Análisis de la novela Amar solo por vencer, de María de Zayas

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*Análisis de la novela Amar solo por vencer de María de Zayas

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La novela Amar solo por vencer, incluida en Desengaños amorosos (1647) se inscribe dentro de la denominada “novela de entretenimiento” (Cotoner y Riera 285) y está destinada a un público femenino (286), ya que el final puede ser percibido como una moraleja para las mujeres de la época.

Mediante dicho final la voz narrativa pretende que la historia narrada se convierta en enxiemplo, estableciéndose así un paralelismo con la obra El conde Lucanor (1575) de don Juan Manuel; pero también con la aparente intención didáctica de Libro de Buen Amor (1330) de Juan Ruiz, arcipreste de Hita, y, especialmente, con La Celestina (1499) de Fernando de Rojas.

Amar solo por vencer

En la novela se puede apreciar “la condición social de la mujer en la España barroca” (Cotoner y Riera 285) desde el propio inicio de la misma y la “apariencia de realidad” (289), ya que se recrea la vida de la familia de Laurela, que pertenece a la nobleza:

Ya se entiende que siendo sus padres nobles y ricos la criarían y dotrinarían bien, enseñándola todos los ejercicios y habilidades convenientes, pues sobre los caseros, labrar, bordar y lo demás que es bien que una mujer sepa para no estar ociosa, fue leer y escribir, tañer y cantar a un arpa, en que salió tan única que oída sin ser vista parecía un ángel, y vista y oída, un serafín.

Aún no tenía Laurela doce años cuando ya tenía doce mil gracias; tanto, que ya las gastaba como desperdicios y la llamaban «el milagro de Naturaleza»” (Zayas y Sotomayor 143).

Zayas utiliza el “molde de la novela cortesana” (Cotoner y Riera 287), en el que destaca la temática amorosa y se introduce una figura que bien podría recordar a la del pícaro: Esteban.

Este no duda en actuar con astucia para acercarse a Laurela, travestirse, fingiendo así que es una criada, seducirla y lograr su objetivo final: mantener relaciones sexuales con ella. Después la abandona advirtiéndole que debe regresar a su vida de casado.

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En Amar para vencer se aprecian dos objetivos de la autora a la hora de configurar su materia narrativa en relación a la construcción del personaje femenino principal. En primer lugar: “actuar de la misma manera, sagaz y astuta, como lo hacen los hombres: mentir” (Cotoner y Riera 291).

La protagonista de la novela (Laurela) se deja seducir con astucia por Estefanía (Esteban). Del juego dialéctico establecido por ambos personajes puede inferirse una incipiente relación homosexual que “se justifica mediante el equívoco del disfraz” (Cotoner y Riera 301) y se deja esbozada tímidamente en algunos fragmentos de la novela:

Dada, pues, la licencia, entró la doncella, y vista e informadas de lo que sabía hacer, agradadas de su brío y desenvoltura, a pocos lances quedó en casa. Porque si a todas agradó, a Laurela enamoró: tanto era el agrado de la doncella. No fue este amor de la calidad de don Esteban; porque Laurela, sin advertir engaño, creyó que era mujer (Zayas y Sotomayor 146).

Admiradas estaban doña Leonor y sus hijas, con todas las demás, de oír a Estefanía; y Laurela (que de rato en rato ponía en ella sus hermosos ojos notando los sentimientos con que cantaba), tomando y dejando los colores en el rostro conforme lo que sentía” (Zayas y Sotomayor157)

No obstante, y aquí es donde se aprecia el punto señalado, cuando Laurela sabe por boca de Estefanía/Esteban que realmente es un hombre quien la corteja, no duda en escaparse con él y ser desleal a don Enrique, personaje con el que su padre la había prometido.

El tema del homoerotismo no solo se aprecia en la pareja Estefanía/Laurela, sino a través de la figura de Bernardo, el padre de la protagonista, que se siente sexualmente atraído por Estefanía/Esteban. La técnica del narrador omnisciente deja constancia de ello:

“Y no sabía cómo declararse con Laurela, ni menos librarse con su padre, que, perdido por ella, era sombra suya en todas las ocasiones que podía” (Zayas y Sotomayor158).

