Nuestra vida como seres sociales se expresa en las relaciones que sostenemos con otros y estas a su vez se concretan en las conversaciones, conversando, espacios de mutua transformación derivados del habla y la escucha recíprocas.
Cuando conversamos, cambia la realidad. Las conversaciones son declaraciones que van fluyendo entre las personas, que van modificando el ser de quienes las sostienen, la relación de los conversantes, pero sobre todo lo que se genera en el futuro.

Friedrich Nietzsche al plantear la voluntad de poder, expresa que la tarea más importante del ser humano no es conocerse, ni vencerse a sí mismo, como lo sostuvieron filósofos anteriores, sino transformarse en aquello que sueña, aspira y proyecta, en otras palabras, convertirse en aquello que está llamado a ser.
El poder creativo de las conversaciones
Es ese su poder y grandeza. En este sentido, las conversaciones forman parte de su poder transformador: tienen un poder generador, totalizante, identitario, relacional, comprometedor y ulterior.
Cuando pensamos en una nueva forma de relacionarnos, de convivir entre los seres humanos y con el planeta, cuando comprendemos que necesitamos acercarnos, abrazarnos, mirarnos y conectarnos, lo que estamos haciendo es relevar la importancia que tienen las conversaciones en nuestra vida.
Conversando ¿Qué generan las conversaciones?
Podemos señalar claramente que mediante las conversaciones, hacemos cosas (Austin, 1971). La conversación es una acción que genera resultados. ¿Cuáles con estos? Podríamos señalar las siguientes
Crean realidades
Las conversaciones tienen un poder infinito de creación y construcción de realidades: Cuando conversamos, ocurren “determinadas cosas” que no hubiesen ocurrido si tal o cual conversación no se hubiera efectuado. La profesora le dice a sus estudiantes “Este año haremos un campamento en la montaña a final de curso”.
El mundo para esos niños y su maestra es diferente, no cuando se materialice la actividad, sino a partir del momento de su declaración. En otras palabras, el viaje-experiencia se comienza a vivir desde ese mismo momento (Onfray, 2016).
Nos envuelven como totalidad
Cuando conversamos lo hacemos como una totalidad, no sólo con el lenguaje. Conversamos con todo nuestro ser, con nuestra emocionalidad y corporalidad. Una conversación siempre es todo armónico de cuerpo-emoción-lenguaje.
Una de las dificultades que experimentamos en este tiempo de distanciamiento social y confinamiento, a pesar de todos los avances tecnológicos que nos permiten mantenernos comunicados, es que no podemos sentir la emocionalidad y corporalidad de los otros. Experimentamos con inusitada fuerza la necesidad de abrazarnos, estrecharnos, besarnos.
Otorgan identidad
La manera como conversamos con otros y nosotros mismos, determina cómo somos. Las conversaciones nos otorgan identidad ante los otros y con los otros. Cuando hablamos con otros, nos develamos, nos mostramos tal cual somos, precisamente desde nuestra doble condición de hablantes y escuchadores.
Cuando conversamos ¿preguntamos, mostramos interés por el otro o solo hablamos de nosotros y de lo que hacemos? ¿de qué hablamos cuando hablamos? ¿Con quiénes hablamos? ¿Dejamos hablar al otro o solo hablo yo? La respuesta a estas interrogantes da cuenta de la identidad que tenemos con y ante los otros.
Construyen relaciones
Cuando queremos conocer personas y establecer vínculos con quienes no los tenemos, abrimos conversaciones que nos permiten conectarnos. Vamos a una reunión, no conocemos a nadie, nos acercamos a alguien y lo más probable es que le preguntemos algo, derivando luego en una conversación que se extiende, convirtiéndose en una relación coloquial.
Con una conversación banal o circunstancial en el transporte público o en un café se inicia una relación de amistad profunda. Cuantas veces a partir de una discusión producto de un mal entendido, se inicia una relación de pareja. Con una conversación también se establecen las condiciones de esa relación y también se finaliza o produce el quiebre.
Establecemos compromisos
Los compromisos que asumimos los hacemos a partir de una determinada conversación. Dependemos unos de otros a través de promesas que se sostienen en otras promesas. Su cumplimiento construye confianza. Somos personas fiables porque somos capaces de cumplir nuestros compromisos, los que se construyeron mediante conversaciones.
La firma de un contrato de trabajo es la formalización de una conversación en que nos comprometemos a hacer determinadas tareas a cambio de una remuneración. Pedimos un dinero prestado y nos comprometemos a devolverlo en un plazo y de acuerdo a ciertas condiciones. Acordamos una hora al médico, él la agenda y reserva ese espacio-tiempo para mí, con la confianza que asistiremos en el día y la hora a esa consulta.
Diseñamos el futuro
Cada vez que tenemos problemas, sueños, proyectos e iniciativas que tienen que ver con el futuro, iniciamos conversaciones con otros para diseñar nuevas posibilidades, futuros diferentes y mundos distintos.
Cuántos viajes se han concretado a partir de una conversación donde los participantes se encontraban aburridos o cansados, emprendimientos surgidos producto de la pérdida de un trabajo o de ver una demanda no satisfecha.
Estas conversaciones son básicamente movilizadoras y desplazadoras. Mueven a la acción, pero fruto de ello, se convierten en situaciones de desafío que no sólo cambian la realidad, sino que a los propios participantes.
Si bien, todos nos pasamos la vida conversando, no todos somos conscientes del poder que tenemos. El poder para crear, generar y construir. Descubrir ese poder y desarrollarlo, transforma la propia vida y la de los otros, con el simple acto de conversar mejor.
Bibliografía
Austin, J.L. 1982. Cómo hacer cosas con palabras: palabras y acciones. Barcelona: Paidós
Onfray, M. 2016. Teoría del Viaje. Buenos Aires: Taurus.
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