EL DEBATE DEL LIBRO DE TEXTO NO ESTÁ CERRADO

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Grosso modo tenemos dos teorías principales del aprendizaje:

Transmisión

Construcción

Aparecidas por este orden cronológico. Dos maneras de que los mayores gestionen la sustitución generacional. Se crea un modelo ideal de cultura y se vierte dosificadamente. O se acerca la cultura diversa que hay y se ayuda a tomarla. Ninguna de las dos se practica de forma pura y las dos permiten defectos extremos.

La transmisión pura sería una conferencia inacabable o una lectura infinita. Pero hasta en época medieval las preguntas y la interacción modelaban el aprendizaje.

La construcción pura parecería un perfecto autodidactismo o el aprendizaje por descubrimiento como si los alumnos debieran redescubrir toda la ciencia en cada generación con simples sugerencias magistrales.

Nada es puro en la historia humana pero sí hay tendencias mayoritarias.

El aprendizaje por transmisión es más antiguo y tiene sus métodos e instrumentos mejor definidos. Se diga lo que se diga, el libro de texto es la herramienta principal. Y si no, la más cara.

El aprendizaje por construcción es reciente como teoría y padece de un grado de indefinición y experimentalidad que, creo, le hacen ser “la oposición” por ahora.

En uno y otro hay dos constantes, un maestro (-a/-os/-as) como representante del mundo adulto que transmite la cultura y unos alumnos, como generación entrante, que construyen su aprendizaje. El resto está en discusión.

La cultura es todo lo que nos hace humanos. Y precisamente porque no viene en los genes hay que transmitirlo, única manera de hacerlo crecer en cuerpos nuevos. La cultura también es común a las dos teorías, pero cómo, cuál, cuánta y de qué calidad se administra es justo el botín de guerra entre los defensores de una y otra teoría. Es justo lo que hace de la escuela un asunto político porque afecta a la producción y distribución de bienes terrenales.

Transmitirla es transferirla de manera controlada para que se asiente en los cuerpos sin causar cambios estratégicos. Parte de la premisa de que el mundo va bien o todo lo bien que puede ir. Sólo hay que mantenerlo y mejorarlo si es posible.

Construirla es ayudar a las mentes a apropiársela para que liberen su potencial con todo el bagaje previo. El supuesto es que el mundo puede ser reinventado y que los protagonistas podemos ser todos.

Es evidente que:

una buena pedagogía de transmisión no impide que los alumnos piensen y

una mala pedagogía de construcción puede sumirlos en el desconcierto.

Hay infinitos casos de buen desempeño transmisor y de un uso magistral (en el buen sentido) del libro de texto. Lo que me propongo demostrar es que la pedagogía de transmisión ayudada de  manuales escolares tiene unos techos culturales, sociales y pedagógicos que con la pedagogía de construcción con biblioteca y materiales pueden superarse.

En artículos anteriores he propuesto una panoplia de materiales para una pedagogía constructiva, encabezada por una biblioteca de aula. Así etiquetaré y analizaré las posibilidades de uno y otro modelo:

libro de texto (utilizaré a menudo la palabra manual, como se suele, en lugar de “libro de texto”) y

biblioteca de aula.

PEDAGOGÍA DEL LIBRO DE TEXTO

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Creo que hay confusión acerca de esto. Los más avisados saben que no es preciso haber hecho comprar un libro de una editorial para estar practicando una pedagogía de transmisión con libro de texto.

Los defensores del manual aducen que éste es sólo un material más en su panoplia metodológica. Ellos mismos fabrican material nuevo o diseñan experiencias, visitas, conferencias y debates. El libro de texto ofrece seguridad en forma de ejercicios, textos, ilustraciones y propuestas. Incluso que el manual es irrelevante para definir el tipo de aprendizaje, transmisionista o constructivista que se practica.

Muchos se jactan de no prescribir un manual, pero reconocen confeccionarse el suyo con recortes y fotocopias de otros manuales, una especie de “personalización” tipo Frankenstein. Otros simplemente recurren a su palabra y a materiales de su propia autoría.

