«El hombre que paseaba con libros». Por Carsten Henn

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El hombre que paseaba con libros de Carsten Henn es una novela entrañable en la que se puede ver el poder de los libros para conectar con las personas.

Un librero enamorado de su profesión que hace de ella su vida. Lo acompaña una niña inteligente y divertida que le hace vivir con más alegría el transcurrir de los días.

el hombre que paseaba con libros

Sinopsis de El hombre que paseaba con libros

El librero Carl Kollhoff va entregando personalmente los libros que solicitan sus clientes más especiales. Lo hace todas las tardes a las siete, después de terminar su trabajo.

No le pesan sus años (71) para llenar la mochila de libros cada tarde y pasear por la ciudad en busca de esos clientes a los que convirtió en amigos y que los identificaba con algún personaje literario, según los encargos que les hacían.

Empieza a acompañarlo una niña de nueve años, Shasha, inteligente y divertida, que le hace disfrutar más aún de sus paseos y de las visitas a sus clientes.

Cuando pierde su trabajo de forma inesperada, será necesario el poder de los libros y el de la niña  para que todos, incluido el propio Carl, encuentren el coraje para superar sus problemas y acercarse unos a otros.

Maeva, 2022

Carsten Henn, autor

Nació en Colonia en 1973, trabaja como escritor y periodista especializado en enología y como crítico gastronómico. Es autor de varios libros de no ficción y de tres exitosas series de novela negra.

El hombre que paseaba con libros sigue desde hace meses entre los libros más vendidos de Der Spiegel. La próxima publicación en más de quince países ha supuesto para el autor el inicio de una prometedora carrera internacional.

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Reseña de El hombre que paseaba con libros

Disfrutar con lo que lees es un lujo y, si además el personaje es un librero que se identifica con sus clientes más especiales, entonces ya es el colmo.

Meter además una niña de nueve años a la que le gusta leer y que disfruta de los mayores lectores, con la gracia de una niña que además está acostumbrada a pensar y a aceptar ideas de personas inteligentes, ha sido un acierto por parte del autor de esta entrañable obra.

En aquella librería donde trabajaba Carl, mezcla de estilos que se habían ido entrelazando a lo largo de los años, acababan de hacer la pregunta que justifica la existencia de todas las librerías del mundo:

«¿Podría usted recomendarme un buen libro?»

La persona que hizo la pregunta sabía perfectamente en qué consistía un buen libro para ella:

  • Un buen libro la entretenía en la cama hasta que se le cerraban los ojos.
  • Un buen libro la hacía llorar en tres o cuatro ocasiones.
  • Un buen libro no tenía menos de trescientas páginas, pero no más de trescientas ochenta.
  • Un buen libro no puede llevar la cubierta verde, porque no había tenido buenas experiencias con ellos.

«Este libro –dijo Carl mientras tomaba un ejemplar de la pila del mostrador– la está esperando a usted desde que lo sacamos de la caja… Los libros de color burdeos son los mejores.

¿Termina con un beso?

¿Acaso le he desvelado alguna vez el final de un libro?»

el hombre que paseaba con libros

Estas afirmaciones hacen pensar que cada persona tiene también sus gustos de lectura y sus exigencias. En esto consistía el trato especial del librero, conocía a su clientela y sabía de sus preferencias lectoras.

En relación con El hombre que paseaba con libros, pienso en numerosas ocasiones que las personas que no leen es que no han encontrado su tema preferido; y que, si en alguna ocasión han leído algo, seguro que ajeno a sus intereses, se han aburrido tanto que no tienen preferencias para repetirlo porque como decía Basanta:

«No lee el que no tiene tiempo, sino el que no tiene el deseo de leer».

Menciona Basanta en Leer contra la nada, a Daniel Pennac en su obra Como una novela, totalmente recomendable, y nos enumera los derechos del lector:

  • El derecho a no leer.
  • A saltarse páginas.
  • A no terminar un libro.
  • A releer.
  • A leer cualquier cosa.
  • A leer lo que me gusta.
  • A leer en cualquier parte.
  • A «picotear».
  • A leer en voz alta.
  • A guardar silencio

La lectura es muy personal y cada persona tiene que encontrar el camino que le lleve a disfrutar de ella.

«Saber leer, poder leer, querer leer es el lema que ha de guiar nuestra labor. Y nuestro entusiasmo».

La actitud principal de todo verdadero lector, continúa Basanta, es la rebeldía, porque quien lee profunda y comprometidamente, se rebela: contra el pensamiento único, contra las verdades impuestas, contra el falso conocimiento, contra la superficialidad que ahoga la profundidad de las palabras, contra la devastación de la intimidad, contra la dispersión, contra la desmemoria, contra la banalización de la información, contra la ausencia del criterio, contra el feroz individualismo, contra el egoísmo, contra el adanismo, contra el vacío gregarismo, contra el ruido que agosta el silencio que no calla, contra el pavor a la soledad, contra la instantaneidad que destruye la secuencia del pensar, contra la prisa que anula el valor supremo de la pausa y de la espera, contra el academicismo, contra la erudición, contra la ociosidad de pensar, contra la incapacidad de sentir, de imaginar, contra el deber de comprometerse, contra el discurso sin acción, contra la muerte de la utopía, contra la ausencia de la empatía

«Carl caminaba mucho y pensaba tanto como caminaba. A veces le parecía que solo podía razonar correctamente mientras paseaba, como si los pasos sobre los adoquines fueran los que ponían sus pensamientos en marcha».

En un día de otoño, mientras hacía su ronda para repartir los libros que le encargaban sus lectores más especiales, apareció una niña de rizos oscuros caminando a su lado y le hizo vivir experiencias maravillosas, ganas de vivir, alegría en la vida…

Las conversaciones entre Shasha y Carl son muy entrañables y de alto nivel intelectual, charlan sobre los clientes, sobre los libros, sobre la ciudad, sobre los amigos del colegio…


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En definitiva, El hombre que paseaba con libros es un libro recomendable para la animación a la lectura, para incentivar a aquellas personas que aún no han experimentado el placer de la lectura, que ponen como excusa el que no tienen tiempo pero que no buscan el hueco para leer y se pasan el día entretenidas con otros asuntos de menos interés para la formación y el desarrollo personal.

Aquí podemos ver al propio autor, Carsten Henn presentando su libro El hombre que paseaba con libros, de ediciones Maeva.

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