En el proceso de enseñanza aprendizaje, la evaluación tiene un protagonismo y aspecto central que marca discusiones, deliberaciones y debates pedagógicos desde los inicios mismos del aprendizaje.

Hoy, en este siglo XXI,

estamos de camino hacia un nuevo paradigma educativo

EN MATERIA DE EVALUACIÓN

Hay que crear y formar profesionales que puedan gestionar de manera satisfactoria la necesidad de evaluar, para que dicha necesidad forme parte del aprendizaje y no un camino hacia el fracaso –como muchas veces se la presenta–.

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La evaluación es una parte intrínseca de toda acción racional en todo aprendizaje, no debe ser un concepto híbrido. Es un concepto permanente, consciente, que genera crecimiento para y por la adquisición de los aprendizajes; no es un complemento o un agregado del proceso de enseñanza y aprendizaje; y, aún menos, en el tema de la educación; que sirve de marco para conocer, mejorar y seguir avanzando. Por lo tanto, este concepto adquiere mayor relevancia tratándose de la actividad educativa.

En el ámbito del aula escolar, el aprendizaje pasó de la enseñanza concentrada en el maestro, carácter netamente decimonónico, al aprendizaje centrado en el estudiante. Es importante que la práctica educativa se retroalimente de cada concepto adquirido: eso es avanzar; por eso, debe ser indisoluble su práctica áulica para que ofrezca una retroalimentación positiva, que fortalezca la autoestima y la empatía entre docentes y alumnos.

Podemos definir evaluación como: ‘proceso por medio del cual los docentes buscamos indagar en diferentes fuentes y formas de aprendizaje para llegar a un juicio de valor sobre el alumno, nuestra propia practica o el sistema de enseñanza, en general, sobre los conceptos impartidos en las clases’.

La evaluación NO debe ser

un acto administrativo,

Hay una nueva concepción de la evaluación, que debe suponer un cambio de mentalidad en la relación profesor-alumno. Esto se relaciona con el aprendizaje diario que integra la evaluación como parte de la nuevo modelo de “situación de aprendizaje”; no como el cuco que provoca, hasta malestares físicos y psicológicos, como ocurría en mis tiempos de estudiante, cuando el sistema educativo se basaba en una concepción enciclopedista.

La evaluación expande la mente. Lleva el propio conocimiento y el de los demás a un “más allá”, que quizás, luego, nos sorprendamos de nuestros propios logros. Ese es el fin de la educación: no tener un “techo educativo”.

La idea que me hago es que, si queremos ser los mejores enseñando –creo que nadie contestaría que no–, debemos observar a quién es mejor enseñando, o retroalimentándonos de las experiencias de nuestros compañeros docentes. De todos aprendemos.

La educación

NO se hace en soledad

Aunque a veces los profesores podemos no estar de acuerdo en alguna modalidad evaluativa, se puede sugerir que se escoja lo que a criterios de los alumnos son las mejores prácticas docentes para ellos. De esta forma, se puede presentar y compartir su aprendizaje en una construcción grupal, haciendo colaborativamente bloques de conocimientos integrados, organizados cronológicamente con otras/os docentes.

La retroalimentación evaluativa debe referirse a un proceso de comunicación y ajuste de resultados, por eso, originalmente, la retroalimentación es un concepto de la teoría de sistemas que se aplicó a innumerables dominios de la ciencia, la tecnología y la industria (cibernética, ingeniería, economía, biología entre las más importantes).

La retroalimentación tiene la capacidad de influir en el aprendizaje, nos muestra una radiografía del aula, media en el aula. Por eso sostengo, como lo sostiene Rebeca Anijovich (2010)

“una clave para construir la evaluación como herramienta potente para la enseñanza y el aprendizaje implica fortalecer la retroalimentación, es decir, la devolución que realiza un otro (ya sea el docente u otros compañeros, en la medida que estén preparados para hacerlo), sobre las propias producciones pero la simple entrega de un resultado no conduce necesariamente a una mejora”;

para eso, tengo que tener en claro adónde estoy tratando de llegar, partiendo desde donde estoy en el aula, conocer las fortalezas y debilidades mías y de mis alumnos.

Suele decirse que los alumnos no saben escuchar, ni tomar apuntes, que no interpretan consignas, que tienen dificultades para organizarse y trabajar en grupos, que copian y pegan información desde internet sin discriminar su validez, etcétera.

Debemos tener claro que, con la evaluación, debemos, luego, modificar nuestras estrategias en el aula. La respuesta es independiente del nivel educativo que se considere. Todos los docentes deseamos que nuestros alumnos sean capaces de comprender, integrar y aplicar lo que les enseñamos. Para lograr que esto sea una constante hay que tener en claro, en los objetivos educativos, la posibilidad de brindar espacios evaluativos instantáneos, diarios. Que se permita a los alumnos que compartan, entre sí, la información y la toma de decisiones de lo que ha de incluirse en el contexto expositivo, dialógico, visual, etc.

Todo tiene que tender

a un aprendizaje colaborativo

y la evaluación no debe ser la excepción.

Hoy en día, está totalmente descartada aquella evaluación que sólo se ejecuta una vez que haya concluido el proceso de enseñanza-aprendizaje, este no termina nunca, solo se cierran ciclos educativos de aprendizaje.

Con todo lo antedicho debemos reconocer que la evaluación debe estar presente desde que se inicia el proceso de aprendizaje hasta su término, incluso en algunos casos antes de él.

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En este sentido, es importante destacar que para lograr una eficaz evaluación hay que lograr conocer a mayor cabalidad a los alumnos, la evaluación debe contribuir arrojando información desde el inicio del proceso de aprendizaje hasta el término de ellos en un programa determinado.

La evaluación no debe ser el paso final de un tema educativo, no, es solo un paso más, una manera de aprender, es parte intrínseca del aprendizaje; lo que da sentido a la educación que queremos.

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  • Hola, para matizar un poco el tema de la evaluación. Sinceramente es la parte final del proceso? Es la parte final si es visto de la forma decimonónica adquirida a lo largos de los años y que, increíblemente, sigue manteniendo aunque el resto del proceso, la sociedad y todo lo relacionado con la educación en esos tiempos tan revueltos significa.
    Creo sinceramente que la evaluación es simplemente un paso más en la reformulación del proceso, es decir, si se realizan elementos “para conocer el estado” de las experiencias aprendizaje que se estén llevando a cabo, pueden aportarnos evidencias que deberían servir para recolocar, para reconducir, para observar qué nos dejamos fuera, que debemos modificar, repensar y rehacer, entonces si. Evaluación como punto final: NO
    Y mientras pensemos que es el punto final, poco habremos entendido qué significa el nuevo paradigma que significa vivir en este momento de la historia y las posibilidades de aprendizaje que tenemos ante nosotros.