En el desempeño de vivir y de educar, cuestión muy presente en esta magazine, necesitamos como referentes buenos modelos ideológicos que nos encaucen y nos permitan transitar por ambas esferas de la mejor manera posible.

Buscando en el fondo de armario de esta web y enlazando con el doble desempeño comentado, se me ocurren, entre muchos, estos tres enlaces:

1. Una tarde con Zygmunt Bauman, uno de los pensadores que mejor ha sintetizado las paradojas ocultas con las que la sociedad actual convive, paradojas que arrancan en fechas trascendentales del siglo XX, aquéllas que el propio Bauman vive en su propia carne…

2. Una tarde con Howard Gardner, un autor que desde la psicología ha sabido aunar sentido común y ciencia, con unas poderosas ramificaciones en educación; en definitiva, un sabio de nuestro tiempo que bien recuerda a los de la época clásica, aquellos del ágora que siempre estaban dispuestos al intercambio de opiniones que hacían que su propia teoría saliera enriquecida.

3. La alegría de vivir, camino hacia la felicidad,  un tema enormemente trascendente en el que todos nos  jugamos demasiado y que, con excesiva frecuencia, no es el guión sobre el que basamos conocimiento teórico; aquí van unas buenas dosis de teoría al respecto para aferrarse a la lucha por la misma a diario.

Los tres enlaces citados no son para leer de una sentada, sino para saborear a lo largo el tiempo y degustar sus matices en diversas sesiones. Son entradas para seleccionar, para trabajar de manera que todo nuestro ser salga fortalecido desde su profundo conocimiento. Son, qué duda cabe, artículos en los que discurre la vida y la educación de una forma bien significativa.

Ahondando en esos modelos, y a la espera de la posibilidad de poder pasar una tarde en persona con  el autor al que hoy voy a hacer referencia (que conste: me postulo como entrevistador del mismo), me parece interesante traer a colación un manual, un ensayo, un escrito de muy largo recorrido, en el que los dos ámbitos referidos anteriormente, vivir y educar, se entrelazan de una forma muy poderosa.

Me refiero a la obra que Yuval Hara Harari escribió hace unos años y que se intitula Sapiens, de animales a dioses.

Se trata de una obra que ha tenido alcance de lectura planetaria y que cuenta con lectores de intenso impacto, como bien pudieran ser Barack Obama, Mark zuckerberg o Bill Gates.

A lo largo de su extenso catálogo de páginas, encontramos una suerte de metahistoria, un análisis de todo el recorrido que la especie sapiens ha tenido en su historia, ya dilatada; quizás, su gran mérito estriba en el hecho de que esa propuesta tan ambiciosa se ha mostrado al público de forma amena, bien escrita y con un enfoque erudito pero asequible, con numerosas y esmeradas citas a obras científicas que sirven para ahondar en el camino que se nos abre. Bravo por él.

Considero que el libro participa de una mirada educativa muy interesante: el autor recalca en más de una ocasión cómo la cooperación y la imaginación han sido locomotoras que han protagonizado el cambio de esa metáfora que nos ha llevado de animales a dioses; han sido las máximas que han posibilitado pasar del deambular por la selva, colgados de los árboles, a caminar, con pequeños –pero firmes– pasos, por la luna, anhelo de generaciones y generaciones. Y lo que aún está por venir…

En ese sentido, incluso contando con la normativa en la mano, sabemos que se da un papel enormemente relevante a la cooperación, a través de estructuras cooperativas, y a la imaginación, con metodologías tan trascendentales en el aula como el trabajo por proyectos.

También sabemos, por los numerosos testimonios que a diario podemos constatar, que, toda vez que estas dos esferas educativas entran en escena, los profesionales que las aplican no quieren dar marcha atrás en su puesta en escena en el aula.

Sobre el aprendizaje cooperativo conocemos, no solo por los testimonios de la obra en cuestión, que ha sido fundamental. No obstante, y sin ser excesivamente pesimistas, en el aula pasa desapercibido, aunque con excepciones cada vez más numerosas.

Es realmente impactante identificar hasta qué punto la sociedad individualista actual, que tanto sanciona el hedonismo, quintaesenciado en la cultura superficial del selfie, se ha colado en la vida de las aulas, del profesorado y de las familias, todos estos agentes en los que siempre prima la cultura de la imposición sobre el resto a la cultura del sumemos todos conjuntamente.

Para quien quiera empezar a dar pasos en este camino recomendamos los siguientes enlaces:

Los dos primeros suponen una enjundiosa introducción al tema, mientras que el tercero es todo un curso en el que podemos aprehender a la perfección cómo iniciarlo e implantarlo en nuestra aula.

En cuanto a la imaginación, cómo no recordar a sir Ken Robinson y su magna charla Ted, la más vista hasta ahora de la plataforma, y que supone un antes y un después en el tratamiento de la creatividad en el aula. Sin duda, una charla que es obligada para cualquier docente en los tiempos que corren.

Junto a esta charla estaría bien leer algunas de sus obras, como bien pudieran ser El elemento o Escuelas creativas.

Sin duda, la apuesta es por la imaginación entendida como creatividad, como margen para usar la inteligencia aportando soluciones versátiles a nuestros problemas del día a día, de modo que, desde el conocimiento teórico, podamos llegar a esas soluciones versátiles e inesperadas.

Confieso que tengo pendiente de leer la segunda pieza de Harari; quizá, haya suerte y la lea cuando deba entrevistarlo para el Magazine…

Disfruten de la lectura de esta magna obra, bien laureada y merecidamente lanzada al estrellato de la fama en los tiempos actuales; disfruten de sus aplicaciones para el aula, disfruten de continuar la senda adecuada que nos ha constituido en la especie que bien pudiera  gobernar sistemas planetarios

Disfruten, en definitiva, de la mayor herencia que la Humanidad puede sostener desde el pasado, desde la tribu recolectora, al futuro, la aldea global, anclados en  el presente, pisando con serenidad en el aquí y el ahora

A pesar de todas sus incertidumbres