La buena integración de la tecnología en el aula no se trata de usar las herramienta digitales de moda. Más bien, de ser consciente de la gama de opciones y elegir la estrategia correcta – o estrategias – para lograr nuestro objetivo: la inclusión auténtica en el aula.

El mayor obstáculo para enseñar en línea probablemente no sea la tecnología

Los profesores buscan la tecnología educativa, tecnología en el aula, de hecho, porque “puede tener considerables impactos positivos en el rendimiento de los estudiantes”. Según un estudio de 2016, esto mejora los resultados de las pruebas y permite a los profesores evaluar el rendimiento de los estudiantes de forma más eficiente.

El gran problema es cómo integrarla: Más allá del mero número de herramientas tecnológicas disponibles, los mismos investigadores identificaron, respecto de la tecnología en el aula: “El desarrollo y la formación profesional inadecuados” como el principal obstáculo para utilizar la tecnología de manera productiva en las aulas.

tecnología en el aula

El COVID-19 ha acelerado el proceso de integración de la tecnología

Es comprensible que la aparición del coronavirus haya acelerado drásticamente el proceso de integración de la tecnología de la educación; ya que los educadores de todo el país corren para conectarse en línea lo más rápido posible.

Pero como muchos de nuestros profesores han señalado, el estado actual del aprendizaje en línea del K-12 se parece más al triaje.

Una forma de gestión de crisis. Y no se parece, en absoluto, a la educación a distancia gestionada hábilmente; y, eso, sin poner de manifiesto las carencias de la tecnología en el aula.

Lo que falta en la conversación ahora mismo, lo cual tiene sentido dada la inmediatez de la necesidad, es un enfoque en la gran pregunta de cómo es realmente la integración de la tecnología de más alta calidad.

Es una conversación importante, porque en un mundo post-coronavirus es probable que haya un mayor énfasis en el aprendizaje digital. También, en la integración de la tecnología en el aula; incluso, cuando volvamos a las escuelas físicas y aprovechemos las oportunidades cara a cara.

UNA JERARQUÍA DE USOS DE LA TECNOLOGÍA EN EL AULA

Una poderosa herramienta conceptual para pensar en la integración de la tecnología en el aula -y los mejores usos de Edtech– es el modelo SAMR, desarrollado en 2010 por el investigador en educación Rubén Puentedura, quien recibió en 1991 un premio de enseñanza Phi Beta Kappa.

El modelo SAMR establece cuatro niveles de aprendizaje en línea, presentados a grandes rasgos en orden de su sofisticación y poder de transformación:

  • Sustitución.
  • Aumento.
  • Modificación.
  • Redefinición.

Hacia los materiales digitales

Cuando se pasa a un formato en línea, los profesores se centran a menudo en los dos primeros niveles. Ello implica la sustitución de los materiales tradicionales por materiales digitales.

Es decir, convertir las lecciones y las hojas de trabajo en PDF y publicarlas en línea, o grabar las clases en vídeo y ponerlas a disposición para el aprendizaje asincrónico, por ejemplo.

Un paso heredado –directamente– de la introducción de la tecnología en el aula en el día a día.

Esos son pasos importantes, especialmente cuando se enseña en línea por primera vez, pero en la clase física donde la integración de la tecnología en el aula ha pasado al nivel de maestría, los dos últimos niveles del modelo SAMR -modificación y redefinición- también deberían estar en la mezcla.

Los estudiantes en clases donde este tipo de maestría está integrada encuentran usos más novedosos e inmersivos para la tecnología en el aula. Superprof puede ser un buen ejemplo de ello.

ALUMNOS CREADORES Y EDITORES

Por ejemplo, son creadores y editores de su propio trabajo a través de múltiples formas de medios de comunicación, o invitan a los profesionales a dar su opinión sobre los productos de su trabajo, o participan en foros digitales con otros colegas de todo el mundo.

Es tentador pensar que el SAMR es una montaña que hay que sumar.

Pero una buena integración de la tecnología en el aula no consiste en vivir en la cima del modelo del SAMR. Consiste en ser consciente de la gama de opciones y elegir la estrategia correcta -o las estrategias adecuadas- para la lección que se está estudiando.

Aquí hay una mirada más cercana a las buenas prácticas de clase en cada nivel del modelo:

‘SUBSTITUCIÓN’ EN LA TECNOLOGÍA EN EL AULA

Por “sustitución” se entiende la sustitución de las actividades y materiales tradicionales -como las conferencias en clase o las hojas de trabajo en papel- por versiones digitales.

No hay un cambio sustancial en el contenido, sólo en la forma en que se entrega.

El objetivo aquí es mantener las cosas simples: no hay necesidad de reinventar la rueda. Escanea tus lecciones y hojas de trabajo, conviértelas en PDF y publícalas en línea usando Microsoft OneDrive, Google Drive o un servicio similar de intercambio de archivos.

