INTELIGENCIA Y EDUCACIÓN

¿Es la especie humana inteligente? Quizás la pregunta se vea un tanto extraña porque pareciera que de suyo asumimos que el homo sapiens es naturalmente sapiens. Avalan la sapiencia humana el habernos erigido por sobre todas las demás especies del planeta a través del lenguaje, la convivencia social y la tecnología, entre otras de tantas habilidades nuestras.

Baste pensar que —aun en el supuesto de que estuviésemos completamente solos en el universo—, el hecho de estar enviando naves a diversos lugares del cosmos significa que nuestra inteligencia se está expandiendo a los confines de planetas, estrellas y galaxias, lo que en definitiva significa, más allá de la expansión de esta, nuestra inteligencia, que la Tierra misma es una entidad viva y pensante y que el universo está comenzando a razonar por sí mismo, por tanto, desde este punto de vista, nuestro planeta sería una especie de neurona que está comenzando a realizar sinapsis con cada punto que conquistemos, y ello hasta que —ahora en el probable acontecimiento de que haya otras formas de vida inteligente—, hagamos precisamente sinapsis con esas otras gnosis.

Esto sería la confirmación de que el universo también comienza a tener inteligencia propia y autónoma desde nuestra propia inteligencia, la de la especie humana. Esta reduccionista gráfica de nuestra sapiencia y sus alcances se ve alentadora y motivante.

Nos alza hacia ese petit dieu de la audaz pluma de Leibniz y tan bien desarrollada por Ortega y Gasset donde el ser humano es creador y transformador y que a través de su imaginación, inteligencia y libertad inventa y re-inventa nuevos mundos.

Nuestro planeta sería una especie de neurona que

está comenzando a realizar sinapsis

Pero esta bonachona visión del homo sapiens un tanto o bastante roussoniana, se contrapone perversamente con el petit diable de Nicolás Maquiavelo, desde donde el Hombre es malo por naturaleza. Este particular petit diable maquiavélico es en esencia depredador, y no sólo por satisfacer sus necesidades básicas, sino potencialmente por la conquista del poder, por ello, entonces, este depredador, no es únicamente territorial sino también expansionista, colonialista y tirano de sus propios pares.

Vemos con tristeza una histórica y presente realidad en la que este hombre —ahora ya no tan sapiens—, explota, asesina, genera guerras, llegando a ser capaz incluso de destruir su propio hábitat con tal de satisfacer sus egoístas intereses. Es así que hoy también convivimos en una humanidad que se desangra en hambruna, pobreza, enfermedades y falta de oportunidades para millones de seres humanos —especialmente en África, Asia y América Latina—, ante la desidia e indiferencia de las sociedades más desarrolladas y que deben precisamente su desarrollo a la explotación de los recursos naturales de las regiones antiguamente conquistadas y colonizadas y hoy sometidas cultural y económicamente.

Este particular petit diable maquiavélico

es en esencia depredador

UNA FORMA DE VIRUS

Desde esta perspectiva, la especie humana es una forma de virus, pero no un virus cualquiera que intenta sobrevivir propagándose infectando todo a su paso, sino un virus letal que es capaz de liquidar a sus propios pares con el fin de conseguir sus propósitos: sobrevivir y dominar, aunque en una paranoica contradicción, pues su sobrevivencia es en base a la inmolación de iguales, por tanto de sí mismo.

Es en este punto donde el homo sapiens, ese petit dieu, es un hombre inteligente y bueno y por otra parte, el petit diable de Maquiavelo es un hombre inteligentemente maldadoso. En ambos casos pareciera perdurar la inteligencia como característica esencial a la condición humana.

Pero estas visiones —la de Rousseau y la de Maquiavelo—, son sólo visiones culturales que intentan explicar la naturaleza humana desde perspectivas temporales y de expectativas de cada uno de sus autores, y que por la misma razón han perdurado en las diversas sociedades, precisamente por su facilidad de acomodarse a los intereses que cada hombre, comunidad o sociedad tenga respecto de sus expectativas e intereses.