Se supone que todo profesor conoce y domina el material que está usando y que puede añadirle infinidad de datos, lecturas y experiencias propias. Pero creo que hay motivos para relativizarlo o matizarlo. De entrada los concursos de traslados y las reestructuraciones en los centros (a golpe de ley, a menudo) hacen que muchos maestros tengan que empezar con una materia en la que no son tan duchos como la que venían impartiendo o que desconozca los libros que se usan y la manera de usarlos en un centro nuevo al que acaban de llegar. No sabemos de profesores de Historia que se vean haciendo Latín, pero no nos extrañaría que pudiera verse lo contrario. Posiblemente haya más intercambio entre profesores de ciencias (Matemáticas, Física y Química… Biología y Geología incluso).  Eso en secundaria. En primaria la realidad es más líquida. No quiero confesar lo que me he visto haciendo sin tener mucha idea.

Sin objetar el buen conocimiento de la materia, el papel del profesor suele ser el de administrar ese contenido curricular ateniéndose al tiempo, al espacio y a los alumnos. Mediar entre el currículo oficial y los alumnos para evitar que aquél llegue a ahogarles. Lo habitual es que se divida el tiempo del curso entre el número de capítulos finalmente asumidos y esperar que no haya muchos imprevistos. También puede uno encomendarse a la suerte, empezar por el principio e ir haciendo. La primera actitud puede causar algo de estrés cuando uno se percata de que no todos los alumnos siguen el ritmo o que los temas son desigualmente entendidos o que los alumnos le distraen a uno con asuntos paralelos o que el año viene con accidentes o… vaya usted a saber. Mi experiencia de estudiante es que no llegué nunca a la revolución francesa, tema sobre el que he tenido que leer  por mi cuenta de mayor (sobre todo lo demás también, pero ésa es otra cuestión… o un aspecto de la misma que se verá más adelante).

El currículo

En general se trata de que el modelo de libro de texto (se use o no) va aparejado con el de currículo detallado. Si el currículo no lo detalla la administración, será el mismo centro quien deba hacerlo (recuérdense los “niveles de concreción” de la LOGSE). En cualquier caso los manuales deberán contener todo lo que pueda necesitarse. O al menos esa es su apuesta competitiva. Y en esa convergencia entre manual y currículo aparecen algunos de los problemas típicos que tienen que ver con el fracaso escolar (sin que pretenda atribuirse lo al manual ni al currículo… directamente y en exclusiva):

El “detalle” difícilmente convivirá con la inclusión. Los alumnos en la educación obligatoria son tan variados en capacidades e intereses que el currículo detallado creará necesariamente una minoría de excluidos que puede ser abultada, como es nuestro caso.

El conjunto de manuales es caro y precisamente los que con más dificultades seguirán el currículo son los que tendrán los manuales tarde, prestados o los verán como un lujo indeseado.

Dado que el manual debe contener todo el currículo prescrito al detalle sin ser demasiado caro ni demasiado voluminoso, su redacción tenderá a ser densa, epigramática, a veces oscura y equívoca para personas inexpertas. Su letra, pequeña y apretada. Las imágenes grandes con buena usabilidad serán escasas.

Los alumnos, creo, se dan cuenta implícitamente de que están constreñidos en una especie de encaje de bolillos relativamente externo a ellos. Aunque sin duda habrá un amplio arco de comprensión de lo que realmente representa el currículo para ellos. Desde los que saben ver que es un resumen cultural que responde en algo a la realidad del mundo, pasando por los que  creen que es el peaje para obtener un buen trabajo, hasta los que no le ven ninguna utilidad práctica ni relación con la vida. Lo demás depende de la habilidad del profesor.

El sentido del libro es recoger todos los contenidos que un joven culto debe conocer. La práctica muestra que elegiros es una empresa de dudosa objetividad. Cada editorial propone ofreciendo y los maestros deciden comprando. En función de “su visión” propia… o de otras razones. Pero las dudas siguen ahí. Los editores y redactores tienen saberes que proceden de las anteriores generaciones de “textos”, poseen sus “puestas al día” particulares y se deben al juicio social del público cliente. Eso marca límites.

