Corren malos tiempos para los deberes. Su volumen y pertinencia están cada vez más en duda. Los resultados del último informe PISA parecen contradecir una correlación entre el número de horas dedicadas a ellos y los resultados académicos. El debate sobre la importancia del trabajo en casa ya ha dejado huella más allá de nuestras fronteras.

En Francia, en aplicación de l’arrêté del 23 de noviembre de 1956, la circulaire del 29 de diciembre de 1956 indica: ”ningún deber escrito, sea obligatorio, sea facultativo, se mandará a los alumnos fuera de clase”. Desde ese momento hasta ahora, está prohibido por ley mandar deberes por escrito en el ámbito de la educación primaria. Sin embargo, el profesor tiene permitido mandar una lectura, una investigación o, simplemente estudiar la lección.

El principio de esta circulaire se mantiene vigente tras 58 años en la legislación gala. Aunque esté dictado por ley, ha sido, y es regularmente transgredido por muchos docentes. Esta situación ha dado pie a la insistencia de las autoridades en recomendar su cumplimiento.

Un ejemplo de esta insistencia, es la difusión en 2006, por parte de l’Académie du Nord (equivaldría a la consejería de educación) de un informe titulado Devoirs à la maison: 50 ans de travail au noir (Deberes para casa: 50 años trabajando en negro) que da 7 tipos diferentes de argumentos en contra de los deberes para casa:

1. Argumento legal: un funcionario público debe respetar la ley.

2. Argumento democrático: los padres de las clases desfavorecidas no pueden aportar su ayuda de la misma manera que los padres instruidos, y las condiciones materiales, serían también desiguales.

3. Argumento sanitario: el desarrollo normal psicológico e intelectual de un niño de menos de 11 años no se adaptaría de manera óptima a una jornada de trabajo demasiado larga.

4. Argumento social: la realización de deberes disminuiría el tiempo de esparcimiento, de descanso y de vacaciones.

5. Argumento psicológico: el alumno podría ser víctima de un chantaje afectivo a cuenta de los deberes.

6. Argumento moral: el envío de tareas para casa por parte de los enseñantes podría estar, solamente motivada, una cuestión de imagen de cara a los padres o a los colegas de profesión.

7. Argumento pedagógico: la práctica de los deberes priorizaría modelos ingenuos de éxito, como el esfuerzo y el trabajo, respecto a la consideración de los procesos de adquisición de los conocimientos.

El informe concluye que, las casas de los alumnos, no deben convertirse en el turno de noche de las escuelas, sino un lugar donde se asegure el equilibrio afectivo y corporal del niño.

La decisión de realizar o no, deberes en casa, es colectiva. La última palabra en este asunto, con ley o no de por medio, la tendrán siempre el docente y el alumno, que son los actores más cercanos del proceso de aprendizaje.