El sistema educativo en nuestro país lleva muchos años arrastrando problemas, obstáculos e ineficiencias que lo hacen un enfermo muy visitado. Demasiado visitado. Todos tenemos la creencia de saber el diagnóstico y las medidas adecuadas para que el enfermo mejore. Repetimos: una creencia. Mientras tanto el enfermo, que a su vez son muchos, sigue en la habitación y viendo la televisión…
Se ha acostumbrado a que hablen de él, todo el que le visita. Partidos políticos, sindicatos, especialistas y médicos que trabajan con él, todos saben lo que tiene. Es paradójico: sigue enfermo. Hay un nuevo género que las  editoriales y medios de comunicación ya empiezan a descubrir: hablar y pontificar sobre el enfermo. Todo vale mientras el enfermo siga así…
Hay quien ha llegado a decir que interesa que el enfermo no se cure. Otros nos recuerdan que quien le llevó al hospital, es quien ahora quiere curarle. Da igual: el enfermo nos mira con indiferencia. La inercia es una fuerza muy infravalorada. Seguir en cama no está tan mal, al fin al cabo, para qué levantarse: lo que hay dentro y fuera del hospital no le gusta demasiado.
La cronificación de un problema es uno de los estadios últimos de cualquier sistema. Después llega la muerte del mismo. Hay metáforas que quisiéramos no fueran ciertas, las metáforas tienen un potencial crítico que desconocemos. El enfermo sigue delante de nosotros, todos le miramos con interés, indiferencia, angustia o extrañeza. Es un enfermo muy visitado. Quizás es hora de que nos reunamos para que el enfermo deje de tener tantas visitas…