Dedicado a Víctor, mi hermano canario en esta aventura de INED21, y a esta tierra entrelazada que me ha acogido con tanto cariño y donde me hago hombre y vida cada día. Y siempre a Sandra y Ayrton, mi mujer y mi hijo, ese hogar que llamo amor o Canarias, qué importa…

Gracias, de un asturiano canario que sigue fascinado.

José Luis Coronado

Canarias-Magazine-INED21

Imagen del Observatorio de la Tierra de la NASA

No pensamos, ni actuamos en abstracto. Hay un espacio y un tiempo que nos singularizan siempre. Nuestro mundo-red ha hecho posible la posibilidad de simultanear varias experiencias del espacio/tiempo, como nos reflexionó Manuel Castell. Y sin embargo, la fisicidad y la mentalidad de lo que nos rodea, nos conecta inevitablemente. Hay muchas redes, y todas llevan nuestro nombre. Desde hace tres años, Víctor y el que les escribe, creamos y desarrollamos esta iniciativa de INED21, que desemboca finalmente en este medio que están leyendo, sostenido diariamente en una lucha contra nuestra vida cotidiana. Pero hay algo de lo que nunca hemos compartido, un invisible cultural e inmediato, que condiciona nuestro proyecto y le da ciertas características: nace y se desarrolla en Canarias, ese cálido laboratorio globlal. Quisiera compartir el porqué, y a la vez ser un abrazo a esta tierra, Canarias, que me sigue emocionando como la primera vez que llegué hace quince años.

Canarias es un cálido laboratorio global porque es una cultura mestiza históricamente. En el s. XV la conquista española fue implacable con la población guanche, algo que el imperialismo repetiría en nuestra cercana Iberoamérica. Ha sido lugar de codicia y deseo de ingleses, franceses, holandeses, o turcos, y guarda en su memoria esas heridas que una mirada superficial no atisba inmediatamente. Canarias es una gran desconocida culturalmente, y tiene ese potencial crítico y socioeconómico que la pueden hacer ser un actor de primer nivel. La educación debe ser su apuesta central en este ecosistema informacional. Todo ello lo ha sintetizado, y lo ha hecho desde una generosidad y una hibridación que la hace ser una metáfora inmediata. Mestizaje no es algo que sea un objetivo, es su devenir histórico. Nuestro proyecto INED21 sólo puede ser glocal: tiene ese pluralismo y ese alcance panhispánico en nuestra sociedad red, pero en esa condición de pensar, actuar, y vivir en Canarias. Les pongo un ejemplo: cuando recibimos mensajes de Argentina, Uruguay, Chile, México, Colombia, Venezuela, o Ecuador, hay una familiaridad que no necesita presentaciones. Canarias e Iberoamérica son un puente de ida y vuelta históricamente. Como ven, la globalización tiene muchos rostros y espacios.

Canarias es un cálido laboratorio global porque es un cruce de tres grandes continentes en su complejidad. Por su geografía y clima únicos, por su solidaridad histórica y actual, compartir es una realidad que Canarias vive desde hace mucho tiempo. Conocemos la tristeza del que huye de la pobreza de primera mano. Entre Europa, África, y América, tiene esa vecindad que lo hace para la mirada atenta, una complejidad llena de aristas inesperadas. Recuerdo clases y cursos donde la interculturalidad era una realidad llamada reto. En este contexto cultural y educativo, el proceso de enseñanza-aprendizaje tiene un realismo que no es una elección, es la mejor respuesta a ese laboratorio global que es Canarias. Ahora comprenderán mejor muchas señas de identidad del proyecto INED21. Una anécdota triste y cierta, que muestra ciertas características del centralismo mental de nuestro país: cuando hemos asesorado en varias comunidades autónomas, nos han dicho siempre que pronto nos vemos en Madrid…y se asombran cuando respondemos que no podrá ser, que volvemos a nuestra Canarias inmediatamente. Algo que debería hacer reflexionar a los protagonistas de esos automatismos culturales. Pensar y vivir en Canarias, representa una oportunidad extraordinaria de desarrollar una mirada plural y global verdaderamente. Para mí, por deformación filosófica, una metáfora de nuestra condición humana: hace tiempo leí que un archipiélago es un conjunto de islas que les une lo que les separa. Hoy lo sé. Y si bajamos a sus calles llenas de vida, entenderemos esa riqueza que tiene la belleza en todos los sentidos en esta tierra. Belleza física, interior, y emocional siempre: amar es un verbo que Canarias me enseñó silenciosamente.

Canarias es un cálido laboratorio global porque su mentalidad social tiene una apertura que es un ejemplo para nuestro s. XXI. Hay una escuela histórica de tolerancia que la mentalidad canaria tiene interiorizada: el turismo. Pero casi todos los que han podido visitarla, siempre señalan algo más: la calidez y cercanía de su gente. Quisiera profundizar: viene de una apertura vital donde el otro es un encuentro, y nunca una obligación. Un encuentro espontáneo, donde vivir es una trama llena de luz. Déjenme repetir esa verdad: luz. He asistido a crepúsculos que ningún arte podrá mostrar. He visto cómo esa luz te dice adiós, y hace que la eternidad ya no sea sólo una palabra. Sí, ese sol que hace que tenga uno de los mejores climas del mundo, y que moldea su carácter como una arena inmediata. Esa apertura es una humanización de una geografía y un clima extraordinario. Su singularidad se ha podido transformar en una actitud que, lo sepamos o no, es una de las necesidades de nuestra globalización actual. Apertura y empatía, algo más importante que cualquier conocimiento. De ahí que tantos hayan decidan volver o quedarse para siempre.

Termino con la familiaridad que tiene esta geografía que me rodea: escribo desde Santiago del Teide, al suroeste de Tenerife, con ese volcán a mis espaldas como un coloso silencioso. Tiene una majestuosidad tranquila y que no amenaza, como un amor que necesita altura para abrazarte. Tengo delante una de las panorámicas más espectaculares que la naturaleza pueda dar: el acantilado de los Gigantes. Se esconde en estas rocas un mundo secreto y de confidencias, mi imaginación me observa cómplice y sonríe. Y en ese océano Atlántico donde nado cada día, tres islas me llenan de una luz lejana. Están ahí, como esos ojos asombrados que las acercan cada noche. Sí, no dejo de saludarlas diariamente: la Gomera, la Palma, y el Hierro. En mi mente, otras tres islas me acompañan desde su llamada: Gran Canaria, Fuerteventura, y Lanzarote. Hace días mi hijo, con ese acento canario maravilloso, me preguntó: “Papa, nunca me lo has dicho, ¿por qué te gusta tanto Canarias”. Necesitaba escribírtelo. Gracias.