Olvidar por completo y con rapidez la información obsoleta y las costumbres añejas puede ser más importante para el éxito futuro que memorizar jugadas pasadas y construir estrategias basadas en un aprendizaje previo.”

Zygmunt Bauman: Tiempos líquidos. Barcelona, Tusquets, 2013.


La escuela ya no es solo un lugar para alfabetizar, para enseñar a leer, escribir y contar. En el mundo actual, ese que Bauman llama líquido, la escuela no puede dedicarse exclusivamente a instruir, a transmitir conocimientos. En un mundo donde nada es permanente, donde la información se genera y se transmite a velocidades de vértigo y, además, es accesible para todos… la escuela tiene el deber de formar el espíritu crítico de nuestros jóvenes, su capacidad de análisis y, por supuesto, de dotarles de conciencia ética.

Tenemos que empezar enseñar de forma reflexiva y no mecánica y repetitiva: “La enseñanza, más que fomentar la acumulación de conocimientos, crea modos y condiciones de ayudar a los alumnos para que se sitúen frente a la realidad con el fin de pensarla y actuar en ella.” José Carlos Libâneo: ¿Adiós profesor, adiós profesora? Barcelona, Octaedro, 2013.

Hay que plantar cara a aquellos que piensan que enseñar a pensar es peligroso. Todavía hay muchos docentes que piensan que su única obligación es transmitir a sus alumnos los contenidos propios de la asignatura que les imparte. ¡Flaco favor les hacen! Transmitirles valores les dotará de las herramientas básicas que les permitirá tener éxito en la escuela y en la vida.

Pero, ¿qué valores son los que deben formar parte de la esencia de la educación? En mi opinión, deben ser valores que ayuden a los alumnos a actuar, valores para la acción; valores que dirijan su aprendizaje durante toda la vida.  Hay diez valores fundamentales para educar (ver: “10 valores fundamentales para educar en el siglo XXI“): flexibilidad, curiosidad, autonomía, emprendimiento, creatividad, tolerancia, cooperación, responsabilidad, transparencia y entusiasmo.

La educación del futuro es una educación con valores. La verdadera innovación de la educación pasa por dotarla de valores.