En homenaje a esta tierra, Canariasque me abraza

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Archipiélago

como metáfora

La potencia de las grandes metáforas está en su capacidad de otorgar sentido a esos universales antropológicos que nos unen como especie: el nacimiento, el dolor y el sufrimiento, sentimientos como el amor y la amistad, el erotismo o la conciencia de la muerte.

Esa fuente está siendo continuamente renovada por el arte, la literatura, la religión, la ciencia y la filosofía: todos ellos saberes y obras que van concretando nuestro estar en el mundo. Cada época histórica (Antigüedad, Edad Media, Modernidad) ha desarrollado una visión del mundo que le caracterizaba.

Por ejemplo, el ser humano era un parte del Todo en la imagen antigua de la realidad: ningún griego hubiera atisbado la posibilidad de pensar que el primer fundamento era el pienso, luego existo cartesiano, resultado de una duda metódica, que da inicio a la modernidad individualista de la que somos herederos.

Resumiendo: saber esta corriente profunda de la historia, nos evita equívocos y malentendidos. Todo no se puede pensar en cualquier momento.

Quisiera probar brevemente archipiélago como metáfora. Y lo primero que nos anuncia este nombre tan sugestivo es lo siguiente: un archipiélago es un conjunto de islas con un tronco común, que les une lo que les separa, o sea, el mar.

No hay vida humana solitaria, todas se desarrollan necesariamente con los otros, de ahí que la sociedad (archipiélago) no sea sólo un obstáculo como algunos puedan pensar, sino la posibilidad misma de humanización.

Dicho esto, también es verdad que todos somos individuos (islas) y que esa entidad nos dota de una personalidad única, diferente e intransferible. Y ahora podemos ver dos consecuencias inmediatas: un archipiélago es algo más que un conjunto de islas; asimismo, una isla no puede reducirse a ser un número más en una suma.

Sí, toda sociedad es algo más complejo que una suma de individuos; y a la vez, ningún ser humano es sólo un individuo cuantificable junto a otros, es una persona. Somos redes y somos nodos, y esa tensión es la vida humana individual y colectiva, pero he dejado para el final aquello que ustedes seguramente quieren saber ya: ¿y qué es el mar? La muerte, ese azul inmenso al que estamos destinados, y al que hemos respondido con lo que llamamos cultura.

Lo demás es silencio,

como todo ser humano sospecha

José Luis Coronado