Es un proceso que viene de la Ilustración del siglo XVIII y de su desarrollo en el XIX. La división en asignaturas apenas se ha modificado y cuando se intenta, el control de la tradición frena. Cuando se creó el área de Ciencias Sociales, no hubo fuelle para pasar de la etiqueta, y el nuevo manual se limitó a contener productos clásicos y probados: Geografía e Historia. ¿Qué pasó con la antropología, la sociología, la psicología, la justicia o la administración, temas todos que tendrán un papel real e importante en la vida de los alumnos? ¿Con qué criterio resultan más importantes todas las capitales de Europa que conceptos básicos de justicia y organización humana? Pero, claro ¿cómo iban los maestros a explicar cosas que a ellos no les habían explicado? No imaginamos hasta qué punto la cultura se estanca en los libros de texto y en maestros vicarios de ellos. Sólo de vez en cuando se hacen actos revolucionarios y encima la realidad se nos vuelve en contra. Pienso en la matemática de conjuntos.

El hecho, para mí, es que el intento del manual de contener la cultura mínima necesaria es un intento vano e inútil que se beneficia de la tradición y de instituciones paralelas a la escuela: formación de maestros, edición escolar, burocracia estatal. Hasta el punto de que no imaginamos la educación sin él. ¿Y qué es lo culturalmente necesario? Para unos esto más, para otros aquello más… Y se supone que cada cual encontrará una oferta editorial a su medida exacta. Los alumnos lo que perciben es un maestro “guay” o no y un libro bonito o no. El resultado raramente superará la propuesta mínima. Raros serán los alumnos que trasciendan la propuesta editorial y la magistral. Por eso digo que la pedagogía del libro de texto es “de mínimos”.

Yo propondría (no soy el primero ni el último) no obsesionarse con el detalle y trazar un currículo generalizante que esté ahí para no olvidar nada. Que sóo proponga y que pueda discutirse permanentemente. Que nadie se obsesione con el mes de septiembre, y menos las editoriales. A partir de ahí, subamos a las estrellas, si podemos. Si optamos por “el texto” es porque desconfiamos de nosotros mismos. No creo que sea una apuesta ganadora en el mercado del futuro.

El uso

Con lo dicho hasta ahora se me  plantea una primera cuestión: si el profesor es la parte principal y el profesor debe dominar el currículo y el manual… ¿Para qué el libro de texto? La pregunta era retórica y la respuesta obvia. No basta con escuchar. No siempre es posible tomar apuntes. Hay que leer. El libro de texto puede ser usado de infinidad de maneras.

De apoyo a la exposición del tema como suelen usar la guía los melómanos en los conciertos. Simultáneamente subrayando, a indicación expresa del profesor, siguiendo la pauta de sus énfasis o a criterio del alumno y normalmente en la lectura a posteriori.

Como lectura previa y/o posterior a la exposición y para preparar las dudas y preguntas.

Con ambos propósitos combinados y en diferentes momentos.

Como base para la ampliación de conocimientos. Por ejemplo, usado para identificar aspectos que requerirán más detalle para ser correctamente entendidos. Podría sugerirlos el profesor, el alumno o un grupo de trabajo de alumnos. O aspectos que despiertan interés o curiosidad (entendiendo la curiosidad como más intuitiva o lúdica).

Como lectura de preparación de exámenes con los consabidos atenuantes (una cruz, un “esto, no”, etc). Aquí entran también los métodos de estudio que el profesor pueda estar enseñando y también cabe la memorización a golpe de cabeza (yo lo he visto, ¿alguien, no?), como según recuerda Maite Ruiz Flores en Evaluación de la lengua escrita y dependencia de lo literal (Graó, 2009), solemos ver en las escuelas coránicas.

Y no faltará quién simplemente mande “estudiar=memorizar” para preguntar al día siguiente (y esperemos que puedan contarse con los dedos de una mano).

En cualquier caso, su uso entronca con el concepto tradicional de estudio. Es decir, seguir un curso de pensamiento creado por otros y homologado como canónico y oficial en una sociedad jerarquizada. Pensar que puede ser de otra manera es lícito, pero pasemos revista honestamente a cuántos alumnos consiguen crear un discurso propio (aquello de “con tus propias palabras”) a partir del discurso oficial (manual o maestro). Apártense todos los que defiendan cosas como educación en red. No se hace una red social para tener nodos iguales a sí mismos.