El segundo objetivo de Zayas, de los tres planteados por Cotoner y Riera (291) para la producción novelística de la autora que nos ocupa, se plasma en el final de la novela: las hermanas de Laurela aprenden, tras el asesinato de esta, que es mejor optar por el refugio:

«En la vida conventual, en la que se está a salvo de la amenaza permanente de los hombres, y donde se tiene la posibilidad de estudiar, al abrigo y compañía de otras mujeres» (291).

En Amar solo por vencer destacan las “técnicas argumentativas de las ars praedicanda” (Cotoner y Riera 289). Este aspecto se aprecia especialmente en los parlamentos establecidos entre Laurela y Estefanía. Además, el empleo de la canción (verso) también contribuye a reforzar esta técnica, ya que, mediante el juego musical de Estefanía, se introducen distintos tipos de discurso.

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Los poemas “son una ventana a los sentimientos íntimos” (Quintana 106); pero también “crean una segunda narrativa desde la focalización interna del personaje que experimenta los acontecimientos” (106).

Personajes tipo

La autora emplea en la novela personajes-tipo que se caracterizan por ser funcionales (290):

  • La trama que se genera en torno a la figura del varón determina su función en la novela: acercarse a la protagonista para mantener relaciones sexuales con ella.
  • Pero el rol de la mujer se define como “activo” (Cotoner y Riera 290), ya que se rebela ante el destino definido por su padre (el casamiento) y decide huir con su amante.

Después, tras ser abandonada por este, cuenta la verdad del ultraje sufrido a sus familiares.

Se puede establecer un claro paralelismo con “la comedia de capa y espada” (Cotoner y Riera 286). En este caso, la capa, que el caballero solía emplear para la conquista de la dama en las comedias del Siglo de Oro, es sustituida por el disfraz de mujer empleado por Esteban.

En relación a este aspecto destaca el “hábil manejo de la trama” (286). Se nos plantea una aparente historia de amor que desemboca en traición y ultraje para, finalmente, concluir con el asesinato de la protagonista mediante la tortura previa del cuerpo: la cabeza de la dama se fractura mediante una pared derribada por sus propios familiares (el padre y el cuñado de este).

Posiciones anti “feministas” y pro feministas

Para ahondar en el análisis de la novela desde la perspectiva de género he decidido seleccionar citas de la misma que ilustren posiciones anti “feministas” y pro feministas.  Con respecto a las primeras, he seleccionado fragmentos en los que se aprecia un marcado carácter misógino que determina el pensamiento de la época en cuanto al tema de las relaciones sexuales, así como los celos que siente Estefanía y su afán por poseer a Laurela en un intento de aislarla de la sociedad:

—Pues según eso —dijo otra doncella—, los hombres de ahora todos deben de amar sólo con el cuerpo y no con el alma, pues luego olvidan, y tras eso dicen mal de las mujeres, sin reservar a las buenas ni a las malas (Zayas y Sotomayor 157).

—Amiga —respondió Estefanía—: de las buenas dicen mal porque no las pueden alcanzar. y de las malas, porque están ahítos dellas. —Pues ¿por qué las buscan? —dijo la otra hermana de Laurela. —Porque las han menester —dijo Estefanía— y por escusar un buen día a los muchachos, por que los maestros no los suelten temprano (158)

Pues sucedió (porque la fatal ruina de Laurela venía a toda diligencia) que aquel caballero que vivía en casa y amaba a Laurela con mortales celos de Estefanía, tornó a pedírsela por esposa a su padre, diciendo, por que no se la negase, que no quería otro dote con ella más que el de su hermosura y virtudes; que don Bernardo, cudicioso, aceptó luego, y tratándolo con su mujer y hija, la hermosa Laurela obedeció a su padre, diciendo que no tenía más gusto que el suyo (158).