Facilitando las consultas

Piensa en la información que tienes en tus paredes, como las normas del aula, el horario diario o las listas de vocabulario, y conviértelas en formatos digitales que los estudiantes puedan consultar fácilmente como parte de la tecnología en el aula.

También puede ayudar a proporcionar versiones sincrónicas y asincrónicas de sus clases.

Si está celebrando reuniones de clase a través de un servicio de videoconferencia como Zoom o Skype, proporcione una grabación para los estudiantes que no puedan asistir.

También puede crear sus propios videos de instrucción para que los estudiantes los vean a su propio ritmo.

‘AUMENTO’ EN LA TECNOLOGÍA EN EL AULA

Este nivel implica la incorporación de mejoras digitales interactivas y elementos como comentarios, hipervínculos o multimedia.

El contenido permanece sin cambios, pero los estudiantes pueden ahora aprovechar las características digitales para mejorar la lección.

Por ejemplo, los estudiantes pueden crear carteras digitales para crear presentaciones multimedia, lo que les da más opciones para demostrar su comprensión de un tema.

Y en lugar de repartir cuestionarios en papel, pueden jugar a sus cuestionarios con herramientas como Socrative y Kahoot, que ya perciben como familiares como parte de la tecnología en el aula.

Los profesores también pueden crear tablones de anuncios virtuales, usando una aplicación como Padlet- donde los estudiantes pueden publicar preguntas, enlaces e imágenes.

MODIFICACIÓN

En este nivel, los profesores pueden pensar en utilizar un sistema de gestión del aprendizaje como Google Classroom, Moodle, Schoology o Canvas.

Herramientas para manejar los aspectos logísticos del funcionamiento de un aula. Esto es, el seguimiento de las notas, la mensajería a los estudiantes, la creación de un calendario y la publicación de tareas.

La enseñanza en línea abre nuevos canales de comunicación, muchos de los cuales pueden ayudar a los estudiantes que tradicionalmente han sido marginados.

Fomentar la participación

Las investigaciones demuestran que es menos probable que las niñas hablen en clase, por ejemplo. Por ello, pueden beneficiarse de los canales secundarios -conversaciones alternativas que pueden desarrollarse junto con la instrucción- que fomentan la participación.

Por su parte, la función de chat de texto de Zoom ofrece a los estudiantes la oportunidad de escribir sus preguntas; lo que puede resultar menos intrusivo si hay docenas de estudiantes participando en la llamada.

Además, los estudiantes que prefieren recoger sus pensamientos pueden beneficiarse de discusiones más lentas y asincrónicas en un foro en línea o en hilos de correo electrónico.

‘REDEFINICIÓN’ EN LA TECNOLOGÍA EN EL AULA

El aprendizaje se transforma fundamentalmente a nivel de “redefinición”, permitiendo actividades que antes eran imposibles en el aula.

Por ejemplo, los amigos por correspondencia virtuales pueden conectar a los estudiantes con otras partes del mundo, ya sea con otros estudiantes o con expertos en un campo.

Las excursiones virtuales permiten a los estudiantes visitar lugares como la selva tropical del Amazonas, el Louvre o las pirámides de Egipto.

Después de leer un libro en clase, pueden invitar al autor a charlar sobre su trabajo y responder preguntas.

Traer a un público auténtico

La tecnología también ofrece la oportunidad de traer a un público auténtico a su aula virtual, y puede hacer de sus estudiantes editores.

Los niños pueden escribir sus propios wikis o blogs para el consumo público y el feedback. Y plataformas como Quadblogging pueden conectar clases distantes entre sí para que los estudiantes escriban y respondan.

Los estudiantes pueden abordar problemas locales, como investigar la calidad del agua de un río cercano, e invitar a los miembros de la comunidad a evaluar sus propuestas digitales.

LA TECNOLOGÍA EN EL AULA MÁS ALLÁ DE SAMR

Por último, considere cómo la tecnología puede ser utilizada no sólo como una forma de entregar contenido, sino también para fortalecer las relaciones con sus estudiantes.

Para el profesor de primaria John Thomas, Seesaw y Flipgrid le permiten compartir un saludo diario, al que sus alumnos responden -o se responden entre ellos- con un comentario escrito o de voz.

Una buena manera de proporcionar algo de estabilidad mientras están aislados

Recuerden, de nuevo, que el SAMR a veces se considera como una montaña hasta la cima, pero en realidad es más como una caja de herramientas.

El objetivo no es usar la herramienta más sofisticada, sino encontrar la adecuada para el trabajo.

Sin embargo, lo más importante es que es una forma de reflexionar sobre su integración tecnológica pensando en algunas preguntas clave:

  • ¿Cómo se puede mejorar mi lección usando la tecnología?
  • ¿Puedo comprometer y potenciar a los estudiantes a través de la tecnología?
  • ¿El aprendizaje en línea puede parecerse más al aprendizaje auténtico del mundo real?

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