Me intriga el hecho de si el libro de texto puede considerarse “una lectura”. Obviamente se lee, pero ¿con qué ánimo? Si los expertos desaconsejan que las lecturas escolares sean obligadas para no desprestigiar la lectura… ¿Qué deberemos pensar del libro de texto? ¿Es lo mismo leer que estudiar? Juntemos los libros de texto de primero a cuarto de la educación secundaria obligatoria y preguntémonos hasta qué punto el saber obligado no es aplastante para esas edades (12-16), tal vez intimidante… como lectura única y obligatoria. ¿Puede compaginarse la lectura libre con el estudio de manera que uno o los dos no quede envenenado para siempre? Consúltense las encuestas y obsérvese que la afición a la lectura decae en la adolescencia. ¿Lo achacaremos a la pubertad? ¿Justo en la etapa en que se acumulan las inquietudes y los interrogantes para los jóvenes decae la lectura? ¿O será el peso de la “lectura” cautiva? ¿Ese peso que debería empezar a soportarse sólo en la primera madurez y a resultas de las primeras decisiones voluntarias, las de los 16 años, el bachiller? Hay talleres en los institutos pero el horario es básicamente intelectual y encima parecemos identificar intelectual con “opositor”. Como si estudiar fuera como preparar “notarías”.

Se defiende el manual como seguridad en el presente y como reserva de conocimiento en el futuro, algo que debería sobrevivir a la escolaridad. Puede suceder y sucede, doy fe. Como seguridad en el presente lo atestiguan los “estudios de la última semana” o “del día antes”. Ahí estaba la materia y ahí sigue, cuando me ponga la empollo. En cuanto al futuro… no sé si hay encuestas. La experiencia demuestra en muchos casos que los manuales se convierten en material de archivo hasta que pasan a ser material de reciclaje. La mejor manera de convertir un libro en material fungible al mismo nivel que un lápiz. Cultura obligada a la que se le pierde el respeto o a la que no se le ha tenido nunca.

Ya digo, ninguna de las afirmaciones anteriores atañe a cualquiera que use libro de texto. Todos somos felizmente mestizos, impuros. Pero ese “material entre otros” es demasiado caro para tanta consideración pedagógicamente equívoca y dudosa como se presta.

El coste

Quien defienda una pedagogía “con” libros de texto y al mismo tiempo diga que son sólo un material más que necesita completarse con otros materiales, visitas y experiencias, deberá justificar el alto costo que asciende a entre 200 y 300 euros a principio de curso a los que deben sumarse salidas, materiales, entradas, etc. Los defensores suelen insistir en que dado el costo es necesario usar el manual a menudo para “amortizarlo“. Pero también hacer muy diversas actividades, salidas, excursiones y, además, cumplir el currículo. Al menos el dispuesto por el centro a principio de curso. No sé por qué veo yo cierta incongruencia en el conjunto. Aunque no falten los expertos en encajar bolillos con resultados difíciles de evaluar.

Desde el punto de vista editorial, el libro de texto es un producto que debe ser competitivo. Es un producto exigente y caro. Producir uno sólo sin aprovechar mucho material anterior no debe bajar de 60.000 euros, hoy día. Prohibitivo para editoriales pequeñas. Y no digamos si hay que poner en pie toda una línea.

Después está el peso económico familiar. Dos hijos o tres en niveles diferentes… Una crisis, poco trabajo… Una condena. Familias de bajo poder adquisitivo, no habituadas a comprar libros (primero es comer) deben acumular (o pedir prestados año tras año, usados, escritos, pintarrajeados) libros que en último término serán material fungible, usar y tirar. Veo en ello impiedad y locura. Y no son libros baratos. Son un producto industrial complejo y costoso. Demasiado para la bondad educativa y cultural (dudosa) que suponen. La gente conserva su biblia, su quijote, su papillón, su enciclopedia de los animales o su garcía márquez, pero hay que tener espacio y vocación para conservar sus libros de texto. Su cultura personal no se definirá por ellos. Y si repasamos nuestra vida, probablemente concluiremos que no definen la de nadie. Fue sólo el peaje que tuvimos que pagar para ser admitidos en el gran mecanismo económico y social. Bastante es.

¿No es una factura económica, social y cultural demasiado onerosa? ¿Y que lastra otras posibilidades?

