Diez pasos necesarios para alcanzar

la serenidad

SÉPTIMO PASO

Amor y amistad para sentirse inmerso en una red

En todas las épocas de la historia de la humanidad, los padres han enseñado la vida a sus hijos, pero con las tecnologías, cada vez más modernas que condicionan la vida hoy en día, la relación se ha invertido en parte y ahora los hijos enseñan la vida a sus padres porque,  en el uso de la tecnología, van un paso por delante, puesto que crecen con ella.

Junto con el amor entre padres e hijos, el amor entre abuelos y nietos puede trasmitir un alto grado de sentido y serenidad a todos los implicados. Aunque los encuentros sean menos frecuentes que en épocas anteriores, los medios modernos hacen posible que se pueda mantener el contacto, incluso a grandes distancias. Muchos abuelos siempre están disponibles para sus nietos, para realizar actividades con ellos, escucharlos y explicárselo todo.

Las personas ancianas, por su parte, se sienten más inmersos en la vida cuando pueden participar en el crecimiento de los niños. También la integración de guarderías en residencias de ancianos, que se ha intentado en diversos lugares, contribuye en este sentido.

Pero en la relación de pareja en la vejez, mucho más que en cualquier otro momento de la vida, dependemos de la benevolencia entre nosotros que se deriva de la decisión  que cada uno ha tomado por su lado. Si la mayor muestra de amor en la juventud era afirmar «contigo hasta el fin del mundo» y «envejeceremos juntos», ahora ha llegado el momento de demostrar en el día a día que no eran solo palabras hermosas.

Y en la vejez alcanza una gran importancia la amistad. Al amigo me unen recuerdos imborrables, con él puedo hablar, con él me puedo sincerar, aunque no demasiado para no convertirlo en un ‘paño de lágrimas’. Una persona de la que no pretendo nada ni espero nada, con la que simplemente me gusta estar porque es como es. Me alegra que haya alguien que me quiera y a quien yo quiera, en el que encuentro comprensión y que él la encuentre en mí, con él que puedo tener privilegios y, de nuevo, él puede tenerlos conmigo.

OCTAVO PASO

Conocimiento para adquirir alegría y serenidad

El conocimiento ayuda a seguir adelante cuando se plantean preguntas, es la búsqueda de sentido y de relaciones, y alcanza su objetivo cuando se puede reconocer las relaciones: «¡Ahora tiene sentido!». El sentido de que estamos hablando raras veces es el sentido de la vida, sino el sentido en la vida, el sentido de los fenómenos y las experiencias individuales.

Solo ante sí misma tiene que justificar

una persona su vida

Con ayuda del conocimiento, se puede evitar los nervios finales y alcanzar una serenidad definitiva, que también se puede definir como ‘alegría’.

Tener sentido del humor y ser capaz de reír son, sin duda, dos elementos fundamentales para la dicha, que no es lo mismo que la alegría, aunque tiene mucho en común. Quien pueda decir de sí mismo «Soy un hombre dichoso». No tiene que estar siempre alegre. La expresión de la alegría es en su mayor parte una cuestión de momentos y fases de la vida, mientras que la suerte de la persona dichosa es la suerte de sentirse lleno, que va más allá de sentir alegría en momentos determinados.

Ahora todo es voluntario y nada una obligación. Ya no tengo que demostrar nada a nadie, ni a mí mismo, ni a los demás, y, si no fuera así, ya sería demasiado tarde para ello.

La serenidad dichosa no descarta la tristeza: la aceptación de la vida y de la vejez también abarca este aspecto. Cada noche, al irme a dormir, me siento profundamente agradecido por el día y también siento una tristeza profunda porque ya ha pasado.

En mí mirada hacia el final del gran día de la vida me pregunto cómo encontraré el equilibrio final cuando llegue el momento de culminar con gran alegría la obra de la vida y verme obligado a despedirme ante ella ante la aparición de la tristeza más  oscura.

NOVENO PASO

Una relación con la muerte

para poder vivir con ella

Cada vez nos tenemos que enfrentar con mayor frecuencia a la muerte de los demás, que cada vez son más cercanos, a veces, muy cercanos a nosotros, y nos descubrimos pensando: «el o ella ya han dejado atrás sus vidas». Desde el momento en que desaparecen los propios padres queda muy claro: estamos en primera línea, no queda nadie entre la vida y la muerte.

No solo la vida, sino también la muerte es una cuestión de significado. Nadie sabe lo que es en realidad. Eso es posiblemente lo más inquietante que tiene. Pero su significado puede ser más tranquilizador. Se le puede considerar el acontecimiento que da sentido a la vida, porque marca la frontera que da valor a la vida. Tiene valor lo que esta disponible en una cantidad limitada, por eso se otorga más valor a las piedras preciosas  que a los guijarros. De la limitación del tiempo se deriva la preocupación por tener una vida preciosa, en la que se puedan sumar los momentos hermosos que se han podido reunir en el tiempo disponible.

El hecho de conocer un límite temporal nos impulsa a hacer  algo con la vida que parezca valioso, en la medida de lo posible.

DÉCIMO PASO

Pensamientos sobre la posibilidad de

una vida después de la muerte

La muerte podría ser hermosa y valiosa como tránsito a otra vida. Quizá no se trate realmente de nada más que un tránsito de la vigilia al sueño.

El autor quiere unir  en este paso  la  mortalidad con la inmortalidad. La posibilidad de semejante sentido lo sospecha cada persona durante toda su vida a través de experiencias extáticas, de la sensualidad más intensa, de las emociones fuertes que nos proporcionan los sentidos, de las extensas excursiones en el reino del pensamiento, de una conversación o de una lectura profunda, al hundirse en el juego o en una labor, de cualquier tipo de flow y ensoñación.

Para experimentar tales cosas basta con olvidarse de uno mismo, intemporalidad, unión intima con todo, intensidad. Con frecuencia llamamos divinas a estas experiencias, y son tan fuertes que permanecen en la memoria. La intensidad de la energía que se experimenta en esos momentos permite alimentar la sospecha de que se podría tratar de lo esencial o autentico de la vida que se extiende más allá del yo y del tiempo.

Confiar en la posible existencia de una vida nueva y diferente alivia en los mayores el estrés de la  vida porque no debemos exigirlo todo de la supuesta «única vida». ¿Y si no fuera así? Entonces esta vida ha sido, por lo menos, una vida hermosa.


BIBLIOGRAFÍA

SCHMID Wilhelm: Sosiego, El arte de envejecer. (2015). ED. Kairós