PUNTO AZUL PÁLIDO DEL UNIVERSO

Algunos tomarán la bandera roussoniana y otros la maquiavélica, según sea la que más justifica sus actos e intereses. No obstante ello, si tomamos una posición más externa, una especia de mirada desde las alturas, una mirada que nos permita precisamente una visión general del comportamiento humano y apreciamos que esta especie de vida, ubicada en un insignificante punto azul pálido del universo (Carl Sagan), se depreda a sí misma en guerras insensatas, con fronteras y límites incomprensibles, que se aniquilan unos a otros en nombre de un mismo dios (con minúscula porque el hombre lo ha cosificado para su utilidad), donde unos se pasean por el universo en sendas naves de alta tecnología y otros se mueren de hambre y de abandono; donde algunos producen armas de destrucción masiva que aniquilarían al planeta entero en un abrir y cerrar de ojos, mientras otros atienden a enfermos y desvalidos; donde unos se pasean en galerías de arte admirando la belleza del pensar y del hacer y otros decapitan o vuelan en pedazos a los que no piensan como ellos; donde unos luchan por la preservación de las especies menores y trabajan por el cuidado del medioambiente, mientras otros disparan misiles mortales o desparraman a sus propios pares gases venenosos, o donde los unos elevan a niveles espirituales el arte de amar y otros son capaces de ultimar a la propia compañera que engendró a sus hijos… es que podemos concluir, desde esta mirada de altura, al menos, que no estamos frente a una especie ni roussoniana ni inteligente, quizás maquiavélica desde la perspectiva moral, pero con el agregado de que:

Una especie viviente que tampoco tiene moral consigo misma

no es ni puede ser inteligente

El mismísimo Descartes pecó de ingenuidad cuando planteó su argumento gnoseológico de la prueba de la existencia de Dios al afirmar que el hombre, por su condición de ser imperfecto, no podía concebir una idea perfecta, por tanto, esta idea perfecta era externa, puesta en nosotros por el mismo Dios, lo que probaba su existencia.

El acierto-desacierto cartesiano es definir al hombre como un ser imperfecto, pero los graves errores del filósofo francés radican en presumir que Dios pondría su idea en un ser imperfecto y que este mismo ser es imperfecto por naturaleza, tan desvalido de razón, que habría que ponerle ideas desde fuera para que tuviese alguna posibilidad de salvarse y de evolucionar como especie.

LA POTENCIA ES POSIBILIDAD

A fin de cuentas, el hombre no es ni roussoniano, ni maquiavélico ni cartesiano, es decir, ni bueno, ni malo, ni imperfecto per se, puesto que —al menos, algunos—, aprenden a lo largo de sus vidas a ser buenos, malos o inteligentes, evidenciando una capacidad natural de perfeccionarse a sí mismos (con o sin la ayuda de otros), lo que prueba precisamente que ningún hombre es malo por naturaleza, bueno por naturaleza o inteligente por naturaleza, sino que posee capacidades —estas si, naturales—, que le permiten perfeccionarse aprendiendo. Parodiando a los mismos pensadores citados, afirmaremos entonces que “l’homme est perfectible par nature”, el hombre es perfectible por naturaleza, o, lo que es lo mismo, “Humanae naturae, perfectibilis”, la naturaleza humana es perfectible.

Ahora bien, que afirmemos que el hombre es perfectible por naturaleza no significa que sea inteligente sin más. El hombre sólo es potencialmente inteligente y lo es precisamente por su capacidad de perfectibilidad, es decir, es su natural capacidad de perfectibilidad la que le permite desarrollar su inteligencia, su bondad…, o su maldad.

Así las cosas, el hombre es potencialmente bueno, malo o inteligente. Agreguemos algunos datos más. La potencia es posibilidad. Es posible, gracias a la capacidad de perfectibilidad, que el hombre sea bueno e inteligente. Si el hombre lograse ser bueno e inteligente, ya no lo sería en potencia sino en acto, así, el hombre sería realmente bueno e inteligente.

De este modo, podemos preguntarnos qué es aquello que, en el hombre, haría que su capacidad natural de perfectibilidad desarrollase su bondad e inteligencia en potencia a una bondad e inteligencia en acto: sin duda alguna que es el aprendizaje.

