Vivimos fechas entrañables, supuestamente, fechas en las que siempre se hace un somero repaso sobre cómo ha transcurrido la vorágine de días que vivimos, días así clasificados que, en el mundo occidental, identificamos como un año que se cierra.

Dentro del artificio ilusorio temporal, y dentro de la ñoñería habitual y superficial que encontramos en estas fechas, quisiera plantear algunas reflexiones en torno al año que cerramos, si bien todos los docentes sabemos que el año siempre empieza en septiembre, nunca en enero…

Para enero ya tenemos rodados todos los elementos que articulan nuestra clase, nuestro centro, incluso ya estamos planificando para cursos venideros; que si este proyecto, que si este curso de aprendizaje cooperativo, que si este libro que quiero comprar porque me han dicho que es soberbio

En esas andamos siempre los docentes, maquinando para la mejora de nuestras clases.

RECURSOS ECONÓMICOS

En esta ocasión, quisiera hacer una somera reflexión, como antes indicaba, en torno al año que termina y, sobre todo, a las aspiraciones que este humilde articulista tiene para con el mundo de la educación; no será de mucho calado, se trata solo un brindis al sol

Me gustaría comenzar mi particular ofrecimiento con un axioma clásico en estos casos, la imperante necesidad de contar con más recursos económicos en el ámbito educativo, recursos económicos que tengan la inversión adecuada y que luego se manifiesten en métricas claras, en auditorías que sean transparentes, en las que pueda observarse con meridiana claridad cómo ha sido el devenir de esa inversión inicial.

Continuaré mi brindis con una demanda acuciante en el panorama educativo, la formación obligatoria del profesorado en la vida de un docente, que sea de calidad y que repercuta en el aula, que conlleve la creación de una poderosa red de profesionales que acompañen ese cambio en el aula que tanto cuesta en solitario.

En este sentido, quisiera manifestarles una enjundiosa anécdota que ocurrió recientemente en el I Congreso de Educación de la provincia de Jaén, el CJEDU, Congreso Jaén Educa; en la primera tarde del mismo hubo una mesa redonda en la que participaron primeros espadas del panorama educativo nacional y se preguntó en torno a la necesidad que planteamos de una formación obligatoria para el profesorado…

Hubo un silencio de milésimas de segundo que, instantáneamente, fue interrumpido por un aplauso unánime de la abarrotada sala, sinónimo del anhelo acuciante que este público sentía en torno a esta pregunta, la necesidad de que la formación no sea una elección personal en mi tiempo libre, sino un que el sistema establezca como responsabilidad individual de cada docente, que debe establecerse, por tanto, en el horario regular de cada uno de estos y que debe ir acompañada de las características que antes citábamos, la calidad, la transparencia en cuanto a evidencias de logro…

Redundamos en planeamientos pasados, pero necesitamos un aumento del presupuesto en torno a la demanda de la formación que acabamos de presentar.

COLABORACIÓN ¿EPIDÉRMICA?

Empuño a continuación mi discurso con más vigor para la siguiente aspiración de mi brindis, la absoluta necesidad de que la comunidad educativa esté perfectamente engarzada en el sistema educativo, que no sea simplemente una colaboración epidérmica que apenas si rebasa el marco de la participación para la colaboración económica, la participación inducida, no protagonista, de la misma; necesitamos, pues, que las familias, parte indisoluble en educación, entiendan que en el proceso de enseñanza aprendizaje ellas son indispensables, que debemos asumir los roles que cada uno tiene y que para ello se necesita mucha pedagogía por parte de los profesionales de la enseñanza.

Por otro lado, también brindo por la necesidad de que el profesorado conozca la normativa, que se entienda que debemos conocer la misma para que seamos conscientes de que todo lo que es el sello de la innovación aparece en el ámbito de la misma, que ésta nos obliga a trabajar con estrategias de aprendizaje cooperativo, que debemos aplicar las tareas, los proyectos desde un marco competencial, que, en definitiva, debemos conocer a qué nos interpela la misma para desarrollarla en el aula, no trabajar al amparo de las ocurrencias o de las inercias sostenidas en el tiempo…

El mejor de los sorbos, sin duda, para este tramo final, la necesidad de incorporar en el ADN del sistema educativo español trabajar por la equidad y por la excelencia, de manera que ambas compongan las dos caras de una misma moneda, que se identifiquen como los cimientos señeros sobre los que se articula el resto del entramado educativo. Ojalá en el frontispicio de cada uno de los centros pudiésemos leer frases del tipo «no hay excelencia sin equidad». Lo dicho, un brindis con especial entusiasmo en este tramo del artículo.

REFLEXIÓN COMPARTIDA

Brindando al sol por el año nuevo…

Si conocen la expresión, pueden identificar en ella esos rasgos que se enlazan con el atrevimiento, con el triunfo fácil, incluso con la demagogia; no es, ni de lejos, el caso, la idea no es buscar el aplauso fácil de la minoría, sino la reflexión compartida en el ánimo de muchos docentes de verdadero rigor en el aula que anhelan ver cumplidas sus expectativas de una educación que esté al nivel de lo que debe ser el panorama educativo, ese que consiga que el individuo que se adentre en el mismo salga siempre fortalecido, preparado para un mañana que ya ha empezado en el día a día de su aula.

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Si tuviera que hacer un telegrama de mi vida, usaría algo por el estilo a necesito encontrarme conmigo a través de la escritura, la creatividad fotográfica y el deporte para darme a mi familia numerosa, a los/as demás a través de uno de los cimientos más sólidos de mi vida, mi vocación y desempeño como profesor. Licenciado en Humanidades: profesor bilingüe de Geografía e Historia en un centro público. En la actualidad, soy asesor de formación en la red andaluza, y participo en el Máster de Secundaria.