El primer y último elemento

La forma en la que percibimos e interpretamos el mundo tiene un camino difícil, está sujeto a percepciones de nuestra realidad.

La unión de las causas y consecuencias es una tarea que entraña grandes dificultades si se quiere hacer de una manera efectiva.

«Un hombre va al médico y le dice:

– Doctor, me duele todo. Cuando me toco la cabeza me duele. Cuando me toco aquí en el estómago, lo mismo. Cuando me toco la rodilla, me duele. Cuando me toco el pie, me duele. ¿Qué debo hacer? ¿Cómo puedo aliviar el dolor?

El médico le examina y le dice:

– Tu cuerpo está bien, pero tienes el dedo roto».

Abbas Kiarostami, director de cine, (2000) El sabor de las cerezas

LA PERSONA

Grandes pensadores de todos los tiempos han entendido la necesidad en la búsqueda de una lengua perfecta que pudiera explicar cualquier experiencia del ser humano, el relato mencionado nos acerca a lo que estamos viviendo en estos momentos en la enseñanza, centramos nuestro relato educativo en aspectos extrínsecos, pudiendo dejar de lado el problema, y no vemos que el primer y último elemento es… la persona.

Diferentes visiones educativas enraízan con gran fuerza, encontrando en ellas, el maná que hará sobrevivir al docente en su caminar. Conclusiones teóricas que acaban siendo el lugar en donde atracamos cuando uno se ha cansado de pensar.

Una necesidad de búsqueda que llega de forma rápida, formaciones, redes sociales, guardando de este modo el saber de otros, aliviando la ansiedad de nuestras experiencias vividas y que ofrecen soluciones a los problemas planteados, pero es ese saber el que debemos hacer nuestro. Así, lo importante no es memorizar fragmentos, sino dar vida a las palabras.

«En algún lugar debe haber un basural donde estén amontonadas las explicaciones. Una sola cosa inquieta en este justo panorama: lo que pueda ocurrir el día en que alguien consiga explicar también el basural»

Cortázar, J. 1998:253

PRIMER AGENTE SOCIALIZADOR

Pero, hay un aspecto que no debemos olvidar, y es el derecho del ser humano a la educación fundamentado en la dignidad. Y es que, queramos o no, la escuela se está convirtiendo en demasiados casos en el primer agente socializador, compartiendo junto a las familias el proceso de enculturación y transmisora de valores, produciendo las primeras identidades personales que, bajo su premisa de dinámica, podrá ser modificada tras experiencias vividas, y producir las mismas una mirada diferente a su interpretación del mundo que le rodea.

Ante esto, por tanto, nos encontramos en que el primer y último elemento es… la persona.

Se observa en muchos casos en el proceder y sentir de la escuela la dicotomía entre las emociones y el apartado académico, como si realmente no fueran pétalos de una misma flor.

Una emocionalidad alta, cuando supera el punto máximo de activación, repercute provocando un desajuste a nivel social y está íntimamente ligado con el rendimiento entorpeciendo el aprendizaje del alumnado, social y personal, ámbitos necesarios en el transcurso de las vivencias generando aprendizaje. Decía Montaigne

«El mundo es el libro del colegial, es el lugar en el que aprendemos, y el mundo del ser humano es un mundo social»

Por esto, el primer y último elemento es … la persona.

Todo esto nos lleva a comprender las competencias interpersonales e intrapersonales. El aula como espacio de construcción social, de relaciones, de aprendizajes conjuntos enriqueciendo cada uno de los momentos, y la persona, como receptor de los mismos, productor de nuevos, y gestor de las experiencias por vivir.

I

Competencia emocional

La competencia emocional como «capacidad para movilizar adecuadamente un conjunto de conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes necesarias para realizar actividades diversas con un cierto nivel de calidad y eficiencia» (Bisquerra y Pérez, 2007). Autoconciencia, autocontrol, autonomía, habilidades sociales y la autoeficacia, esta última correlaciona positivamente con el rendimiento académico.

II

Inteligencia emocional

Delimitar los conceptos de competencia emocional e inteligencia emocional es necesario, entendiendo la segunda como «la habilidad para percibir con precisión, valorar y expresar emociones, relaciona también la habilidad para acceder y/o generar sentimientos cuando facilitan el pensamiento, también la habilidad para entender emoción y conocimiento emocional y la habilidad para regular emociones que promuevan el crecimiento emocional e intelectual» (Mayer y Salovey, 1997)

MAQUIAVELO

Estas habilidades no son algo innato, sino aprendido, por lo que se pueden mejorar. E influyen en el rendimiento académico y en la toma de decisiones, y si no, ¿Por qué personas con un alto grado de C.I. que funcionan bien en su vida profesional no lo hacen en su vida personal y ésta, termina en fracaso?

Maquiavelo abogaba porque la persona que llegaba a triunfar es aquella que sabe adaptar su forma de proceder a la naturaleza de los cambios, es decir, catalizar los cambios, pensamientos rígidos que generan sufrimiento ante los estímulos cambiantes.

La escuela en su proceder debe atender a la formación de la persona, porque el primer y último elemento es … la persona.

CONSTRUCTO SOCIAL

Se considera que las emociones son el principal determinante del comportamiento humano. Ligadas a las actitudes, creencias cargadas de emociones que nos predisponen a actuar de forma congruente con ellas, y las reacciones automáticas, no voluntarias ni conscientes, con contenido emocional.

La escuela es un constructo social en donde conviven personas, con diferentes experiencias y debe entenderse como un espacio para generar competencia social y personal.

Intentar inculcar un aprendizaje a un alumno, que tenga un buen rendimiento académico sin atender al elemento persona, lo que ha vivido, sus experiencias, y en algunos casos no haciendo visible la mochila emocional que lleva a cuestas es tarea ardua para el docente, además que puede conllevar, con una alta probabilidad, que genere conductas inadecuadas que mostrarán la necesidad posterior de encaminarse a la intervención de las mismas.

El verdadero espejo de nuestros actos es el transcurso de nuestras vidas, nuestras experiencias, reconocimiento y gestión de las mismas.

Fijar nuestra atención en elementos emocionales, es hoy en día, si no es que siempre lo ha sido, de gran interés, y eso no conlleva infravalorar los aspectos académicos, son también importantes, experiencias centrípetas en las que lo emocional y académico caminan de la mano, se trata de enseñar, y el objetivo último es educar.

Por esto, el primer y último elemento es…

la persona

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Diplomado en Magisterio, y Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Máster en Prevención e Intervención Psicológica en conducta escolar. Formador en las áreas de metodologías activas y participativas, inclusión educativa y conducta escolar. Entiendo la enseñanza como un sistema de relaciones que apoyándonos en ellas enriquecemos el proceso de aprender. Porque eso es la vida, compartir información para el crecimiento personal y el bien común. El humanismo como base, y ahora colaborando con #TRIClab en el #humanismodigital.