VOLUNTAD DE PROGRESO

Uno de los problemas más urgentes en el ámbito educativo es enfrentarnos a la cantidad de conflictos que se generan y ofrecer soluciones constructivas para la resolución de los mismos. Ahí radica la complejidad de nuestra profesión, no sólo debemos atender al aprendizaje meramente curricular, sino a crear ese clima que ahondará en las relaciones establecidas, un lugar que agradece la convivencia, le da la bienvenida ofreciendo así un espacio interrelacional, en donde las relaciones existentes se interpretan como una herramienta productora de aprendizajes.

Y aún así, más nos pese, el conflicto seguirá existiendo como algo inherente a las relaciones humanas. Conflictos de poder, de relación, de rendimiento amenazarán la convivencia, el clima, los tiempos, y deberemos ofrecer respuestas a cada uno de ellos.

“Ningún progreso parece hoy más urgente que superar

la ciega voluntad de progreso” 

                                                  Zaid, Gabriel. (1979)

LA HERRAMIENTA SOBRE LA PERSONA

En nuestra sociedad actual el conflicto parece presidir buena parte de las relaciones en el seno de la sociedad, en la familia, en el mundo laboral y en el ámbito educativo. La especial configuración de esta sociedad, caracterizada, entre otros elementos, por “la vida fácil”, hedonismo, el materialismo, “los recursos materiales”, el consumismo,  “afán de adquirir” y el presentismo cuya cualidad es “nada puede esperar”, favorecen, entre otras causas, la aparición del conflicto. La crisis actual está provocada, también, por la celeridad de los cambios, aquello que Toffler bautizó con el nombre de “principio de transitoriedad”, en virtud del cual resulta difícil asimilar las nuevas formas de conocimiento e información.

Podríamos clasificar el conflicto o sus vertientes en relación a la presencia de agresividad o la ausencia, según la construcción del conflicto o según el poder de decisión de las partes involucradas.

Lo que no deja lugar a dudas es que el conflicto forma parte de la interacción humana, de la convivencia entre las personas, sin que ello suponga necesariamente desembocar en la violencia o en la destrucción de las relaciones, sino que, en todo caso, puede servir, para transformar estas relaciones y acercar las posturas que en un  principio son de discrepancia.

Hoy en día, se manifiestan, en todas las escuelas, los síntomas de una crisis que se ha instaurado, arraigado, y que ha reemplazado en muchas ocasiones a la herramienta sobre la persona.

MEDIACIÓN ESCOLAR

Si focalizamos nuestra atención en la escuela, espacio de encuentro intergeneracional, lugar de aprendizaje, en donde se establecen nuevas y fructíferas relaciones y por ello de  convivencialidad, es preciso adquirir la imperiosa necesidad de crear un clima propicio, pacífico y saludable para lograr lo que tanto se ansía, una mejora de la  convivencia escolar.

En disonancia con lo mencionado, en diferentes ocasiones los discursos de los centros educativos fluyen mostrando el “progreso” en herramientas, útiles, eso sí, para el quehacer diario, obviando en su discurso la pretensión como espacio formativo de generar un lugar cómodo para adquirir el conocimiento, sirviendo como base las interacciones producidas entre los miembros de la institución escolar.

Y es en esas interacciones donde surgen de forma natural una serie de conflictos y adquiere relevancia qué queremos conseguir desde nuestro Plan de Convivencia, resoluciones rápidas bajo el prisma del poder o soluciones mediadas con la participación de los representantes del conflicto.

Cuando una persona se aferra a su creencia en una actuación, pierde su libertad de pensamiento. Cuando se vuelve dogmático cree que su percepción es lo único verdadero y que todas las demás no son válidas. El mediador representará la figura que establecerá los cauces pertinentes para la resolución del conflicto creado.

Sí, estamos hablando de la necesidad de crear un programa de mediación escolar en el cual estén inmersos los miembros de la comunidad educativa.

¿MIRAR EL DEDO?

Un proverbio chino nos cuenta “cuando el sabio señala la luna, el necio mira el dedo”, por ello, ¿queremos optar por un trabajo encaminado a las habilidades para la vida o centrarnos en ese mecanismo cuyo objetivo es llamar la atención sobre lo inmediato, sobre el dedo.

