En la década de los noventa, Robert Putnam nos enseñaba la importancia del capital social para el declive o auge de una sociedad actual. El capital social que nos describía Putnam se podía diferenciar en el capital vínculo, cuando esa sociabilidad se establecía entre iguales, o capital puente cuando esas relaciones se hacían con ese otro diferente, característico de nuestras sociedades multiétnicas. Putnam avisaba contra el individualismo fragmentador de la sociedad americana en las últimas décadas, un diagnóstico de su decadencia. La metafóra era muy plástica: en EE.UU el número de los que jugaban solos a los bolos ya era peligroso…

Uno de los objetivos de la educación en nuestra era de la información, es aumentar nuestro capital cooperativo. ¿Qué significa capital cooperativo desde un punto de vista pedagógico? La capacidad para integrarse y aumentar eficazmente una red, lo denominamos capacidad de nodo. El capital cooperativo en su traducción digital significa capacidad de nodo.

Capacidad de nodo significa que un alumno pueda integrarse en cualquier red de trabajo, ese aprendizaje de integración implica flexibilidad cognitiva y emocional. Capacidad de nodo significa aumentar el rendimiento de la red donde el alumno se integra, ese aprendizaje implica visibilizarse y complementarse dentro de la estructura de la red.

Ese capital cooperativo que toda sociedad del siglo XXI debe tener, tiene una primera prueba en su sistema educativo. Las redes son las estructuras que conforman nuestro presente y futuro, hay redes espontáneas y redes intencionadas. Nuestra apuesta se llama redes educativas, capacidad de nodo.