QUERER MODELAR

En algún momento de su vida, los adultos, enfrascados en su compadreo, piensan en los jóvenes. Los libros que lo testimonian se van multiplicando, pero sin demasiada imaginación, a partir de un único modelo con escasa energía evolutiva.

Me refiero a El mundo de Sofía, de Jostein Gaarder. Hasta donde sé, él dio el pistoletazo de salida. El ficticio profesor Alberto Knox elegía a su alumna Sofía y la ilustraba. Es lo que hacemos los adultos, tomar y querer modelar. Y lo hacemos de una atacada porque tenemos otras cosas más importantes que hacer. Coincide en el tiempo (1991) con la Ética para Amador de Fernando Savater.

MUNDO BUROCAPITALISTA

El ejemplo ha cundido y el adulto sabio pone al joven sobre sus rodillas… perdón lo sienta junto a él y le explica una historia o le da una parrafada de unos centenares de páginas. Ahí están El viaje de Theo (Siruela), sobre religiones, Ciencia para Nicolás (Laetoli) sobre ciencias puras, seguido en la misma editorial por, Astronomía para Esteban, Evolución para David, Filosofía para Victoria, Neurociencia para Julia y Más ciencia para Nicolás.

En general, los grandes científicos y divulgadores para adultos sienten hacia el final un cierto deber para con los más jóvenes. Así le pasa a Juan Luís Arsuaga con Elemental, queridos humanos, o Mi primer atlas de la prehistoria: cuando el mundo era niño.

También Manuel Fernández Álvarez con Pequeña historia de España, Jacques Le Goff con La Edad Media explicada a los jóvenes, Jean Clottes con La prehistoria explicada a los jóvenes, Eduard Punset con El sueño de Alicia, Elsa Punset con Una mochila para el Universo, Richard Dawkins con La magia de la Realidad o el mismo Stephen Hawkin (colaborando con su hija) con El origen del Universo. Me dejo muchos. Y les honra a todos al menos acordarse.

Por otra parte, son muchos los profesores de instituto que quieren compensar con espíritu lúdico, fuera de horas, la obligación académica de sus horarios. No puedo listar sus bienintencionados libros, en algunos casos maravillosos, en un artículo pues requeriría una buena investigación y aún así supodrían una tímida lluvia para el mar escolar. Algunos editores tratan de contribuir a esa fina lluvia de sabiduría.

Pero en nuestro mundo burocapitalista no cotiza mucho la imaginación. El libro de texto sí que va al grano.

¡Aplícate, chico!

SOLO AL FINAL PIENSO EN TI

Educar a nuestros hijos con imaginación para que sepan lo que es, y encima en la escuela, requiere mucho más que la seguirdad de una buena inversión. Requiere amor a ellos y al saber.

Si la administración y los editores consiguen atreverse, miles de profesores afilarán sus lápices y le sacarán a la ciencia todas las narraciones que tiene y todas las posibilidades imaginativas que la harán crecer a lo largo de nuevas generaciones. Las librerías para jóvenes son un negocio poco conocido. Tal vez valga la pena explorarlo y apoyarlo. Y que en las escuelas converjan las horas de fuera y las de dentro.

¿Ustedes se imaginan a un joven de quince años en una librería hojeando y escogiendo por su cuenta, sin recomendación de profesor alguno ni conocimiento previo, El mundo de Sofía? A mí me cuesta, pero alguno debe haber.