Ser docente –como sabemos ya– es una vocación que surge más allá de la formación. La formación docente brinda herramientas para empezar el camino. Ser docente hoy es seguir creyendo que enseñar a pensar siempre es tarea urgente. Soy molesta, soy docente.

Hoy voy a decir que los docentes somos los principales personajes de todo cambio social –y esto no ha de verse como una altanería mía–, los cambios siempre vienen propiciados por la educación de los integrantes de una sociedad:  todo el mundo lo sabe, pero ¿todo el mundo toma conciencia de que somos, el conjunto de los docentes, tan seres humanos como cualquiera?

Ser docente no corresponde a una forma de «hacer plata» fácil, corresponde –más bien– a una forma de vida, entonces: ¿Qué sabe realmente la gente lo que puede llegar a trabajar un maestro o un profesor? ¿Por qué todo el mundo se toma esa libertad de opinión de mal juzgar a los maestros o a los profesores?

Sentirse docente

Hay quienes no sentimos nuestro trabajo como un trabajo, sino como una forma de vida: para nosotros nadie sabe cuál es el techo o a dónde puede llegar nuestro aprendizaje, el de nuestros alumnos… Cuando entré por primera vez a un aula, enseguida supe que esos alumnos de hoy no eran como yo cuando fui a la escuela; supe también que no podría hacer uso de lo que había visto en los libros de pedagogía: no había «palpado» el aula. Por lo tanto, sabía que si la sociedad crecía rápido, y sufría cambios rápidos, habría que estar preparado.

Una cosa es segura: siempre llego a mi casa habiendo aprendido algo de mis alumnos y deseando que ellos –en un futuro cercano– me superen. No buscamos ningún reconocimiento, sino sentirnos satisfechos por solo hacer bien nuestro trabajo como cualquier otra persona que desempeña su labor profesional.

La esencia de un docente es, simplemente, la de «ser auténtico» con cada uno de nuestros alumnos, entregando lo mejor y esperando que –algún día– ellos lleguen a ser mejores personas y logren irradiar lo que quisimos ofrecerles desde nuestras aulas; porque en nuestras clases hemos querido formar personas con sentimientos y con creatividad. Soy molesta, soy docente.

Alumbrar el camino

Amigos docentes y sociedad toda, tengamos presente también a los falsos profesionales de la enseñanza, a esos docentes que hacen las cosas mal, porque ellos con su negligencia convierten a los alumnos en las primeras víctimas de su irresponsabilidad. A veces, me pregunto si en nuestra profesión prima el hecho de que nuestros vínculos personales, vocacionales, profesionales y comunitarios se hayan vuelto puramente transaccionales: es una duda recurrente.

Un buen docente debe atreverse a ser y dejar ser, siempre debe llevar en sus manos un lámpara que «alumbre el camino» de los nuestros alumnos. Debemos ser la luz y no el bastón que apoye el andar. Tenemos, también, la obligación de dejarlos ser mientras los educamos y de regocijarnos con sus logros; cuando un alumno trasciende, ¿nunca dijeron «MI ALUMNO» y se les hinchó el pecho?

Como todos saben, la vida de un adolescente no es nada fácil. Hay diferentes problemas que los abruman y, por supuesto, siempre hay algo nuevo de qué hablar… Consejo en primera persona: «como docente, debo comprender a los alumnos, por eso, he de ser paciente y sobretodo saber cómo dominar –o mostrar– mis emociones»; sé que no es fácil.

Enseñemos que la violencia nunca sirve para resolver nada, porque crea más problemas; que es importante tomarse un tiempo para pensar; que la solidaridad es imprescindible, porque educar es generosidad.

Saquemos la cara por los buenos profesores y desterremos a los malos, para que nuestra profesión docente pueda ser dignificada como se merece, por su importancia y necesidad en la construcción de un futuro mejor para nuestro querido país y para el mundo todo.

Los docentes somos los primeros que debemos permanecer «abiertos a la realidad», y a aprender… Sí, porque si un docente  no está abierto a aprender, no es un buen docente puesto que el conocimiento NUNCA debe ser un monopolio. No somos mártires; no hicimos votos de pobreza cual monje benedictino;  no elegimos sufrir. Optamos por una profesión maravillosa que vamos a defender para que podamos ejercerla con dignidad y disfrutarla, sin dejar que ningún árbol nos tape el bosque. Sí, soy molesta, soy docente.

Aprender a vivir

La educación es un asunto de primera importancia para el bien de las personas. No somos locos que queramos «romper los esquemas» sin construcción; no somos tontos, porque sabemos lo que queremos y que, con ideales, también se construye un mundo mejor; no somos gente a quienes «no nos da para seguir otra cosa», sino que, pese a todo, estamos convencidos de que queremos seguir siendo docentes y de que nos vamos a dedicar con vehemencia a esta tarea.

Gracias a la vida, a mi familia, gracias a mis ex alumnos que me recuerdan bien, gracias a mis alumnos, gracias a los padres y –en especial– gracias también a los que no me sintieron la docente que ellos esperaban,  estoy cambiando.

Educar no es simplemente enseñar cosas útiles, sino ayudar a «aprender a vivir»: «Los estudiantes pueden ser un 20% de la población actual, pero son un 100% de la población futura». Anónimo. Soy molesta, soy DOCENTE.

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Profesora de Historia especializada en Nuevas Tecnologías. Declarada personalidad Destacada de la Educación por el Concejo Deliberante de la Ciudad de La Plata, Argentina. Profesora en la Secundaria de los Colegios Nuestra Señora de Lourdes y San Cayetano de la Ciudad de La Plata. Argentina. Autora del Sitio y Revista Educativo El Arcón de Clío www.elarcondeclio.com.ar. Autora de los Manuales para docentes de Construcción de Ciudadanía de la Editorial Alfaomega. Ganadora de VI Premios UBA (Universidad Nacional de Buenos Aires) a la divulgación de Contenidos Educativos. Distinguida por el Diario Clarín, Argentina entre los 13 docentes del año 2013 de Argentina. Empoderamiento Femenino y Educativo de Invery Crea España. Editores de Santillana Argentina y España."La educación como meta desde las aulas".