PEDAGOGÍA DE LA BIBLIOTECA DE AULA

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Si se practica en algún lugar, no lo sabemos. Pero no es probable conociendo la producción editorial que tenemos. Es una hipótesis que procedemos a desarrollar. 

Pedagogía de biblioteca, pedagogía de autores. Otro mundo. No lo parece a primera vista, pero lo es. En el aula con biblioteca no hay libros todos iguales. No hay libros tuyos o míos. Pero hay muchos libros y muy diferentes. Mucho más ligeros. Mucho más literarios. Y a la vez científicos. Yo los llamo libros de “lectura auténtica”. No hay obligaciones concretas pero sí un deber general: aprender. Saber para ser y comunicarse.

Un concepto diferente del estudio:

Se siembra

Se lee

Se comenta

Se discute

Se propone

Se proyecta

Se investiga

Se concluye

Se representa

El saber transmisible está en cinco formatos básicos:

1

Biblioteca de Aula

Con todos los libros de pequeño formato, redacción personal y amable de autor y letra grande que las editoriales van produciendo sin prisa pero sin pausa para el mercado escolar pero también para el particular. Libros para segmentos concretos de edad entre los que el profesor o el claustro elegirán el contenido de la biblioteca de cada aula. Contendrán por extenso todo el conocimiento que los currículos sugieran para ese segmento de edad, con divulgación amena y personalidad de autor, de manera que toda la clase pueda estar leyendo simultáneamente de autores diferentes pero sobre el mismo tema. Del que se hablará, debatirá y proyectará. De manera que autores reconocidos sembrarán ideas, problemas y conceptos en la mente de los jóvenes. Sencillos cálculos muestran que con unos 1500 libros bien escogidos pueden leer todos los alumnos a la vez todos los temas de un curso. Pero ese no es el límite.

2

Tutoriales

Manuales breves, didácticos, en cuadernos breves y pedagógicamente diseñados, con aquellos procedimientos o procesos algorísmicos que en ese segmento de edad deban dominarse. Objeto principalmente de las matemáticas y de las lenguas, pueden tambien preverse para la Geografía o la Física y la Química o el Dibujo técnico. Para que los alumnos puedan gestionar su aprendizaje personalizadamente con la ayuda de sus profesores o iguales. ¿Cómo? ¿Aún no sabes descomponer en factores? ¡A ponerse ahora mismo! Cada cual a su ritmo y con ayuda de todos.

3

Láminas

Símbolos de la cultura en formato grande (posiblemente DIN A3). Se trataría de arte, paisajes, infografía, gráficos, mapas, documentos históricos, genealogías, esquemas memorísticos, etc. Todo aquello que forma parte de las ilustraciones de un libro de texto pero que merece una atención detenida y pueda ser objeto de análisis y discusión en grupo. Pueden llevar propuestas en el reverso o en los márgenes.

4

Materiales

Todo aquel material físico con el que se pueda interactuar y que pueda diseñarse con intención pedagógica (Montessori, rompecabezas, máquinas, cubos…).

5

Internet

O la jungla cultural. El lugar donde puede uno internarse cuando lleva ya una hoja de ruta.

Todo él es material social. No es fungible sino permanente y se financia en colaboración pública y privada. Las familias contribuyen a su ampliación y mantenimiento pero sin el coste fijo y aplastante de “los septiembres”. Simplemente forma parte de la “casa de cultura” que toda la comunidad cuida y utiliza.

El currículo es indicativo y de grandes temas. Es cada centro, cada profesor y cada grupo de aula quien lo concreta. En eso acertaba, a mi entender, la LOGSE. La cultura de una persona no depende de contener precisamente a Walter Scott o al Duque de Rivas. Depende de las estructuras e imágenes mentales donde quepan ellos y muchos más y de la motivación por incluirlos.

La biblioteca contiene geografía “vivida” y vívida, incluyendo relatos de viajes; historia “vivida” y vívida, con biografías y momentos descritos; literatura con antologías, vidas y ambientes literarios; ciencias con experiencias vívidas y relatos de investigación; matemática con supuestos comentados o historias de cálculo; discusiones, ejemplos y anécdotas de lenguaje; relatos en lenguas extranjeras… Tal vez los tutoriales necesarios al curso, estos, sí, repetidos. Uno por pareja, quizás.