Podemos asegurar de aquí en adelante que todo hombre es perfectible por naturaleza a través del aprendizaje, y más específicamente todavía, que todo hombre posee la capacidad natural de aprender. Dicho sea de paso, es esta perfectibilidad la que permite al hombre intuir la idea de Dios o la idea de la perfección (lo que no significa que Dios exista).

Pero, a pesar de que el aprendizaje —a través de la educación familiar, formal y social-, parece ser la herramienta adecuada para que el hombre desarrolle -gracias a la capacidad natural de perfectibilidad—, su inteligencia en potencia a una inteligencia en acto, ya vimos que la especie humana nos arroja que solamente ciertos grupos —científicos, artistas, políticos, religiosos, empresarios, trabajadores y gente común—, aprende y desarrolla su inteligencia en tanto que otros no lo hacen por diversas razones y que, lamentablemente estos últimos, conforman una gran mayoría. Peor aún, grandes líderes de todos los ámbitos —económicos, políticos, religiosos, sociales—, evidencian ser muy poco inteligentes y además con una moralidad perversa y maquiavélica, lo que, en definitiva, nos ha llevado a participar en el presente de una especie humana autodepredadora, y por la misma razón a un tris de autoaniquilarnos.

LA EDUCACIÓN

La más obvia de las soluciones es

la educación

Y aparecen discursos muy populistas y academicistas acerca de mejorar la calidad de la educación en las diversas naciones y sociedades, así como también propuestas muy válidas y concienzudas desde intelectuales e instituciones serias y pre-ocupadas del asunto.

Pero a nosotros nos aparecen sospechosas preguntas al respecto. Si es la educación la que modela al individuo…, si la educación se masificó desde la época victoriana…, si en casi todas las naciones la educación es un bien social y necesario… ¿Por qué, tras siglos de sistemas educativos, la especie humana –en su condición de humanidad-, nos parece poco inteligente, con grandes masas ignorantes y con líderes mundiales a punto de autodestruirnos? ¿Es que acaso los sistemas educativos están obsoletos y ya no dan cuenta de las necesidades de desarrollo de nuestras sociedades y de nuestros individuos? ¿Por qué, a fin de cuentas, la educación ya no parece ser una respuesta adecuada a las necesidades de contar con naciones e individuos más inteligentes y buenos?

La respuesta pareciera estar en los mismos sistemas educativos que hemos venido institucionalizando por siglos en naciones y establecimientos educativos. Cuando hablamos de educar, hablamos de sistemas de enseñanza-aprendizaje, donde unos enseñan y otros aprenden. Así de simple. La pedagogía, la psicología, la sociología y las neuro-ciencias insisten en mejorar los sistemas de enseñanza-aprendizaje y hemos transitado en la última centuria desde el conductismo, al cognitivismo, y desde el humanismo al constructivismo.

Y nada. Sólo unos pocos logran alcanzar la educación superior –la generalidad, líderes en todos los ámbitos-, quedando una gran mayoría mundial rezagada e impedida de alcanzar educación terciaria y, por lo mismo, aportar a sus sociedades y aspirar a una mejor calidad de vida.

Grave, además, se torna que en el selecto grupo de aquellos que logran la educación superior –muchos de ellos mandatarios y líderes empresariales-, quedan confinados a un temible grupo de inteligentes pero inmorales, explotadores de sus propios ciudadanos y empleados, conductores, las más de las veces, a guerras genocidas y fratricidas por sus afanes de poder religioso, político, económico o territorial.

MÉTODO DE ENSEÑANZA

Miremos algo que está sospechosamente implícito en lo que hemos venido escribiendo. Por una parte, necesitamos un sistema educativo (o varios), que sea capaz de desarrollar más aún la inteligencia y bondad de la especie humana; por otra —y a pesar de todos los esfuerzos realizados—, los sistemas de enseñanza-aprendizaje parecen estar obsoletos (por no conseguir como resultado una especie humana más inteligente y bondadosa).

