EXPERTOS EN TODO

Profesorado multifunción o centros bien dotados

Mikel Alvira

(A partir del planteamiento de Ana Gómez, educadora, profesora, experta, cabal)

Visto lo visto, mi propuesta es que nos planteemos muy seriamente cuál es el papel del docente. Que su función no es la de transmitir conocimientos está claro. Que ha de acompañar para conseguir que la información se destile y termine por convertirse en ese conocimiento es evidente. Que ya no es el poseedor mesiánico de la sabiduría sino el facilitador del desarrollo de competencias, obvio. Y que en el nuevo paradigma las nuevas tecnologías y los entornos virtuales de aprendizaje van a generar escenarios más ricos, más estimulantes y más flexibles, es algo imparable.

ALGO IMPARABLE

Así que no, una máquina no va a sustituir al profesor. No hay plataforma, moodle o blog que vaya a quitar de en medio a la persona. En primer lugar, porque siempre habrá de existir quien diseñe, programe, evalúe y actualice esas herramientas digitales. En segundo lugar, porque hay aspectos del acompañamiento que nunca podrá hacer la SIRI de turno, como la empatía, el tacto, la atención a la individualidad, el guiño…

Recordemos que la calidad sin calidez no es calidad. Por último, porque la Escuela como institución ha sido obligada a asumir unas serie de responsabilidades que tienen más que ver con las relaciones humanas que con el proceso de la información. Quiero decir, funciones más relacionadas con la gestión de personas y emociones que con las unidades didácticas, la adquisición de destrezas o los informes PISA. De eso hablan las competencias y hacia eso habrá que caminar. Por consiguiente, el papel del docente es ya otro.

Lo que hay que preguntarse es si un docente puede y sabe asumir esas responsabilidades. No es exagerado decir que un profesor tiene que saber de psicología evolutiva, mediación, resolución de conflictos, gestión de dependencias, análisis de sociogramas, diseño de actuaciones de refuerzo de la autoestima, comunicación verbal y no verbal, tutorización, terapia familiar, procesos de luto…

La calidad sin calidez

no es calidad

La sociedad ha delegado en la Escuela, y por ende en los docentes, una serie de  cuestiones que tienen más que ver con otros perfiles profesionales que con el tradicional perfil de profesor. Es cierto que éste ha de cambiar (y de hecho está cambiando), y es cierto que son muchos, la mayoría, los que han desplazado la tiza y han asumido ese nuevo rol.

Pero tampoco es menos cierto que con frecuencia el docente se ve superado por la cantidad de casos que ha de abordar y que tienen poco que ver con lo que ha adquirido en su formación, con lo que se ha tenido en cuenta en su contratación y con lo que luego se le exige en programaciones, currículos y pruebas externa.

NUEVAS FIGURAS

¿Exagero? Sabemos que no. A sus competencias como docente, siempre pendientes del último BOE o de la última ley educativa, se unen sus destrezas como experto en TICs, su capacidad para discernir lo que quiere exactamente el inspector educativo de turno, su habilidad con la digitalización y su resiliencia ante la vorágine burocrática.

Así que quizás sea hora de plantearse que en los centros escolares necesitamos nuevas figuras cuya función no sea exactamente la docencia pero sí la gestión de lo humano desde una especialización.

Y no porque el docente no tenga capacidad para hacerlo, sino porque, tal vez, ni sea su función, ni tenga las herramientas, ni cuente con tiempo o con momentos de reflexión. O quizás porque desde alguien ajeno a la docencia pueda actuarse con otra perspectiva, sumando y aportando. O porque un especialista siempre va a ofrecer una visión desde su experturía.

…sus competencias como docente,

siempre pendientes del último BOE

¿Y si contemplamos que en un colegio, junto con el docente, haya otras figuras que colaboren en el trabajo de desarrollar las inteligencias? ¿Y si tenemos personas cualificadas que trabajen codo con codo junto al docente en la resolución de conflictos, la mediación, la detección y tratamiento de dependencias, las terapias familiares y los casos que precisan actuaciones especiales? ¿Y si quitamos peso a los currículos y entendemos que el desarrollo de una persona ha de abordarse desde distintos flancos y, por consiguiente, con distintos especialistas, esos que hasta ahora no tienen cabida en un colegio?