En cajones adecuados se contienen láminas con fotografías de fenómenos importantes, lugares, pinturas, esculturas o arquitecturas que deban conocerse. También puede haber tablas de multiplicar o de logaritmos, áreas y volúmenes, conjugaciones verbales o modelos gramaticales. O gráficos de líneas, columnas o círculo. Sin olvidar los mapas de toda escala y tema, un atlas despiezado. O facsímiles de documentos históricos. Toda una panoplia de símbolos de la civilización que, así, se presentan individualizados y en orden de batalla. Para tratar con ellos cuerpo a cuerpo.

Ahí está el mundo en un aula. Lo más importante, el profesor que descorre los primeros velos y los libros que adentran en junglas y ciudades con guía experta. Al final de cada lectura, acampada en un claro o una plaza y discusión, para interpretar entre todos lo que hemos visto. Después ya vendrán las inspecciones pormenorizadas, los análisis y los potecitos de clasificar especímenes. El profesor da seguridad, consejo y resolución. Los libros son selvas y poblaciones con sentido y contexto. Son el saber que nos trae toda la sociedad, toda la tribu.Los materiales pueden ser ilimitados e indefinibles e internet reside en las máquinas y conexiones que se puedan conseguir.

Algo perdemos con este instrumental. Perdemos uniformidad, perdemos seguridad, perdemos estabilidad.

Algo ganamos con él. Ganamos placer, ganamos variedad, ganamos profundidad, ganamos dificultad y compromiso, ganamos intercambio e interacción, ganamos visión del mundo, ganamos autonomía, ganamos ambición. Creo que ganamos más bienes y mejores que los que perdemos.

El libro de texto es particular y puede subrayarse para fijar lo que es.

El libro de la biblioteca no debería subrayarse, pero concita prácticas mejores: la anotación, la interpretación, la cita. Sólo se necesita algo tan sencillo como un bloc, un bolígrafo y una mente libre y abierta.

El libro de “lectura auténtica” descubre al joven el valor de la interpretación y de la duda. Le evita caer en el error de que el mundo es claro y unívoco. Amargamente descubre uno de mayor que no lo es.

Los libros de “lectura auténtica” conforman un material curricular maleable. Se dejan organizar y estimulan la práctica de la clasificación. No todos serán fáciles de asignar, a Ciencias o a Humanidades. Pero así los alumnos aprenden que la ciencia, en cierto modo, consiste en ponerle puertas al campo. Aunque siga habiendo campo. Permite clasificación decimal y clasificaciones creativas. La ayuda de unos sencillos expositores nos permitirá destacar “el asunto del día”. De esto se habla hoy. Como una plaza pública del conocimiento. Mirar, curiosear y comentar… Antes de ir al grano: aquí se trabaja.

El uso 

Un primer uso no tiene por qué ser tan distinto de lo que acostumbramos. El currículo puede ser similar. Únicamente no deberá ser detallado.

Puede contener los temas habituales: edad antigua, edad media, edad moderna, el comercio mundial, las relaciones internacionales, los seres vivos, el sistema respiratorio… etc.

La primera responsabilidad del profesor será motivar y presentar. Lo que yo llamo, poner los nodos fundamentales de una red de estudio. Por ejemplo, trabajemos la edad moderna, dibujemos una línea del tiempo y situemos a Colón al principio y a Robespierre al final. Podemos decir que D’Artagnan saldría más o menos en medio… si hubiera existido… etc. Que la modernidad no viene de lo que nosotros consideraríamos moderno sino de lo importantes que fueron esas personas para la modernez que vivimos. Que casi todo lo que nos pasa viene de ahí. Podemos hablar de la Revolución científica que empieza en medio y que algo tiene que ver con Colón (aunque Colón fuera muy antiguo, en realidad) y con la religión y con los reyes absolutos que antes sí que gobernaban. Y con esos nodos puestos, leamos. Tengamos un trimestre para ir tejiendo.

Con el tiempo y la práctica, hasta pueden ir variando los nodos, los temas y hasta el currículo entero. Y hacerse “más moderno”, más de historia total, más de gran historia, más de zoología y botánica evolutivas, más de cuerpo bioquímico (sin entrar en detalles antes del bachiller y la universidad), más de física y química cuánticas, más de matemáticas enfocadas a problemas. Y tal vez no esté hablando del siglo XXII.