Aterricemos más todavía esto último. Todo sistema de enseñanza-aprendizaje depende de ejércitos de profesores que enseñan y millones de niños, niñas y jóvenes que deben aprender. A este sistema, el de enseñanza-aprendizaje, debemos hacerle dos obligadas preguntas: “cómo se enseña” y “cómo se aprende”.

A la primera pregunta respondemos con métodos de enseñanza, entre ellos, deductivo, inductivo, lógico, analógico, psicológico, etc., y otros tales como Montessori, Reggio Emilia, Waldorf, Matte, etc.

Estos métodos están diseñados para “enseñar”, es decir, son herramientas para organizar, clasificar y entregar contenidos por parte del profesor y cuya definición generalizada en libros e internet es la siguiente:

Método de enseñanza es el conjunto de momentos y técnicas lógicamente coordinados para dirigir el aprendizaje del alumno hacia determinados objetivos.

Tal definición se ve bien, pero, a nuestro entender, contiene un error intrínseco: “para dirigir el aprendizaje del alumno”. Veamos. Un método de enseñanza es una organización lógica para enseñar contenidos, materias, discursos, historia, ciencia, pero no para aprender.

Un profesor enseña una clase a través de diversas organizaciones didácticas (mostrar con claridad), pero espera que sus estudiantes aprendan, es decir, el profesor, por más claro que sea, tiene la esperanza de que sus estudiantes aprendan, no la seguridad.

Los estudiantes aprenderán casi al azar, ello porque pusieron debida atención, son capaces de comprender la información recibida, estudian en sus hogares, etc., pero no aprenden porque lo enseñado es para aprender. Lo enseñado es mostrado con cierta claridad y punto. Los procesos de aprendizajes son otros, completamente distintos a lo que se recibe como enseñanza.


Aprender no es cuestión del profesor;

aprender es cuestión del estudiante

Y quizás aquí radica el gran problema de la educación universal, o, dicho en otras palabras, el que sólo unos pocos aprendan y otros no.

¿Qué es aprender? Ya vimos más arriba que es capacidad natural de todo ser humano aprender, esto es, aprehender ideas y experiencias que se pueden transformar en conocimiento y habilidades para vivir. No obstante, extrañamente hemos hecho énfasis en el enseñar pero no en el aprender, es decir, tenemos innumerables métodos de enseñanza pero muy pocos métodos de aprendizaje.

Enseñar es medianamente fácil, pues basta que tengamos claros los contenidos y luego definimos la forma de entregarlos, pero de ahí a sólo esperar que el otro aprenda ya se torna en una aberración de casi todos los sistemas educativos de todos los tiempos. Es quizás por ello que no tenemos una especie humana inteligente. O la tenemos, claro, pero sólo muy parcialmente. El “sólo algunos”, el “unos pocos”, entonces no es tan casual.

Quizás por ello es también que son tan importantes las externidades para el aprendizaje, tales como la situación socio-económica, la infraestructura escolar y la cultura familiar que ve a la educación como un bien, quedando a la deriva la mayoría de aquellos que no cuentan con oportunidades, que viven en la pobreza, en sociedades subdesarrolladas, en comunidades rurales o que no cuentan con una familia que vea a la educación como un bien, encontrándonos con que el paradigma todos los seres humanos tienen la capacidad de aprender es contradictorio, pues solamente algunos aprenden y otros (la generalidad), definitivamente no.

¿Qué hacer entonces para aspirar a una humanidad más inteligente y bondadosa?

Poner el énfasis en el aprendizaje

Si queremos dar un salto cuantitativo y cualitativo en nuestros sistemas educativos, para que éstos se transformen en herramientas válidas para formar nuevas generaciones humanas más inteligentes y bondadosas, tales sistemas deben contener poderosas herramientas de aprendizaje.

La especie humana es una y diversa, motivo por el que cada persona aprende a su manera, esto es, el conocimiento y las habilidades son a cada persona como el agua al recipiente, de modo que debemos diseñar métodos de aprendizaje capaces de responder a una y a todas las formas de aprender.

