La crisis de nuestro sistema educativo tiene muchas dimensiones y, sobre todo, su solución será realista y gradual. Su diagnóstico está explícito en las evaluaciones internacionales y en las estadísticas que asolan a nuestra juventud. No insistiremos en lo anterior: lo hemos analizado muchas veces. El problema principal es cómo y qué secuencia debe tener esa posible solución a la multiplicidad de problemas que paralizan nuestra educación. Desde INED21 queremos, en coherencia desde el realismo contextual que defendemos, introducir propuestas para este cambio. Hoy nos centraremos en la variable que afecta a los docentes: esos protagonistas tan olvidados del sistema. 

Toda solución debe implicar al profesorado como factor principal de la misma. Un sistema educativo cronifica o soluciona sus problemas a través del quién da clase. De ahí que el futuro estatuto docente será crucial para definir este factor: ser docente en España debe volver a ser una profesión de un prestigio social que ahora no tiene, ahí será clave el sistema de selección y formación. Junto a lo anterior, se impone el cambio en el qué se hace en el trabajo de aula. Seguimos anquilosados en una enseñanza tradicional de contenidos por transmisión directa ( informe TALIS): se impone la renovación y actualización metodológica.

Desde INED21 proponemos un programa de “equilibrio metodológico”: la idea que fundamenta este programa es que todo profesor conozca y domine las estrategias metodológicas conductistas, constructivistas y horizontales a través de las TIC. Esta solución tendrá un resultado inmediato: la fortaleza de saber adaptarse a cualquier situación de aula. Un aula del s.XXI es tan compleja para que sea el profesor, en su contexto de aula, el que sepa elegir la estrategia adecuada. Para ello debe dominar ese equilibrio metodológico. Se impone el pluralismo pedagógico y la aplicación contextual de ese dominio: un profesor formado es el mejor argumento para una política educativa a corto, medio y largo plazo. Este programa es el inicio de una serie de programas que deben abordar la construcción del docente actual. Lo diseñamos en la estructura DIR, que estamos seguros se puede ampliar en un debate específico. Es un borrador de inicio, no una estructura final.

¿Cuál es el gran problema que tiene esta solución en nuestro presente? El enfoque erróneo de la formación docente en nuestro país desde hace muchos años: la formación que se imparte es una formación anacrónica y alejada de los problemas del trabajo de aula. Se ha utilizado esa formación como una acumulación de puntos burocrática; tanto el antiguo CAP como el actual máster, son inadecuados y faltos de realismo educativo. Nuestros docentes ingresan en un sistema, mal preparados y faltos de una identidad profesional asentada. Dicho de otro modo: primero deberíamos ser profesores, luego  especialistas en alguna materia. No al revés: la investigación internacional deja esta afirmación totalmente fundamentada. En los mejores sistemas del mundo, la construcción de una identidad profesional es clave: una identidad que debe tener incentivos a lo largo de su carrera profesional. Lo contrario se llama inercia y pesimismo paralizante.

En INED21 defendemos una innovación educativa con tres características: realismo contextual, operatividad y actualizada internacionalmente. Realismo contextual significa ese equilibrio y pluralismo metodológico que todo profesor puede adquirir. Operatividad que se pueda utilizar eficazmente en nuestras aulas, de nada sirve una formación teórica que nunca nos sirve en nuestro día a día. Actualizada internacionalmente implica globalizar nuestras referencias: hay investigación e innovación educativa muy interesante y avalada experimentalmente, más allá de los repetitivos cursos de formación que se repiten, sin ningún resultado. La universidad española en su investigación, debería incorporar la perspectiva de los docentes de infantil, primaria y secundaria. Hay excepciones, pero normalmente no se incorpora. De ahí ese alejamiento y suspicacia entre el docente en activo y la universidad academicista.

Dos ideas finales que cualquier centro educativo, comunidad autónoma o un sistema educativo deberían tener en cuenta, respecto a esa formación docente: la formación es consecuencia de una evaluación previa de los puntos fuertes y débiles que todos tenemos, evaluación y formación van unidas; hay muchas estrategias de formación, pero todas ellas tienen un criterio de validez último: la eficacia en el trabajo de aula. Sospechemos de la formación que no se sabe cómo implementar: este factor, entre otros, explica el fracaso del aprendizaje por competencias.

Desde INED21 nuestra línea de formación, tiene dos componentes que están integrados en los programas que estamos diseñando: pautar y tipologizar. Pautar para que esa estrategia concreta sea visible para el docente; tipologizar para que las situaciones posibles sean sistematizadas. Empecemos, nuestras aulas están esperando esa renovación desde dentro: el realismo gradual transforma nuestras prácticas verdaderamente. La excelencia no es una utopía: es la consecuencia de un trabajo adecuado y constante.