Nos encaminamos en la escuela a las llamadas “habilidades para la vida” para lograr una mejor convivencia escolar. Entre estas habilidades podemos encontrar la formación de un pensamiento crítico y creativo, la comunicación eficaz, la capacidad para la toma de decisiones, la empatía, el conocimiento o la autoestima, destacando la capacidad para resolver los conflictos de manera positiva y constructiva.

Transformar, pues, el conflicto en algo positivo y enriquecedor exige el concurso de prácticas que pueden utilizarse en el ámbito educativo y entre ellas se encuentra el proceso que conocemos como “mediación”.

En definitiva, el conflicto puede llegar a ser la

oportunidad para crecer.

“No consideramos la mediación como un método de resolución de conflictos, sino como una aportación cultural a las sociedades del presente que no solo afronta el reto de garantizar el orden social, sino también el de celebrar la diversidad humana”.

                                                           Boqué, 2007

CONVIVENCIA EDUCATIVA

Valiosa es, a su vez, la aportación cultural a la sociedad en el sentido de transformarlos de manera pacífica, de adoptar una posición de acuerdo, y de incidir en el crecimiento personal de las partes. Un crecimiento que subyace sobre la premisa de los dos ganan en la resolución.

El objetivo del programa estaría encaminado a la convivencia educativa, en donde incluiríamos  el fomento de un clima de paz y de diálogo, la prevención de la violencia, el reconocimiento del conflicto como algo natural y la participación por parte de todos en la construcción de la mejora en el centro.

Las escuelas comienzan a desarrollar estructuras más complejas y se empieza a abrir camino a otros sistemas de participación. Estaría intimamente relacionado con el progreso de las tecnologías de yo, Foucault M. (1991), conocimiento que nos lleva a conocernos a nosotros a mismos, nos rescata como seres individuales y a sentirnos actores dentro del colectivo. Y la escuela, en estos momentos, la podemos entender como un lugar de encuentro, de cuidado personal y de socialización.

Y es ese Plan de Convivencia, y el proyecto de mediación los que guiarán los hitos sobre la participación de todos los miembros que componen el colectivo frente a cualquier situación que afecte al colectivo en sí, entendiendo el colectivo como el recipiente de las relaciones, y al individuo como soporte unitario del grupo.

Construimos de ese modo una interdependencia positiva a partir de la positivación de las relaciones, y la competencia social, y ya inmersos en el proceso de mediación el esfuerzo para el logro y la adaptación psicológica de los actores en el conflicto que tienen plenos poderes en la consecución y el desarrollo del mismo.

EL RETO DE LA MEDIACIÓN

La situación actual precisa de un ideario de centro, hacer de la educación una cosa de todos, realizado CON y DESDE todos los miembros que participan en la vida del centro.

Por todo ello, la creación de un proyecto de mediación tiene como misión deslegitimar el paradigma dominio-sumisión, no usando la violencia si queremos educar para la paz.

¿Qué debe proponerse un centro si quiere llevar a cabo

el reto de la mediación?

Definir la mediación y diferenciarla de otras estrategias de resolución de conflictos.

Conocer y valorar la mediación como una propuesta eficaz y adaptada a las características del centro.

Conocer la figura del mediador, su proceso y las fases.

Crear una estructura y estudiar cómo debe incluirse la mediación dentro del Plan de Convivencia.

No obviemos la oportunidad que podemos ofrecer para la participación de una manera proactiva de los miembros que engloban y conviven en un centro educativo, educando para la resolución constructiva y positiva de los conflictos, no limitando las posibilidades que un programa de mediación, bien estructurado y adaptado a las necesidades de cada centro puede brindar.

Todos somos hijos de la Tierra, mas todos podemos ver la maravilla de un cielo estrellado, una visión de largo alcance en la formación integral de la persona para vivir en sociedad.

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Diplomado en Magisterio, y Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Máster en Prevención e Intervención Psicológica en conducta escolar. Formador en las áreas de metodologías activas y participativas, inclusión educativa y conducta escolar. Entiendo la enseñanza como un sistema de relaciones que apoyándonos en ellas enriquecemos el proceso de aprender. Porque eso es la vida, compartir información para el crecimiento personal y el bien común. El humanismo como base, y ahora colaborando con #TRIClab en el #humanismodigital.