La transición, el único problema

Es evidente que no puedes trabajar si no tienes biblioteca. Hay profesores que pasan sin libro de texto, pero es una habilidad (o un defecto) que no puede exigirse a todos. Hay que definir un período de transición. Eso después de tomar la decisión que ni puede ser individual ni siquiera de centro. Implica todo un cambio mental, institucional y de organización económica.

¿Podría hacerse con los materiales que tenemos a mano? Francamente, creo que no porque concebimos la cultura juvenil de otra manera. Esto es lo que tenemos:

A su lado estan las pequeñas colecciones de síntesis, cosa que los jóvenes no piden.Divulgación ilustrada para atraer la mirada y limitada sólo a aquello que pueda parecer comercial. ¿Cultura o regalo? Al lado de excelentes y fascinadoras imágenes he visto textos que olían a academicismo. Explicaciones que bebían de lo que los adultos piensan que los jóvenes deben saber. Poco de por qué deben saberlo. El dinero se va en ilustración, “a ver si se animan”.

Es por las lecturas extensas que los alumnos adquieren algunos conocimientos: ellos no poseen la fuerza para analizar por sí mismos, profundamente un escaso número de líneas.

(J. Bézard, De la méthode littéraire. Journal d’un professeur dans una classe de première, 1911, citado por Teresa Colomer en Andar entre libros, FCE, 2005)

Coincido con el señor Bézard. La síntesis no es el tipo de texto con el que un joven pueda comulgar. Y eso es lo que básicamente se encuentra en los libros de texto. Ahí está el trabajo de los editores.

El editor debe procurar que los buenos expertos sean buenos narradores o combinar como mejor sepan ambas competencias. El editor debe estar atento a los saberes y a las formas de ver viejas y nuevas y ofrecerlos. Los editores deben concurrir a completar y enriquecer las exigencias de los currículos de manera que los profesores puedan encontrar todo lo que necesitan.

“Este mes, en este proyecto o en esta asignatura investigamos este tema. Hay mucha lectura y yo propongo el esquema de trabajo aunque se agradecen ideas”. Ése es el espíritu.

Pero llegar a disponer del material necesario requiere una inversión considerable que hasta pueda superar la compra de ordenadores. Ha de ser una tarea acumulativa y posiblemente tenga que combinarse con libros de texto durante algún tiempo. Hay estrategias posibles.

Abundancias parciales

Parte de los 1500 o 2000 libros necesarios pueden comprarse en forma de paquetes temáticos que los editores ofrezcan en series duplicadas o triplicadas. Por ejemplo, 15 libros diferentes sobre el comercio mundial en paquetes duplicados (30 libros) o triplicados (45 libros). Ese tema se trabaja con bibliografía y los demás con “manual”. La inversión podría ser perfectamente pública. Los alumnos se irían habituando. Dos o tres podrían leer el mismo libro pero habría contraste y aprendizaje mutuo con los demás lectores.

Y así hasta el momento en que, aprobada la experiencia, se pudiera dar el salto final de una pedagogía a otra.

Beneficios de la biblioteca de aula

La pedagogía de la biblioteca de aula promueve diversas metodologías:

  • clase invertida (flipped classroom) porque los libros pueden prestarse y llevarse a casa. Y, en cualquier caso, un libro de 10 € puede adquirirlo en cualquier momento un alumno que lo desee
  • aprendizaje basado en proyectos porque un gran tema ya constituye un proyecto
  • aprendizaje colaborativo porque el tema completo “lo ven entre todos”, es leído, dialogado y concluido
  • aprendizaje inclusivo porque cada cual elegirá sus lecturas y la biblioteca puede contener diversos niveles de lectura (más fáciles y más difíciles). La biblioteca no es algo fijo sino que puede ampliarse cada año en función de los alumnos que vayan a utilizarla

La pedagogía de la biblioteca de aula soluciona diversos problemas:

