78 (1982): 19-23.

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