Sí, hay PTs y orientadores, pero todos sabemos que no son suficientes. ¿Por qué no educadores sociales? ¿Y mediadores? ¿Y expertos en dinámica de grupo o en procesos familiares? ¿Por qué no profesionales para la resolución de conflictos o para el diseño de tutorizaciones individuales? ¿Por qué no psicólogos, terapeutas o, si quieres el anglicismo, coaches? ¿Por qué no profesionales de la relación, de la emoción y la transformación? ¿Por qué no mentores?

NAVAJA SUIZA

Imagino la respuestas. Porque el profesorado puede con todo. Porque se nos llena la boca con competencias y educación integral pero seguimos subyugados por pruebas externas de corte conceptual. Porque quejarse es de débiles. Porque el cliente siempre tiene la razón. Porque parecería querer reducir profesores para sustituirlos por otros perfiles y laboralmente sería un cataclismo. Porque no hay dinero. Porque no hay nada que no solucione una receta extraída de una revista dominical o un paseo por Google. Porque para eso el profe tiene muchas vacaciones. Porque los problemas que surgen son cosas de niños. Porque hemos cambiado el papeleo pero no hemos cambiado la mentalidad. Porque no hay voluntad. Porque no hay sensibilidad.

No hay plataforma, moodle o blog que vaya a

quitar de en medio a la persona

O quizás porque el docente haya de ser la navaja suiza que solucione los problemas de una sociedad desorientada en la que la pérdida de referentes hace que todo se magnifique, todo se desvirtúe y todo recaiga en la Escuela.

Compartir
POST ANTERIORPISA: NI PESIMISMO, NI NEGACIÓN, PERO…
SIGUIENTE POSTRÚBRICAS DE EVALUACIÓN DE COMPETENCIAS-2

Tiene una trayectoria de más de veinte años en órganos de gestión, dirección y decisión, pero, sobre todo, con una opción personal decidida por la educación al margen de lo educativo. Eso es lo que él llama educación divergente.
Crítico con el sistema educativo actual y con los principios metodológicos habituales, aboga por la educación entendida como acompañamiento, superando la mera instrucción y militando la inclusión, la emoción y los vínculos como marcos imprescindibles para educar. En colegios, sí; en aulas, sí; en la realidad que tenemos, sí. Pero con otras claves.
Licenciado en Historia por la Universidad de Deusto, ha impartido clases en esta misma institución durante trece años, tanto en Filosofía y Letras como en el Instituto de Estudios de Ocio, en equipos de docencia y con alumnado de diferentes edades, sensibilidades y procedencias, como reflejan su paso por CIDE (alumnos de universidades de USA). Asimismo, lleva casi veinticinco años como profesor en Enseñanzas Medias, desarrollando su labor como docente en Bachillerato y ESO, así como en Proyectos de Refuerzo Educativo Específico y Diversificación Curricular, además de ocupar puestos de responsabilidad en Dirección. Formado en innovación metodológica, lleva varios años colaborando activamente con Innovación Educativa del Gobierno Vasco (Berritzegune), con la agencia vasca de calidad Euskalit (en donde ha sido evaluador en procesos de gestión integral) y con centros educativos en los que requieren su asesoría.
Alvira cree en los vínculos como herramienta educativa, entendiendo que el currículo es la excusa para ayudar a cada alumno a desarrollar sus capacidades. Habitual de foros, cursos y encuentros, el valor añadido de Alvira es su capacidad para comunicar, reconocido como orador, su fuerza está en la pasión con la que transmite, algo que queda igualmente patente en su faceta como escritor, con varios best-sellers en su haber y su reciente “La Novela de Rebeca” (Ediciones-B) presente en España y Latinoamérica.