¿Quién opina en España de educación? O, mejor dicho, ¿qué opiniones sobre educación llegan al gran público sentado en su sofá o conduciendo el coche al trabajo? Porque, más allá del debate educativo que pueda suscitarse entre profesionales y expertos (docentes, teóricos…), la percepción general que sobre la educación se tiene en este país depende, y mucho, de lo que se convierta en un titular, de lo que al final opine un tertuliano.

Y, la prueba, la reciente publicación de los resultados del Programa Internacional para la Evaluación de la Competencia de los Adultos (PIAAC, en sus siglas en inglés), el llamado PISA para adultos. Hay dos frases que bien podrían resumir las conclusiones de este estudio: “Los españoles somos muy malos” y “la culpa es del otro”.

Así, sin más. Que la sección de Educación no pasa en la mayoría de casos de ser un mero apartado de una más genérica, la de Sociedad, tiene mucho que ver con esto. ¿Dónde están los análisis en profundidad del porqué de estos resultados? ¿Y dónde los que propongan seriamente cómo abordar este problema? La identificación de cuáles son los retos y las soluciones al dilema educativo difícilmente puede colarse en una portada de periódico.

Que la política tiene más presencia que la educación en los medios de comunicación generalistas es una obviedad. Así que el día que toca necesariamente opinar sobre un estudio educativo, ¿quién participa en la tertulia televisiva o radiofónica? El mismo que un minuto antes hablaba de la corrupción en los partidos políticos.

Y aquí es cuando llega lo de “la culpa es del otro”, justo después de haber leído en todos los titulares que “los españoles somos muy malos”. Este será prácticamente el único contacto con la noticia que habrá tenido el ciudadano de a pie. Ya no es sólo que el propio Ministerio de Educación utilice el argumento político de buscar responsabilidades en el contrario –argumento que obligatoriamente entonces aparecerá en todas las noticias-, sino que faltan verdaderos expertos en el panorama mediático.

Dicho con otras palabras, el tertuliano “político” es el que luego puede opinar de cualquier tema, pero nunca se verá a un tertuliano “educativo” intervenir en un debate político. Faltan voces que opinen y razonen con propiedad sobre educación en los medios de comunicación, al menos si no se quiere insistir en el error de convertir la educación en un arma arrojadiza entre partidos políticos.

Al final, este es el único mensaje que se ha conseguido trasladar a la sociedad. Cómo si no iba luego el debate sobre la reforma educativa a pasar de un titular sobre la asignatura de religión o de otro arremetiendo contra el catalán… Tal vez habría que preguntarse si las metodologías van a cambiar en algo, o qué se va a hacer para mejorar esas competencias lectora y matemática, o si la actual enseñanza de las lenguas extranjeras conviene ser replanteada teniendo en cuenta los resultados.

La traslación a la sociedad del debate educativo es uno de los grandes retos de la educación en España. Si los economistas se han hecho un hueco en las tertulias, ¿por qué no también los pedagogos, los profesores o los orientadores?