Y muchas veces Laurela se enfadaba de tanto querer y celar, porque si salía fuera, aunque fuese con su madre y hermanas, cuando venía la pedía celos. Y si tal vez salía con ellas, le pedía que se echase el manto en el rostro por que no la viesen, diciendo que a nadie era bien fuese permitido ver su hermosura.Si estaba a la ventana la hacía quitar, y si no se entraba se enojaba y lloraba, y le decía tan sentidas palabras que Laurela se enojaba y la decía que la dejase, que ya se cansaba de tan impertinente amor” (152).

amar solo por vencer

En la última cita, podemos apreciar como Laurela se rebela frente al intento de posesión por parte de Estefanía/Esteban, dejando así de manifiesto su papel activo como mujer. De igual manera, cuando Estefanía expone su auténtica identidad y ambos deciden mantener una relación clandestina como amantes, se aprecia que “el cuerpo femenino es entendido como objeto erótico” (García Gavilán 287). Laurela es abandona tras ser cosificada. Destaca el pronombre posesivo “suya”, que determina el vínculo de propiedad con respecto al objeto poseído (el cuerpo):

Se fueron a la casa que don Esteban tenía apercebida, dando el traidor a entender a la desdichada Laurela que era suya, donde se acostaron con mucho reposo, Laurela creyendo que con su esposo, y él imaginando lo que había de hacer, que fue lo que ahora se dirá” (161). “Las cosas, hermosa Laurela, que se hacen sin más acuerdo que por cumplir con la sensualidad del apetito no pueden durar, y más cuando hay tanto riesgo como el que a mí me corre, sujeto al rigor de tu padre y esposo, y de la justicia, que no me amenaza menos que la horca. Yo te amé desde que te vi, y hice lo que has visto. Y te amo, por cierto; mas no con aquella locura que antes, que no miraba en riesgo ninguno; mas ya los veo todos, y todos los temo, con que es fuerza desengañarte (Zayas y Sotomayor 162).

Por otra parte, Esteban, al travestirse, puede comprobar en su propia piel la doble dominación a la que se hayan sometidas las mujeres, ya que debe hacer frente no solo al acoso de don Bernardo, sino al intento de chantaje para acordarle un buen casamiento:

No le faltaban a Estefanía, sin las penas de su amor, otros tormentos que la tenían bien disgustada, que era la persecución de su amo, que en todas las ocasiones que se ofrecían la perseguía, prometiéndola casarla muy bien si hacía por él lo que deseaba (152).

Por último, en relación con esta línea anti feminista, destaca el trágico final de la protagonista. En él podemos apreciar la tortura del cuerpo, como anticipé anteriormente, la venganza de los familiares y el concepto de honor y honra, tan presentes en la época y definidos, por tanto, desde una perspectiva heteropatriarcal.

Pues apenas se apartó la tía cuando los que estaban de la otra parte derribaron la pared sobre las dos, y saliéndose fuera, cerraron la puerta, y el padre se fue a su casa, y el tío dio la vuelta por otra parte, para venir a su tiempo a la suya” (164):

“Laurela de todo punto muerta, porque la pared la había abierto la cabeza, y con la tierra se acabó de ahogar. La doncella estaba viva, mas tan maltratada que no duró más de dos días. La gente que acudió se lastimaba de tal desgracia, y su tía y tío la lloraban, por cumplir con todos; mas a una desdicha de Fortuna, ¿qué se podía hacer sino darles pésames y consolarlos?” (165). «Páguelo la traidora, que se dejó engañar y vencer, pues no hemos podido hallar al engañador para que lo pagaran juntos» (Zayas y Sotomayor 165).

Doble lectura

La moraleja final, a la que me he referido anteriormente, presenta una doble lectura.

