CSI

CONTRATO, SALARIO E INCLUSIÓN

Docentes entre el contrato emocional, salario emocional y la inclusión educativa. No hay nada más triste que el menosprecio por el trabajo docente.

Los colegios llámense estatales o privados tienen que ser lugares donde la educación tenga un cerebro y un corazón por el que no sabe, por el que quiere aprender, por el que no es igual a mí. En el colegio, convive la diversidad; por lo tanto, es un lugar de convivencia plena en la que deben estar incluidos todos los actores de la educación, desde los alumnos hasta los docentes, autoridades llegando —sí o sí— a los padres.

SALARIO EMOCIONAL

Si en un colegio no se da un “salario emocional” a los alumnos, a los padres y a los docentes por parte de las autoridades que “manejan” ese colegio, que están encomendados de llevar los logros de las escuelas, vamos —indefiniblemente— a una crisis estructural, no coyuntural.

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El salario emocional no consiste en retar a los alumnos por lo que no hacen, sino en felicitarlos por sus logros, incluso, si se destacan en algún deporte, arte, o si han mejorado los rendimientos académicos. La educación actual es integral e inclusiva, y esto no supone culpar a los docentes por todos los males educativos que hay en la sociedad o ¿acaso la educación se profesa solo en la escuela? Necesitamos hoy día cobrar la cordura del valor del trabajo docente.

No hay nada más triste

que el menosprecio por el trabajo docente

Los docentes, entre nuestras funciones diarias, tenemos el reto de formar a personas integradas en la sociedad, con herramientas sociales y emocionales que les permitan —a los educandos— afrontar los desafíos de la vida; esas herramientas tienen que ser herramientas de esperanzas, no de castigo y sumisión.  

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El salario emocional se refiere a todas aquellas retribuciones no económicas que necesitamos los docentes y todos los trabajadores cuyo objetivo principal es incentivar de forma positiva los logros para mejorar la calidad de vida personal de los trabajadores y fomentar un buen clima; tanto en la escuela, como en la organización toda. El salario hoy no debe ser la única retribución importante para los empleados.

CONTRATO EMOCIONAL

El contrato emocional no se suele expresar, se palpa. ¿Cómo? En la alegría de concurrir a la escuela para trabajar en ella. Cada docente lo interioriza haciendo un ejercicio de libertad al optar por un nivel bajo, medio o alto de vinculación con el proyecto educativo que tiene y su compromiso con las personas que lo representan y ayudan a que todos seamos mejores.

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La educación emocional es un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo de las competencias emocionales como elemento esencial del desarrollo integral de la educación inclusiva, eso es innovar educativamente, porque se responde a necesidades sociales no atendidas en las materias académicas ordinarias. Pero  en la escuela de hoy se vive con estrés y la presión por llegar a un objetivo estadístico, que comúnmente se caracteriza por una sensación de no poder hacer frente a una situación avasalladora y amenazante. Pareciera que las personas somos un número —en varias estadísticas— que pululamos por los ministerios educativos, a quienes nos convierten en instrumento de las políticas del gobierno de turno.

Las escuelas de hoy en día se ven hoy enfrentadas a realidades que afectan a sus procesos de desarrollo: la alta tasa de rotación del personal, el incumplimiento de objetivos propuesto o la baja reputación organizacional (porqué hay voluntad de ser jefe en vez de líder —en el campo se dice “el que sabe, sabe, y si no manda”—). Con todo, esto no debe ser una sentencia que se replique en todos los órdenes.

Es imperativo generar, además del contrato laboral oneroso, un contrato de tipo emocional, que facilite el reconocimiento, autorrealización y bienestar integral de los actores.

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Un contrato emocional está encaminado a producir o garantizar un estado anímico relacionado con el bienestar y sus cláusulas deben evitar todo aquello que produzca malestar laboral.

Y… ¿CÓMO LO CONSEGUIMOS?

La retención del talento. Se trata de conseguir el mejor equipo posible, el más motivado e identificado con el proyecto educativo y su cultura.

Felicitar a los alumnos, generarles confianza.

Felicitar a los docentes, por lo tanto generar un reconocimiento positivo de las autoridades superiores.

Incluir a los auxiliares docentes.

Fomentar encuentros recreativos.

Fomentar ámbitos resilientes.

Valorar el aprendizaje de los errores como síntomas de mejoras.

Y… ¿QUÉ OBTENEMOS?

Docentes reconocidos y valorados son docentes con elevados índices de creación y competitividad.

La formación profesional que aporte las autoridades, nos hacen sentir seguros.

Buen ambiente laboral, menos estrés.

Prevenir los efectos nocivos de las emociones negativas y desarrollar la habilidad para generar emociones positivas.

Desarrollar la habilidad de auto motivarse.

Adoptar una actitud positiva ante la vida.

Generar y contagiar actitud positiva al que no lo está y al que se integra.

EPÍLOGO

Hablar de educación inclusiva sin contemplar, primero la necesidad de generar un ámbito de trabajo saludable entre alumnos, padres, docentes y directivos para poder generar una cultura que progrese, que nos incluya a todos por igual, es como si pareciera que nos sumergimos en un círculo del cual es difícil salir y esto es lo que sucede en muchas escuelas.

No dejes que las percepciones limitadas de los demás

te definan

Virginia Satir