«¿Siglo XXI sin Humanidades?»

Este fue el título de una mesa redonda celebrada en el Ateneo de Barcelona el pasado 20 de junio. La promovía una asociación de profesores, como tantas en este país, que teme por el futuro de las enseñanzas (¿aprendizajes?) de literatura, arte, filosofía e historia en un futuro cercano.

Hubo cinco ponentes, muchas buenas ideas, pocas conclusiones y ninguna propuesta. Es lo que tiene la filosofía, piensa para que los demás resolvamos. Pero somos tantos y tan diversos…

El primer hablador entró en batalla. Las autoridades, políticas y económicas, que se entienden bien, diseñan una educación técnica para los que hayan de trabajar sin humanidades, que van de entender el mundo y pensarlo. Eso ya lo harán ellos. Son las grandes escuelas de élite las que se reservan las humanidades para comprender el futuro de sus proyectos y las interacciones entre lo que ya hay, en lo que la mayoría no tiene nada que decir, sólo faltaría.

O sea, humanidades para ricos. Los demás son recursos humanos y han de ser felices diseñando detalles o programando apoyos tecnológicos (apps y videojuegos) a lo que ya existe. Pero, pensar el mundo… Eso ya tiene quien lo haga. Conclusión, las humanidades serían peligrosas en manos de la mayoría.

En la proliferación y banalización tecnológica en que nos estamos instalando, la experiencia de la humanidad se convierte en una posesión, una colección de coleccionables que están en Internet, pero se pierde como experiencia. La ponente ironizó con que sus hijos construían un cucurucho, lo pintaban de rojo, soplaban en un depósito de frambuesa y de paso desaprendían lo que era un volcán.

Espacio, tiempo y atención

Las humanidades requieren espacio, tiempo y atención, es decir, un espíritu dispuesto a cambiar porque se da tiempo y espacio para recibir argumentos y sopesarlos. Eso va mucho más lejos que la simple competencia. Porque la competencia es una necesidad de los que tienen que emplear. Mientras el que emplea, piensa y decide los cambios sus empleados han de saber cambiar de algoritmo mental o procedimental para hacer frente a contingencias menores. ¡Ay, pero llegará el día en que eso lo harán los robots!

La competencia es una necesidad de

los que tienen que emplear

Otro ponente ironizó a costa de sus alumnos universitarios. En sus horas de despacho, cuando se ha de ausentar deja en la puerta un rótulo que dice «El titular ha tenido que ausentarse. Por favor, esperen a Godot». Mientras, según él, antes eso provocaba simplemente una sonrisa irónica en los estudiantes que querían verle y esperaban, ahora quedan sumidos en el desconcierto y se preguntan (y van por ahí preguntando) si se han equivocado de despacho. En fin, siempre hubo de todo como le hicieron reconocer.

Tal vez, lo más osado que oí fue la tajante afirmación del filósofo Gregorio Luri del deber de la inteligencia. No asumirlo es como automutilarse.

No permitiríamos que alguien se amputase un brazo porque sí. En cambio, permitimos que se prive de toda la inteligencia y visión del mundo que pueda obtener.

Las Humanidades fueron contemporáneas de la Revolución Científica que por entonces se llamaba Filosofía Natural. Se llegó a la ciencia por las humanidades y aquella no sirve para nada más que para informarlas. Han de crecer juntas porque son inseparables a riesgo de mutilar la humanidad. Un asistente, en el turno de intervenciones, testimonió que su doctorado americano en Física lucía en el título el epígrafe «DOCTOR EN FILOSOFÍA EN LA ESPECIALIDAD DE FÍSICA».

…han de crecer juntas porque son inseparables

a riesgo de mutilar la humanidad

En fin, el asunto es que no nos damos tiempo para pensar. Y para pensar hay que tener palabras. El problema de fondo está en que mientras hay niños que llegan a la escuela con 600 palabras, tienen compañeros que funcionan con 3000. Luri ironizó que éstos llegan a casa repitiendo todo lo que han hecho en clase, mientras aquellos lo que repiten es curso. Todo está en el lenguaje. Y mucho lenguaje abre la puerta a muchos lenguajes.

¿Cómo equilibramos 100.000 años de

separaciones humanas?