Formar un mundo

La escuela es el lugar donde, de momento, la Humanidad es posible. Tus alumnos chinos, magrebíes, indios o peruanos volverán a casa y en sus barrios vivirán sus peripecias atávicas, pero juntos en el aula o en la escuela pueden formar un mundo.

Despertar

en el siglo XXX

A veces, pienso cómo sería despertar en el siglo XXX. Si todo ha ido bien es posible que pasear por la calle (suponiendo que las haya) sea una experiencia chocante de caras exóticas. Se habrán mezclado coreanos con etíopes, australianos con suecos, marroquíes con colombianos y también todos sus mestizajes. Recuerdo haber visto una actriz cuya fisonomía me atrajo por su peculiaridad y la investigué. Resultó ser hija de keniata y coreano. Algo de ambos resumía su rostro. Y era bella.

Si la escuela es un relevo entre generaciones, si el maestro representa a los adultos y sabe hacerse ver como un ser humano sin más que les acompaña al futuro y, además, los niños notan que la sociedad se vuelca en ellos y les tiene en cuenta, un mundo mejor será posible. Pero hace falta mucha teoría para que eso sea algo más que conceptos bonitos y deseables.

Y esa teoría compete

a la Formación de Maestros (y de Profesores también)

El ser humano es mucho más que sus conocimientos, competencias u objetivos. Es un punto significativo en la Historia, un microcosmos que entiende el macrocosmos. Es así, los que ahora vivimos somos un punto en la historia del pensamiento y podemos ver la curva que llega hasta nosotros. Incluso podemos dar impulso a la curva que seguirá. No podemos desaprovechar nuestra fuerza, pero hemos de saber concentrarla. Y las Facultades de Magisterio, Profesorado o como quiera llamárselas son un resorte clave. Pueden ensayarse infinidad de sistemas y currículos. Puede salirse del paso contratando profesores a precio de becarios. Pero no puede avanzarse sin una idea directora. Una Teoría de la Humanidad.

La han ensayado muchos filósofos, pero no he leído una que sea lo bastante integradora como para reunir ciencia y trascendencia. Teilhard de Chardin lo intentó desde su perspectiva cristiana. Nos dijo lo que era el binomio hombre/mujer sobre un planeta con vida, una noosfera o una capa consciente del mundo, pero quedó en el olvido de los creyentes por ser científico y de los agnósticos por ser creyente. Y tal vez una Teoría de la Humanidad es incompleta sin integrar los dos extremos.

No puede avanzarse sin una idea directora.

Una Teoría de la Humanidad

La han esbozado algunos políticos, especialmente en la UNESCO y especialmente Jacques Delors en el informe «La educación encierra un tesoro»1: Aprender a conocerAprender a hacerAprender a vivir juntosAprender a ser. No debería haber objetivo pedagógico sin pensar en esos cuatro pilares.

Una Facultad de Educación (o ICE o como se llame), ha de ser un centro educativo con proyecto y profesores comprometidos con él. Y el proyecto debe basarse, trátese de Historia de la Educación, Didáctica de las ciencias, Psicología evolutiva, o lo que sea, debe basarse, digo, en ese superestrato de Teoría de la Humanidad que bebería de algunas creencias que la pedagogía debería ir fundamentando:

Que la ciencia y la técnica sirven a algún fin y este ha de ser bueno, es decir, bello, es decir, cierto. Comprender los objetivos antes que los métodos. Si el objetivo te seduce, el método te resultará más liviano. Si sabes qué hacen los polinomios por ti posiblemente quieras hacer polinomios.

Que verdad, belleza y bondad se complementan si es que no son lo mismo. Buscar la plenitud con esfuerzo. Qué se hace aquí, para qué y qué puedo yo hacer mejor.

Que el objetivo de los seres humanos no puede ser otro que reunirse de nuevo. Porque el planeta es uno y el dolor de una parte se siente en todas. ¿Somos la mente del planeta? Nuestra cuadratura del círculo debería ser mantener la individualidad deseando la cohesión. No podemos ser una mente esquizofrénica.

Que la inmortalidad que razonablemente podemos esperar requiere amar a los tataranietos casi tanto como amamos a los hijos y ganarnos su amor. Hay que amar el convento y no cagarse en él. Creer sinceramente que la Humanidad no se extinguirá.

Que la trascendencia (la encuentre o no Gardner en algún rincón del cerebro) requiere fe, proyección, inmortalidad de alguna clase, creer en algo más grande que uno mismo. Y a la espera de Godot, creer en la Humanidad, en su capacidad de entenderse y gestionar un planeta, construir una sola Justicia que apenas se note, una tecnología profunda y sutil, leve y armónica… creer en ese dios provisional que es el Hombre, todo él, es compatible con todo Dios. Eso no se sabía en los últimos mil años, pero se sabe ahora.

La Formación de Maestros media entre la Humanidad y los maestros, mediadores de la Sociedad para recibir a las generaciones. Por muy grandilocuentes que puedan parecer estas palabras, parten del aire corriente que hemos respirado, de la tierra y asfalto que hemos pisado y de los dolores de mundo que hemos sentido. Y todo eso queremos mejorarlo para que un día exista una masa crítica de personas suficientemente conscientes que nos hagan ver la posibilidad real de una Humanidad. Para eso sirven las Facultades de Maestros.


1La educación encierra un tesoro.