  • una práctica a través de la educación obligatoria entrenaría en la lectura, la comprensión, la interpretación (y posiblemente en campos marginales como la ortografía) de una manera insuperable
  • evitaría los contenciosos en torno al currículo. Seria un tema social que se trasladaría de las administraciones a cada centro y cada barrio o cada ciudad. Lo poseería la sociedad
  • dosificaría el gasto escolar en el tiempo y promovería un modelo de cooperación social y de ahorro considerable a la larga
  • promovería el espíritu crítico de los alumnos entrenándolos en la diversidad de puntos de vista
  • permitiría una política de máximos curriculares por cuanto abriría las posibilidades de cada alumno para saber
  • quitaría presión a los editores y les daría un papel mucho más cultural y de investigación pedagógica
  • daría entrada a las pequeñas editoriales
  • combinaría a un tiempo la cooperación y la competencia editorial aumentando la riqueza cultral escolar
  • implicaría muchísimos más autores escolares e incluso investigadores y les daría mayor libertad discursiva (“toda la tribu educa”)
  • eliminaría la dicotomía absurda entre lectura literaria libre y lectura científica obligada que ahora se da en las escuelas e institutos, de manera que los jóvenes identifican lectura con ficción mientras que el estudio es otra cosa. No, leer es lo mismo para la literatura que para la ciencia. El estudio es una actividad compleja en la que leer es sólo una parte y con el libro de texto lo empobrecemos
  • posiblemente evitara la caída de índices lectores en la adolescencia y después, a la vez que mejoraría la capacidad de lectura e interpretación de los universitarios

El papel de los editores

El editor no debe ser un industrial dependiente de un ministerio sino un productor de cultura escolar atento e innovador. Es absurda esa angustia con los decretos y los formatos, que si digital o en papel, para portátil o para tableta. El editor ha de crear contenidos y editarlos, atento a los tiempos, atento a los avances y a la evolución de la cultura en general. Ha de cuidar la redacción y la pedagogía. Y esa nueva pedagogía de bibliotecas de aula permitirá al editor:

  • concentrarse en lo que los profesores necesitan
  • descubrir constantemente maneras de transmitir, metáforas, estilos, formatos…
  • formar autores y difundirlos
  • ofrecer los nuevos avances de las ciencias y las nuevas perspectivas
  • tener mayor libertad para presentar los temas y dar mayor libertad a los autores
  • competir sólo en cultura y pedagogía y no en diseño y presentación

Posiblemente serán las grandes editoriales las que suministrarán el grueso de lo que necesitaran las bibliotecas y los cajones de láminas, las que podrán poner en pie catálogos de decenas de miles de libros y láminas para proveer a toda la secundaria obligatoria y a la primaria. Pero infinidad de pequeños editores podrán entrar con pequeñas pero innovadoras aportaciones en un mercado que se beneficiará de una mayor creatividad, competitividad y, a la vez, colaboración en una cultura escolar en la que por fin podrá decirse que “toda la tribu educa”.

RESUMEN Y COMPARACIÓN

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Sucintamente creo que podríamos definirlas así:Creo haber demostrado que la pedagogía de biblioteca de aula es más amigable con el alumno, con el aprendizaje personalizado, permite mayor inclusión y mayor integración de los alumnos con grandes capacidades que la pedagogía de libro de texto.

  • la pedagogía de libro de texto presupone una educación serial, según una línea previamente trazada, que como máximo puede tener afluentes para atender la diversidad
  • la pedagogía de biblioteca de aula permite una educación en red donde el profesor pone los nodos principales y verifica que toda la clase se conecte a ellos y teja un tapiz verosímil y lo más amplio posible

Y recalco que no es necesario usar un libro homologado ni en papel ni digital para estar practicando una educación serial. En el fondo la pedagogía del libro de texto es lo que llevamos en la mente incluso cuando nos oponemos al libro de texto como objeto. Por eso es tan difícil combatirlo.


Imágenes de la película: El gabinete del doctor Caligari

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Licenciado en Prehistoria e Historia Antigua. Profesor de EGB y Primária entre 1980 y 2000. Redactor de textos escolares y enciclopedias juveniles para la editorial TEXT/LA GALERA. Autor de novela juvenil. Postgrado de Edición en la UOC. Autor del proyecto Biblioteques d'Investigació Jove y del blog LLIBRE DE TEXT: L'ANCIEN RÉGIME. Miembro de la Societat Catalana de Pedagogia y del grupo "Narració i pedagogia". Actualmente retirado.