TIC-TAC-TRIC

es más que una sopa de siglas

Entre las TIC y las TAC (Tecnología del Aprendizaje  y el Conocimiento), proponemos las TRIC (‘Tecnologías de la Relación, Información y Comunicación’), donde presentamos un modelo de comunicación para otra educación diferente.

«El aula sin límites» es el título de un reportaje que realizó El País  el 25 de octubre de este año, en el que describe el Salón de Tecnología para la Enseñanza.  Un titular que expresa muy bien las intenciones de las seis páginas del reportaje: vender tecnología con la innovación educativa como excusa.

«El aula sin límites» es una sencilla hipérbole que refleja lo que ha sido y es la implantación de las TIC en la inmensa mayoría de los programas institucionales, desde los noventa hasta hoy. Programas como Atenea y Mercurio (informática y vídeo), o Escuela 2.0, hasta llegar a  la Arcadia Feliz Digital, del 1:1, un ordenador por niño, convierten la tecnología como principio y fin de la educación.

Pero las evidencias demuestran que las rutas de innovación y renovación en el  patio escolar hoy, las deciden algunos centros educativos desde la visión de proyectos en los que convergen equipos (tanto de alumnos como de profesores), aunque la gran mayoría de los centros o bien repiten de modo clónico las «viejas enseñanzas» con nuevas tecnologías, o continúan con el lastre de hacer lo de siempre aunque parezca que cambian.

Las TRIC sintoniza con estas rutas de exploración, en las que el componente relacional, facilita la conversión de la información, entendida como dato, a conocimiento. Dimensiona la comunicación, y coloca la tecnología como entorno de mediación, donde lo relevante siempre serán el docente y el alumno.

Esa R esencialmente relacional, desarrolla las habilidades sociales y comprende que el aprendizaje y por tanto el conocimiento es más sináptico que nunca. Entiende que el cerebro es nuestro mejor maestro, y que cuando leemos y escribimos estamos conectando de un modo más o menos consciente diferentes áreas, disciplinas, experiencias y buscando un sentido.

Para desarrollar este modelo, TRICLab  tiene una larga trayectoria de acciones y publicaciones.

En el marco del VII Congreso Internacional del CICID, este jueves 9 de noviembre,  se celebra la II Edición de Premios TRIC. El premio a la mejor investigación en el Factor Relacional, al profesor Joan Ferrés i Prats, de la Universidad Pompeu i Fabra. Y el premio a la mejor experiencia en intermetodología, al programa Pantallas Sanas , que recogerá el Director General de Salud Pública del Gobierno de Aragón, Francisco Falo.

Desde TRICLab se han establecido tres criterios para la entrega de estos premios. En primer lugar la trayectoria en el tiempo y la calidad de las publicaciones o acciones. En segundo lugar, la pertinencia de este trabajo en la órbita educomunicativa. Y por último, la identificación del trabajo de los premiados con el conjunto de valores e intangibles que presenta el manifiesto TRICLab.

Entendemos que la educación tiene una asignatura pendiente, la comunicación. Y que si parte del tiempo que destinamos a preparar los contenidos (cognitivos), se dedicara a preparar el diseño comunicativo, el aula sería un espacio dialógico y no un monólogo.

Para facilitar esta propuesta hemos diseñado una guía TRIC. Con frecuencia se diferencia la evaluación de la calificación, con mucha frecuencia se habla de la “excelencia” educativa. Nos disculparéis pero no creemos en la excelencia, que es un producto de los tecnócratas y sus despachos, creemos en el trabajo bien hecho del día a día.

Por esto hay que cambiar el modelo de evaluación. Con este manual y guía TRIC proponemos otra comunicación, para otro modelo de educación. Otra comunicación para otra evaluación. Una propuesta clara, sencilla y concreta que permite “medir” y valorar lo que proponen y hacen los profesores, desde los profesores y desde la mirada crítica de los alumnos.

Descarga aquí la guía TRIC, que aunque está diseñada para la primera edición del Máster en Competencias Digitales UNIZAR, es perfectamente aplicable en diferentes entornos educativos y comunicativos, según las áreas y niveles.

Señalamos en «Comunicar para educar, emocionar para aprender (2)»que Freinet organizaba sus clases con asambleas entre sus alumnos,  desarrolló programas de innovación alrededor de la imprenta y la creación de revistas escolares, cuando nadie lo hacía. Supo estimular la pasión de sus alumnos. Este pedagogo francés proponía que “cada educador fuera capaz de sacar de cada alumno aquello que tenía”. Todos sus alumnos fueron el primero en algo. Estableció algunas bases de la escuela colaborativa cuando nadie llegó a pensarlo.

Recuperemos la esencia del diálogo, hoy vestido de lo  «políticamente correcto» y alimentado con mucha posverdad. Recuperemos el modelo  pedagógico de lo dialógico, que concibió Freire, centrado en la reciprocidad (social, cultural, legal) para una sociedad mejor.

«Nadie educa a nadie —nadie se educa a sí mismo—, los hombres se educan entre sí con la mediación del mundo».

Freire nos recuerda esta paradoja que nos invita a explorar el laberinto de la educación que comunica porque diseña estrategias en las que:

La emoción mueve la razón y, por tanto,

el aprendizaje