  • De una parte, puede interpretarse como un final anti feminista, ya que el pánico a los varones provoca que las hermanas de la protagonista se recluyan en el convento.
  • Pero también puede interpretarse como un final protofeminista, ya que la autora busca que la mujer tome conciencia de las desigualdades establecidas a través de la cosificación y dominación sexual por parte de los varones heterosexuales y entienda que debe rechazar este tipo de relación marcada por la desigualdad:

Las hermanas de Laurela entraron, a pocos meses, monjas, que no se pudo acabar con ellas se casasen, diciendo que su desdichada hermana las había dejado buen desengaño de lo que había que fiar de los hombres; y su madre, después que enviudó, con ellas. Las cuales contaban este suceso como yo le he dicho, para que sirva a las damas de desengaño para no fiarse de los bien fingidos engaños de los cautelosos amantes, que no les dura la voluntad más de hasta vencerlas (Zayas y Sotomayor (165)

amar solo por vencer 1

Con respecto a las citas en las que destacan actitudes claramente pro feministas, en primer lugar, he seleccionado la siguiente:

“Y aquí: —Sí. Mas es amor sin provecho amar una mujer a otra —dijo una de las criadas. —Ése —dijo Estefanía— es el verdadero amor, pues amar sin premio es mayor fineza” (Zayas y Sotomayor 157).

En ella se alude a un amor que no busca la dominación sexual. En relación a este aspecto, cabe destacar también el parlamento de Laurela:

Deja esas locuras —replicó Laurela— y canta un poco, que es disparate creer que yo te tengo de agraviar en el alma ni en el cuerpo, siquiera por que sea verdad lo que mi madre dice, que cantarás mandándolo yo. (153).

Destaca también como aspecto “protofeminista” la equiparación de las almas femeninas que, como subrayan Cotoner y Riera, ya está presente en Christine de Pizan y Teresa de Jesús:

Pues para amar, supuesto que el alma es toda una en varón y en la hembra, no se me da más ser hombre que mujer; que las almas no son hombres ni mujeres, y el verdadero amor en el alma está, que no en el cuerpo; y el que amare el cuerpo con el cuerpo no puede decir que es amor, sino apetito (Zayas y Sotomayor 157).


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En esta línea protofeminista se inserta también la huida de Laurela con Esteban, a pesar de estar prometida con don Enrique por voluntad del padre de la joven.  Nos encontramos ante una mujer que no solo desafía el modelo patriarcal que le es impuesto por su condición de mujer, sino que también se rebela contra las convenciones sociales del momento:

Mas ya sana y convalecida, concertaron ella y su amante, viendo con la priesa que se facilitaba su matrimonio con don Enrique (que, hechas las capitulaciones y corridas dos amonestaciones, no aguardaban a más que pasase la tercera para desposarlos) y cuán imposible era estorbarlo ni persuadir a sus padres que trocasen a don Enrique por don Esteban (Zayas y Sotomayor 161).

Escenarios

Como valoración crítica de la obra, considero que la autora ha sabido elaborar con gran maestría el contraste de dos escenarios antagónicos, anticipándose a las posteriores teorías de género.

  • El espacio femenino aparece representado mediante risas, versos y reflexiones filosóficas en las que la ética y la moral adquieren una gran relevancia.
  • Frente a este espacio se alza el escenario masculino, fraguado por la dominación, la traición, el desengaño, la venganza, la tortura del cuerpo femenino y la muerte.

Coincido en el hecho de que la trama avanza con agilidad, como han subrayado Cotoner y Riera, y además considero que el logro reside en que dicha trama se sustente en un doble disfraz. Este aspecto, a mi modo de ver, genera una excelente tensión narrativa y permite la existencia de bastantes paralelismos con célebres comedias de Lope de Vega y Calderón de la Barca.

Por otra parte, la estructura de la obra y el acertado empleo de los versos, así como la “apariencia de realidad”, que se plasma en las descripciones y diálogos, convierten a esta novela en un excelente ejercicio literario que resulta bastante atractivo desde la óptica contemporánea.

Homoerotismo

Aunque la sociedad barroca no tolerase que se hiciera explícita en las letras una relación homosexual por cuestiones de decoro (Barbeito 177-178), pienso que Zayas plasma con gran audacia e ingenio el tema del homoerotismo desde una doble vertiente:

  • La masculina (Bernardo/Estefanía).
  • Y la femenina (Laurela/ Estefanía).

