Anda por nuestra cabeza la eterna pregunta, que aquellos docentes que se enfrentan por primera vez a un cambio de metodología se hacen: «¿Ahora qué hago cuando quite los libros?». Ninguna metodología activa está en contra de los libros de texto. El problema que surge cuando se utilizan estas metodologías es que el libro de texto deja de ser el recurso fundamental en el proceso educacional.

En cualquier metodología activa, el alumnado es el recurso principal y eso es un gran cambio. No nos podemos permitir un recurso que esté por encima de los alumnos y alumnas, o por encima del docente. La visión humanista de nuestra metodología está siempre por encima de factores programacionales y legislativos.

Es cierto que la mayoría de docentes tienen «el recurso libro» como base de todo su proceso educativo. Están enganchados. Les da seguridad. Es algo natural. Para quitar el ‘mono’ por este recurso necesitamos formación.

Cuando un docente tiene claro que quiere cambiar hacia una metodología activa, por la que se ha decidido, viene otra fase problemática para sentirse seguro; ¿quién hay en el centro con mis mismas inquietudes? Y vuelven a surgir nuevas dudas.

¡Vaya somos una duda constante!

¿Estamos realmente preparados para este cambio de paradigma?

¿El cambio debe venir impuesto por un cambio de legislación educativa o debemos empezar nosotros?

¿Mis compañeros querrán ‘viajar’ conmigo?

¿Voy a saber evaluar lo que haré?

¿Es necesario que todo el centro cambie?

Si pudiéramos dar respuestas a estas preguntas, empezaríamos respondiendo que realmente no estamos preparados para el cambio de paradigma, pero en nuestras manos está el empezar a hacerlo. Y uno de los factores que va a ayudar al cambio de paradigma es el trabajo en equipo en los centros educativos.

Pensar que la Administración puede llevar la iniciativa en este cambio de paradigma es ser demasiado generoso en las expectativas. Pero no por ello debemos dejar de exigir que nos acompañen, faciliten y ayuden en dicho propósito. Debemos empezar a caminar y dejemos que las ayudas vayan llegando de forma transversal desde todos los ámbitos: padres, equipos directivos y, por supuesto, Administración.

Viajar en este tipo de proyectos con los compañeros es la mayor de las suertes que
 se pueden tener en educación. Compartir ideas, esfuerzos, recursos y desánimos es vital en la puesta en práctica de metodologías activas y proyectos.

La fortaleza que tiene un proyecto de centro no la tienen los proyectos individuales. Cuando la mayoría del equipo docente está embarcado hacia una misma meta, el éxito está cerca de producirse.

Pero aunque esto suene muy bien, no es fácil articularlo por diversos motivos: no todos los docentes están dispuestos al cambio, centros con insuficiente formación de su equipo docente, poco apoyo del equipo directivo, nadie que lidere el trabajo, miedos a las reacciones de los padres, enemigos y envidias en el claustro, y las viejas excusas de «a nosotros nos va bien así».

¿Y a tus alumnos también? Y ya sabéis lo que dijo Woodrow Wilson, vigésimo octavo presidente de los Estados Unidos, «si usted desea hacer enemigos, intente cambiar algo».

Pero puede suceder, y no es nada raro al principio, que te encuentres solo ante el reto del cambio. Bueno, nadie dijo que iba a ser fácil, así que te doy una buena noticia: ¡solo, también puedes! Que sí, que sí, que solo puedes, es cierto que no es igual que trabajar en equipo, claro está, y que en algunos aspectos se queda un poco cojo, pero ¿vas a dejar de intentar darle la mejor respuesta educativa que tengas a tus alumnos, solo porque nadie te acompaña en esta aventura? Noooooooo, claro que puedes hacerlo.

Es mejor eso que seguir haciendo

lo mismo de siempre

Pero claro, vas a estar solo; así que ponte casco, prepara la armadura, los tapones de los oídos y sé fuerte en tus creencias. Búscate una buena metodología, síguela para sentirte más seguro y, cuando ya tengas fe en ella, dale tu toque y crea tu propio método, recordando las características principales que no puedes olvidar como metodología activa. Prefiero mil veces estar solo que no hacer nada.