En 1979, la firma norteamericana Gillette puso a la venta el Erase Mate o Replay, el primer bolígrafo borrable. No fue hasta principios de los años noventa que se generalizó en las escuelas españolas. Se trataba de unos bolígrafos que utilizamos muchos en nuestra infancia con la esperanza de haber encontrado un atajo. Rápido nos dimos cuenta de su ineficacia por la cantidad de restos de trazas, el desgaste del papel, y el sucio resultado en general. Incluso fueron prohibidos en muchas escuelas.

En 2013 una nueva generación de bolígrafos borrables entró en el mercado. Está vez, son mucho más eficaces. Se puede borrar de manera limpia, precisa y se puede escribir de manera inmediata tantas veces como se quiera, sin dañar el papel. Funciona utilizando una tinta termosensible. Es decir, que responde a cambios de temperatura. Cuando supera los 65 grados centígrados, se vuelve invisible. Por el contrario, cuando la temperatura desciende de los 10 grados centígrados, vuelve a ser visible.

El uso de este tipo de bolígrafos se ha generalizado entre los alumnos españoles de todas las edades. Ahora tienen la posibilidad de presentar manuscritos con menos errores y mayor limpieza. Puede resultar una ventaja para aquellos que tienden a los comienzos torpes, o que poseen un tembloroso pulso. Al mismo tiempo, me lleva a reflexionar sobre el valor del tachón.

La corrección mediante el simple gesto de una cruz (o mediante la forma que le queramos dar a nuestras tachaduras) puede ser muy provechoso. Puede ser un recordatorio de muestra mejoría. Se trata de una pista y un elemento descriptivo, Tiene carácter disuasorio porque amenaza la pulcritud de nuestros escritos. Funciona como activador de nuestra conciencia. Estimula la creatividad cuando le damos formas decorativas para disimular, o incluso adornar. El bolígrafo y su tinta, que permanece, tienen un carácter de responsabilidad y compromiso. Por eso funciona, o funcionaba, como un rito de paso, en el que los niños cambiaban de estatus al aceptar que ya no podrían borrar.

Tenemos a nuestro alcance ahora, con estos nuevos bolígrafos, una herramienta útil, que nos abre nuevas posibilidades. Al mismo tiempo, nos encontramos con una tecnología que podría desbancar a otra que contiene unas imperfecciones muy útiles para el proceso de aprendizaje. Sin olvidar que, con estos nuevos bolígrafos, resultaría muy fácil modificar y falsificar los documentos manuscritos, a no ser que tengamos un congelador cerca.

En esta publicidad se plantea la irrupción de estos bolígrafos como una evolución. ¿Ustedes qué opinan?

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Soy profesor, licenciado en historia del arte. Magíster en «Dirección de comercio exterior». Cuento con una dilatada experiencia como docente y me apasiona la enseñanza de idiomas (español, inglés, francés) y su relación con las nuevas tecnologías.