Nuestras administraciones, compitiendo en la urgencia y el cortoplacismo, padecen un nuevo síndrome: el síndrome Pisa. El mal trabajo de muchas administraciones -especificamos muchas, no todas-, tienen un espejo mediático que les obliga a una autocrítica que, la mayoría de las veces, es retórica. ¿Por qué? Porque su discurso y su acción es contradictoria. Ya no nos engañan, su incoherencia e incompetencia no tiene credibilidad. La política en la sociedad del conocimiento tiene otros procesos y otras estrategias. Entre otros, abrir espacios de abajo/arriba verdaderos en la participación política. Pero hay fuertes resistencias a cualquier cambio real: la política educativa es una muestra de lo anterior. Lo sintetizaremos en tres características. Cuidado, llega el síndrome Pisa.

El síndrome Pisa consiste en señalar y sorprenderse ahora por unos resultados donde esas administraciones tienen una responsabilidad directa. Diferentes administraciones educativas empiezan una letanía mediática: señalar unos resultados de la evaluación Pisa para su posible mejora. Es más, nos pueden ilustrar con investigación internacional: la seguiremos leyendo. Hablo por experiencia: muchas de las miles de páginas que he leído de investigación se llama sentido común. Es más: confirma ideas e intuiciones que muchos de mis compañeros saben, sin necesidad de conocerla directamente. No, ya no es posible descubrir el Mediterráneo: toda su acción política les delata. Llevamos mucho tiempo con el síndrome Pisa, existe un hartazgo de su sorpresa cuando las políticas educativas en este país, han minusvalorado o ninguneado el trabajo y la opinión de los verdaderos profesionales: esos maestros y profesores que cada día hacen que funcione el sistema educativo. Siguen sin escuchar, mientras su endogamia y amiguismo partidista, sin conocimiento directo de lo que dicen y proponen, siga siendo quien legisle, no serán creíbles. La proliferación legislativa de este país es una muestra de lo que significa una política endogámica: incompetencia y cortoplacismo. O se hace política educativa de abajo/arriba en la sociedad-red, o tu discurso no tiene credibilidad.

El síndrome Pisa consiste en absolutizar, sin una contextualización adecuada, lo que es una evaluación internacional. Primeramente, hay un mundo educativo que queda fuera de la evaluación Pisa. Los mejores países en sus resultados no piensan en Pisa, hacen algo que nuestra administración cortoplacista sigue sin entender: construir esos elementos comunes y contrastados para que una política educativa sea una política de Estado. Para ello, hace falta una política de consenso que, dadas las estructuras actuales, se torna imposible. Ahora nos vienen con su síndrome Pisa. Ya no nos engañan, mientras sigan sin escuchar a los verdaderos protagonistas de la matriz educativa. Es más sencillo: construir estructuras a medio y largo plazo. Ni la educación, ni la investigación y la innovación interesan a la casta dominante: los hechos hablan por sí solos. Hechos se llaman, entre otras cosas, presupuestos y prioridades. Lo repetiré: ya no nos engañan, sigan con su síndrome Pisa.

El síndrome Pisa consiste en utilizar políticamente estos resultados para justificar una política acrítica y falta de diálogo. Tramitando otra nueva ley educativa, con la advertencia de su derogación por otra serie de partidos a su llegada al poder: la comunidad educativa está escandalizada ya. Es un error continuo, fruto de no saber lo que significa el verbo dialogar. Ahora se llenará su discurso del síndrome Pisa y de la necesidad de tomar otra dirección. O se da un cambio profundo a toda la política educativa, o vamos directamente a la cronificación de un problema que arrastrará el presente y el futuro de este país. Hay una calidad democrática que nos estamos jugando para décadas: no hay futuro que no sea un futuro educativo.

Empieza el síndrome Pisa: tomen asiento porque será largo. Pueden creer su discurso y acabar dándoles la razón: justificarán su endogamia política y su mediocridad. A nosotros ya no nos engañan, mientras todo siga igual. Desde este rincón seguiremos denunciando los despropósitos educativos de las diferentes administraciones. Argumentaremos y justificaremos que hay otras salidas, otras soluciones. Nada es eterno en política, menos en política educativa. No somos ilusos: en una estructura cerrada y endogámica como son los actuales partidos políticos, no hay esperanza posible. Quienes tienen poder de decisión, perpetúan su falta de perspectiva y planificación a medio y largo plazo. O inician un cambio, o serán devorados por una época imprevisible en su crisis de fundamentos. Pero hay otra política posible, otras formas de escuchar y dialogar. Al menos, seguiremos teniendo esa libertad de expresión de decir no. Ellos pueden seguir con el síndrome Pisa: no nos engañan más. No estamos solos, es nuestra esperanza.