Esta doble perspectiva homoerótica constituye, a su vez, un trágico triángulo amoroso que acentuará el carácter sádico de la venganza perpetrada contra el cuerpo de la mujer, confiriendo así una acertada tensión a la novela hasta que esta alcanza su impactante clímax.

amar solo por vencer

Como apunta García Gavilán en su análisis, la obra se abre con la belleza del cuerpo, reclamo perfecto para Esteban, y se cierra de forma magistral con la aniquilación del mismo mediante la tortura.  En este caso, el horror alcanza las más altas cotas debido a que el asesinato es perpetrado por el propio padre.

No obstante, como señala también García Gavilán, el detonante e hilo conductor del fatal desenlace reside en la paradójica figura de Esteban, que a su vez constituye la encarnación del pícaro.

Conclusión

En mi opinión, es un gran logro protofeminista la recreación del cuerpo mutilado, ya que constituye una metáfora de la reivindicación del espacio erótico femenino y constituye, por tanto, una clara denuncia a un sistema opresivo de carácter heteropatriarcal. Tras la metáfora del convento, Zayas invita a las mujeres a la construcción de una habitación propia desde la que poder analizar el mundo desde otra perspectiva y descubrir la propia identidad.


*N. del E.: Trabajo realizado por Ángela María Ramos Nieto en el módulo del doctor Jorge Luis Peralta para el Máster en Estudios Avanzados en Literatura Española e Hispanoamericana.


Referencias consultadas

Barbeito, M. I. Mujeres y literatura del Siglo de Oro: espacios profanos y espacios conventuales. Madrid: Safekat, 2007.

Blanqué, A. “María de Zayas o la versión de ‘las noveleras’”. Nueva revista de Filología Hispánica, 39 (2), pp. 921-950, 1991.

Cotoner, L. y Riera, C. “Zayas o la ficción al servicio de la educación femenina”. En Breve historia feminista de la literatura española, 4. La literatura escrita por la mujer: Desde la Edad Media al siglo XVIII. Coord. Iris Zavala. Barcelona: Anthropos, pp. 281-303, 1993.

García Gavilán, I. “El cuerpo femenino como metáfora en Amar solo por vencer de María de Zayas y Sotomayor”. Estudios humanísticos. Filología, 23, pp. 279-292, 2001.

Goytisolo, J. “El mundo erótico de María de Zayas”. Ruedo Ibérico, 39-40, pp. 3-27, 1972/3.

Quintana, B. “La poesía de los Desengaños amorosos de María de Zayas y su función unificadora dentro del marco narrativo”. Etiópicas, 7, págs. 105-119, 2011.

Rodríguez Cuadros, E. y Haro Cortés, M.  “Introducción”. En Entre la rueca y la pluma. Novela de mujeres en el Barroco, Leonor de Meneses, María de Zayas, Mariana de Carvajal, edición y notas de E. Rodríguez Cuadros y M. Haro Cortés, Madrid: Biblioteca Nueva, pp. 43-87, 1999.

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Solana Segura, C. “Las heroínas de las Novelas amorosas y ejemplares de María de Zayas frente al modelo femenino humanista”. Lemir. Revista de Literatura Española Medieval y del Renacimiento, 14, pp. 27-33, 2010.

Stroud, M. “La literatura y la mujer en el Barroco”. Actas del VIII Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas. Coords. David Kossoff et al., Madrid: Itsmo, pp. 605-612, 1986.

Vollendorf, L. “Fleshing Out Feminism in Early Modern Spain: María de Zaya’s Corporeal Politics”. Revista Canadiense de Estudios Hispánicos, 22 (1), pp. 87-108, 1997.

Zayas y Sotomayor, María de. Amar solo por vencer/ Estragos que causa el vicio. En Desengaños amorosos. Edición preparada por Enrique Suárez Figaredo, Lemir. Revista de Literatura Española Medieval y del Renacimiento, 18, pp. 143-167 y 247-264, 2014 [1647].

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