Sólo así podremos cubrir el “todos los seres humanos tienen la capacidad de aprender” en la diversidad de cada niño, niña y jóvenes. Muchos son los teóricos del aprendizaje, entre ellos, Watson, Thorndique y Skinner (Conductismo), Wertheimer, Köler, Koffka, Gagne y Ausabel (Cognitivismo), Piaget, Vigotsky y Bruner (Constructivismo), pero fue el filósofo, psicólogo y pedagogo John Dewey, uno de los primeros en descubrir la importancia del aprendizaje y sus técnicas para desarrollar la inteligencia humana y plantear —por fin—, un método a partir del aprender haciendo (o aprender a través de la experiencia), esto es, desarrollar desde la infancia las habilidades del pensamiento con tareas específicas —aprendizaje cooperativo como estrategia central en la enseñanza basada proyectos— que pudieran no sólo generar la evolución del pensamiento individual sino también del pensamiento colectivo (inteligencia colectiva o habilidades socio-emocionales).

Recién es aquí, con este autor, que encontramos un verdadero método de aprendizaje —y ya no centrado en la enseñanza y de suyo, en la esperanza de que alguien aprenda—, que se ocupe de cómo debe aprender un niño o una niña brindándole herramientas concretas para su aprendizaje individual, “centrado en el aprendizaje cooperativo”.

De ahí en más encontramos nuevas propuestas o renovaciones del propio Dewey, entre ellas, el Aprendizaje Cooperativo y el Aprendizaje basado en Proyectos, el Aprendizaje basado en problemas y el Aprendizaje basado en el pensamiento, el Aprendizaje basado en Competencias y el Desing Thinking (Pensamiento de Diseño), la Gamificación, el Flipped Classroom (Aula Invertida) y el Método Emilia (Aprendizaje Colaborativo basado en el aprender haciendo-errando).

Es ahora cuando el o los sistemas de enseñanza-aprendizaje comienzan a dar cuenta, por una parte, del “cómo se debe enseñar” y del “cómo se debe aprender”, configurando métodos para unos y otros, obligando, técnica y moralmente, a cada maestro a ocuparse de ambos bandos, es decir, a ocuparse de cómo debe enseñar sus contenidos de una manera clara y distinta y de cómo debe aprender el otro.

Aquel del que antes sólo se esperaba que aprendiera por las suyas y que desde hace poco le estamos entregando herramientas metodológicas para que desarrolle, a través de ellas, el pensamiento individual y el pensamiento o inteligencia colectiva, esta última, tan necesaria y urgente para soñar con una humanidad más inteligente en su unidad y diversidad, es decir, un ser humano que, sin dejar de pensar como persona única y distinta, también aprenda a pensar como especie humana.

¿Lograremos desarrollar un Hombre más inteligente…,

o es demasiado tarde?

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Profesor de Filosofía, Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación (UPLACED), Valparaíso, Chile; posgrado en Informática Educativa, Centro de Informática Educativa (CIE) de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC). Cofundador del Centro del Pensamiento Latinoamericano (CEPLA) de la UPLACED, Fundador de la Revista Cuadernos del Pensamiento Latinoamericano, CEPLA-UPLACED, autor del Método Emilia, Plan Maestro para mejorar la Calidad de los Aprendizajes. Se desempeña como asesor en educación y tecnología en Chile y Colombia.
  • Edgar Altamirano

    Olvida el aspecto genético, el género “sapiens” es difuso, no todos tienen la misma potencialidad de inteligencia, en el medio científico donde el concepto “evolución de la consciencia al través del tiempo” se vislumbra ya una nueva escisión y evolución del homo sapiens, una evolución que parecemos no percibir pero que no se detiene, los avances científicos tan extraordinarios en estos tiempos lo ejemplifica diariamente.

  • July Santos

    Gran ensayo. Hace mucho tiempo que no leía un verdadero planteamiento filosófico, de esos que dejan huella y le quedan a una rondando en la cabeza como algo innovador, distinto y posible. Tengo una duda maestro: ¿reflexiona usted “desde” el pensamiento latinoamericano en segundo plano? Otra ¿Usted es colombiano o chileno? Y última: ¿Dónde puedo encontrar el libro Método Emilia? Reciba un saludo fraterno desde Medellín, Colombia.