SUEÑO ELECTORAL

Llevamos una primavera de locura. Los medios de comunicación no van a poder hablar de otra cosa, porque si no es uno es otro, qué hacen en éste o aquel acto o visitan a éste o aquel pueblo o colectivo. La radio, la prensa, la televisión y las redes sociales se han convertido en un ir y venir de políticos jóvenes y no tan jóvenes, unos que se van y otros que vuelven. En torno a ellos se mueve una maquinaria que a veces roza la sinrazón y algunos hasta utilizan “métodos” que rayan lo “inmoral” por rascar un voto más.

El otro día tuve un sueño, un “sueño electoral” y cómo no, se desarrollaba en plenas elecciones. En mi sueño electoral, pude ver claramente un programa político que no lo  leeríamos en ningún medio,  donde se proponía una Canarias –como muchos de ustedes saben, escribo desde las islas de este archipiélago español– sin fronteras, donde todos seríamos iguales, con sus diferencias por razón de localización e idiosincrasia, pero sin discriminación. Donde no habría ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda, e incluso de tercera como los de muchos barrios de nuestra ciudad de Las Palmas de Gran Canaria –la bella y cosmopolita capital de la provincia oriental de la comunidad autónoma–. Donde habría buenas comunicaciones, con una red de carreteras con accesos rápidos y con un buen mantenimiento, sin atascos ni puntos negros, porque la red de transporte público era “de primera”. Donde todos tendríamos acceso a la sanidad pública de manera rápida y eficaz, con hospitales y centros de salud bien dotados, con profesionales cualificados y motivados. Proseguía mi sueño electoral con una buena asistencia hospitalaria, con la creación de una red de hospitales comarcales que diera cobertura sanitaria de calidad a la isla y que, a la vez, descolapsase a los grandes hospitales y cuyas camas podrían dedicarse para pacientes más graves. Una educación basada en cuatro pilares: convivencia, innovación, gestión y proyección. Aulas libres de acoso escolar, con protocolos de actuación sencillos y accesibles a toda la comunidad educativa, con planes de convivencia reales y significativos, y una coordinación exhaustiva entre los servicios sociales municipales, los centros educativos y la administración.

En este mismo programa de “ensueño”, de sueño electoral, se proponían centros educativos innovadores, que desde su autonomía y realidad puedan planificar acciones para producir el verdadero cambio que la Educación del s. XXI necesita. Aulas abiertas a la sociedad, con proyectos de aprendizaje servicio que redunden en el beneficio de la comunidad y que a la vez vaya “formando” escuela. Centros dinamizadores de cultura, que sean ejes del desarrollo cultural de Canarias. Profesorado más formado, que vea recompensado su esfuerzo con una carrera profesional, evitando los puestos “vitalicios”, potenciando y fomentando centros innovadores. Centros educativos en los que la burocracia fuera mínima, se descargue al profesorado de horario lectivo y a los cargos directivos de responsabilidades ajenas al plano pedagógico y crear en los centros educativos la figura de los gestores que puedan llevar la parte económica y administrativa, con el consiguiente ahorro para la administración. Centros bien dotados, con buenas conexiones a internet, con acceso a los recursos tecnológicos , con aulas temáticas, bibliotecas y laboratorios que fomenten la investigación del alumnado, fomenten el pensamiento crítico y con buenos planes de transición infantil-primaria y primaria-secundaria. Donde se pueda trabajar por proyectos y dejar la enseñanza tradicional en un segundo plano. Aulas con ratios adecuadas, que fomenten la comunicación oral y escrita estableciendo lazos con los medios de comunicación públicos y donde nuestro alumnado podría formar y crear escuela. Este programa hablaba de una Educación en Canarias en la que la participación de toda la comunidad educativa sería algún día una realidad y no se quede en papel mojado. AMPAS fuertes y serias, Consejos Escolares con poder decisorio, pero…¿y al alumnado quién lo escucha? Por ello este programa electoral creaba Consejos de Alumnos, intercentros, provinciales y regionales, donde desde su visión, se hagan propuestas de cambio en el sistema educativo y en la sociedad en general. Enseñar desde la base a que tengan voz, a que sus reivindicaciones necesitan ser escuchadas y resueltas.

Y la parte final del programa electoral hablaba de una Canarias sostenible, que fomente el Turismo rural, deportivo, de ocio, de salud, cultural y se fuese olvidando del turismo de masas que va aliado a la construcción y a la transformación de nuestro territorio. Una Canarias que fomente el sector Primario, que lo subvencione y promueva, que apueste de manera clara y decidida por los productos de la tierra, por lo nuestro. Con una política que apueste por llenar nuestros campos y nuestra ganadería, para llegar a tener una Canarias autosotenible. Una Canarias con proyección, que sepa vender sus potencialidades y darlas a conocer al mundo, que fomente la emprendiduría, pero que la acompañe y haga que no se quede en proyecto sino que se pueda convertir en realidad.

CONTINUAR SOÑANDO

De pronto, desperté y no tuve más remedio que acudir a la prensa a leer lo que proponían los partidos y todos se preocupaban más en hablar del otro que en realizar propuestas reales, a corto plazo. No obstante prefiero continuar soñando con que algún día a algún partido se le ocurra un programa electoral que ponga especial énfasis en la educación, la sanidad y el sector primario, ya que el resto viene por añadidura.

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Maestro de Primaria y actualmente asesor educativo en el área de comunicación del servicio de innovación de Las Palmas. Ha sido coordinador de distintos proyectos de dinamización de bibliotecas, de animación a la lectura y de radio escolar y tiene en su haber varias publicaciones de carácter didáctico dirigidas a los más pequeños. Bloguero y apasionado de las tic, la lectura y la radio pero sobre todo un enamorado de la profesión docente.