Sonríe, te están puntuando

Describe un bienestar o malestar emocional muy extendido en las redes sociales. La dictadura del ranking y los listados ocupan infinidad de portadas digitales.  Observen como proliferan  también en el sector educativo, tanto como operación de marketing, como “bucle vicioso” = hoy soy yo, mañana eres tú.

El pasado mes salió a la luz esta publicación, con el objetivo de “ofrecer una visión reflexiva y crítica sobre los nuevos modos de comunicar, informar y narrar, bajo el crisol de los grandes temas que comprende la teleserie Black Mirror. Una lectura que es bidireccional: desde la serie a las narrativas digitales interactivas y viceversa”.

Un lento proceso explica el prólogo. Cuatro años. Con más preguntas que respuestas. Tensiones.  Sin tiempo (lineal), ni lugar (físico y antropológico), ni relato (sin grandes héroes, grandes conflictos, grandes resultados). Con mayúsculas porque todo lo atraviesa la posmodernidad.  

La caída del muro de Berlín, el fin de la historia (Fukuyama), la quiebra de los regímenes comunistas, la desmembración de los grandes relatos (política, religión, familia), conducen a la era del post (televisión, convergencia, narrativas). Ahí estamos.

Como indico en “La sombra de Black Mirror es alargada” estamos inmersos en la era de las novísimas narrativas en nuevos entornos. Black Mirror circula entre los pasillos de espejos cóncavos, entre los resquicios de luz que se escurren por las sombras.

Tiempo de redes, entre máscaras y espejismos.  Estamos al final de la línea.  Ya no viajamos por el trazado del ferrocarril que engendró el sueño del progreso y la creación de la Arcadia Feliz en la ciudad. Su espejo retrovisor Mcluhiano  nos desliza por un futuro que retrocede. El implante de Black Mirror no tiene lugar, ni tiempo.

La atención es más dispersa flotamos en la era de la atención parcial continua. Así la llama Linda Stone, miembro del consejo asesor del MIT MediaLab. Hacer varias cosas a la vez requiere escasa capacidad cognitiva. Podemos caminar y pensar; conducir y escuchar música. Pero no podemos escuchar y escribir a la vez, porque exigen una mayor atención.

Conforme atendemos a diferentes fuentes de información, “repartimos” la atención que se dispersa y se hace más superficial.

El “por si acaso” y el miedo a “perderse algo” son constantes amenazas en la era de la saturación informativa que nos encontramos.

La tiranía de la dispersión es inercial y se convierte en rutina. Internet es la selva de los datos para la mayoría, aunque una minoría ejerce su control en un cuidadoso equilibrio entre la ingente estructura de los mismos, y su procesamiento mediante complejos algoritmos.

Con una atención flotante y dispersa la movilidad define el comportamiento del usuario con y entre las pantallas, el vídeo sabe que es el formato que más llega y se queda en la retina del espectador (interactuante).

Con Shield Five estrena Instagram su primera serie. Un thriller, miniserie con solo ocho minutos totales, fragmentado en 28 capítulos, que se emitieron en febrero del año pasado exclusivamente en Instagram. Cada día publicaba un mini episodio en vídeo que duraba 10-15 segundos, acompañado de una imagen.  Una narración sin apenas tiempo para la estructura de un relato, pero soportando la tensión. Pensada y distribuida para dispositivos móviles.

No sorprende el análisis de la consultora Pirendo que utiliza   herramientas de análisis y monitorización online especializada en Social Media. Señala que Shield Five con tan solo 60 publicaciones ha conseguido captar al usuario e introducir la tensión de un thriller propio de un largometraje. O lo que es lo mismo, con poco más de 8 minutos de vídeo y material gráfico de apoyo se ha conseguido lo que toda buena serie que se precie debe tener: la total atención del espectador.

La expectación y el interés que generó su contenido durante su estreno: 3.823 me gusta y 788 comentarios,   coincidiendo con el desenlace de la misma, donde la interacción se dispara hasta conseguir 2.654 me gustas y 139 comentarios

Claro, la cantidad no lo es todo. Pero cuando obedece a una estrategia, y es la atención la captada y retenida, la cosa va en serio. Si añadimos que un 58% de publicaciones con contenido de vídeo, ha generado una interacción de un 66%, podemos atisbar que no solo es cantidad.

Por tanto, Atención, movilidad y formato-vídeo son hoy el santo y seña de la comunicación digital, donde las narrativas se diseñan y ejecutan en la hibridación.

Durante siglos, el ojo que contemplaba tenía marco y encuadre. Un único punto de vista priorizaba la realidad y la existencia.  Una perspectiva, un punto de fuga. Dominio de lo visual. Otros tiempos, otras culturas tuercen las líneas y rompen su escritura.

Vi y devoré la serie “Black Mirror”. Tuve muchas conversaciones y la debatimos en clase. Más tarde recibí la invitación de Roberto Aparici para participar en esta publicación, que quiere convertirse en un referente para comprender las nuevas narrativas. Una obra que muestra los grandes desafíos que plantea el entorno digital, que abre grandes interrogantes para entender la dialéctica hombre-programa. Que subraya que el software está al  mando (Manovich), y que programas o te programan.

Tras la reciente publicación, preparamos la siguiente entrevista a Roberto Aparici y David Garcí, coordinadores del libro en el que colaboramos 16 autores.

Las redes, la realidad aumentada y artificial, los videojuegos y sus avatares en lo instantáneo y la sensorialidad filtrada por sensores construyen un entorno de inmersión. Sin distancia, ni crítica. Existo luego siento.

¿Qué otras miradas necesitan estas otras narrativas interactivas y desnaturalizadas? ¿Qué hilo de Ariadna nos conduce por el laberinto? ¿Qué tiempo que nos devora en su instantaneidad nos dimensiona como seres humanos, sin brújula pero con sentido? ¿Qué espacios sin lugar, en los tránsitos nos identifican, conexionan y fragmentan?

El ránking del rating es un concepto pensado por Charlie Brooker y después desarrollado por un equipo de excepción formado por Michael Schuur, el creador de Parks and recreation, y la que era una de sus actrices en Parks, Rashida Jones. En una era donde estamos obsesionados con las redes sociales no es nada disparatado imaginar ese panorama.

Black Mirror es una buena excusa para testar nuestra existencia, recogida en datos y latidos. Inteligencia artificial, algoritmos, el internet de las cosas, la robótica ¿son un presente en clave de futuro o un presente con miedo?

La tecnología y su producción de escenarios de creación, producción y distribución son más que herramienta. La serie no descubre y desnuda un “escenario instrumental”, sino un entorno, donde los medios y los humanos están en tensión. Un entorno que deriva en escenario con las luces encendidas las 24 horas del día, 365 días al año. Un reality show intenso y permanente. Lo pensado, sentido, escuchado y visto es mostrado o no existe.

Verbo e imagen se hicieron algoritmo. Sin públicos, sin audiencia, pero con patrones numéricos, observados, medidos, controlados. ¿Quién dice quién soy?