La educación formal tiene una característica que la hace destacar entre los diferentes tipos de aprendizaje: siempre llega tarde. Su naturaleza conservadora y reproductora de contenidos sacralizados, la hacen especialmente vulnerable en nuestra sociedad de la información. Si algo continuamente estamos aprendiendo es lo siguiente: la aceleración exponencial del conocimiento en nuestra era de la información.

La paradoja llega con la siguiente pregunta: ¿qué y quién ha cambiado con el impacto de las TIC? Una breve enumeración: economía, ocio, trabajo, relaciones personales…podríamos seguir. La educación formal no, sigue en su conflicto interminable: ¿cómo adaptarme? ¿cómo transformar la educación en una educación eficaz y actualizada? Interminable y padeciendo el síndrome lampedusa: todo cambia para que todo siga igual.

Les pongo un ejemplo, ¿de qué sirve tecnologizar las aulas, si el tipo de enseñanza-aprendizaje es el mismo? Una pizarra digital puede ser tan tradicional y anacrónica como esa exposición aburrida que se repite en nuestras aulas desde hace mucho tiempo. Ejemplos no faltan: ¿cuánto tiempo hace que no se renueva un curículum para una sociedad del s.XXI? Otra ley vendrá, ¿creen que seguiremos con el síndrome lampedusa?…