En nuestra serie de: “Una metáfora…”, hoy conversaremos con George Steiner, el crítico literario más prestigioso posiblemente de todo el panorama mundial. Judío, políglota, de formación interdisciplinar, (Matemáticas, Fisíca, Filosofía y Literatura), entrar en los ensayos del gran Steiner, es comprender lo que significa esta expresión: “pensar a través de…”

Homero y Platón, Dostoievski y Tolstoi, descubrirnos a otro Heidegger, qué significa  para nosotros la tragedia griega, sobre lo anterior y mucho más, nos va sumergiendo Steiner en sus libros. Pero sobre todos los autores, hay una preocupación fundamental que recorre su obra, y que está enlazada con la pasión educativa: qué es leer, qué significa esa experiencia fundamental.

La introducción de las TIC en la educación, las diferencias entre el mundo analógico y digital, qué consecuencias tiene la actual complejidad cognitiva y emocional de las nuevas generaciones, todas las temáticas que monopolizan el debate educativo, deben incorporarse a esa interdisciplinariedad que el conocimiento actual tiene. Somos una época que sospecha de las fronteras: la red es la experiencia y metáfora que nos define. Ese entrecruzamiento es nuestro peligro y oportunidad, nuestro reto actual: ¿se puede educar una época-red?…

Una sensación que nos produce el recorrer sus ensayos, George Steiner tiene una conciencia literaria y filosófica que huye del pensamiento academicista: lo vamos a llamar pensar con matices. Leyéndolo nos damos cuenta de la importancia de las lecturas y experiencia directa: matizar es uno de los verbos que define el  buen realismo. Quiero dejar una sospecha: la importancia de la cita en la cultura contemporánea, es un síntoma de que las lecturas directas han dejado de ser mayoritarias, si alguna vez lo han sido. Se cita como un subterfugio de no saber dialogar con el autor escogido: no se le ha leído o no se tiene una experiencia directa de lo que se reflexiona. La cita no como ilustración, como complemento: la cita como huida…

Matizar es una característica de la experiencia directa. Parte de la pedagogía debería aprender esta cualidad del realismo matizado: ¿cuántas veces los profesores en su trabajo de aula, se preguntan si el teoricismo pedagógico ha dado clase? ¿cuántas veces las actividades en su desarrollo nos dan pistas de aquello que puede ser mejorado? ¿no es la retroalimentación un matizar continuo de dos agentes en una dinámica continua? ¿podemos individualizar la tarea de enseñanza y aprendizaje sin una psicología matizada? Volvemos a una de las características que la educación tiene: matizar como cualidad de la experiencia, como honestidad frente a los reduccionismos pedagógicos  o disciplinares.

Sigamos a G.Steiner en una obra maestra que a todos aquellos que nos apasiona la educación, deberíamos leer alguna vez: “Lecciones de los Maestros”. Pocas veces se ha profundizado tanto en los verbos enseñar y aprender. La educación es un escenario donde la condición humana se desvela: la confianza como valor implícito entre el profesor y el alumno, las dudas y sospecha que toda transferencia tiene. George Steiner  nos devuelve a los secretos y peligros que todo acto educativo conlleva. Hoy quiero recordar las tres tipologías que nos describe en la relación maestro/alumno.

Primera, aquella donde los maestros destruyen a sus alumnos psicológicamente. Dice Steiner, “El ámbito del alma tiene sus vampiros”: aquellos que abusan de su relación de poder para perpetuar y justificar su egocentrismo aniquilador. Existen ejemplos donde esta relación se invierte: allí donde los alumnos, “han tergiversado, traicionado y destruido a sus maestros”, la envidia y los celos que cualquier grupo social genera pueden desencadenar la destrucción paulatina del referente mutuo. Frente a las anteriores, es posible que  esa relación difícil siempre, sea cumplida: “es la del intercambio: el eros de la mutua confianza…”, todos hemos sentido, alguna vez, la satisfacción de una clase o conversación maravillosa donde la magia de la transferencia se ha dado: educación y vida se funden…

G. Steiner prosigue con una disección histórica de estas variantes. Ahora podemos comprender la trascendencia del acto educativo: es un acto total. En él se cruzan todos los componentes de nuestra personalidad: emociones, inteligencias, memorias y un lenguaje no verbal que escenifica nuestra pasión o indiferencia. En él nos retratamos, queramos o no. Nuestra época tecnologizada no puede olvidar el componente fundamental de lo que allí sucede o fracasa: un acto de mutua transferencia. Dos preguntas finales para nuestra situación actual: ¿somos conscientes de esta complejidad? ¿hemos sido verdaderamente preparados para ella?…