La apología de una educación digital tiene el peligro de todas las supuestas revoluciones: olvidar conservar lo esencial del antiguo sistema, aquello que funcionaba. La innovación educativa nos muestra una característica singular, toda innovación en la tarea de enseñanza-aprendizaje tiene el carácter de complemento.
Veamos un ejemplo: sigue siendo necesario una exposición estructura y clara de las ideas básicas de una materia, una exposición que explique y ejemplifique esas ideas que fundamentan cualquier disciplina. Aquellos que critican la necesidad de una exposición directa estruturada y clara, seguramente nunca han estado en una clase. Un alumno demanda orden y claridad conceptual, a pesar de la pedagogía vanguardista que olvida esta necesidad.
Esa corriente de tecnofobia que critica la necesidad de introducir la Red en nuestras aulas, tiene el peligro opuesto: el anacronismo de una propuesta que el mundo digital ha destruido. Una educación actualizada para una sociedad de la información, debe combinar y complementar estas dimensiones: la necesidad de una estructuración básica de ideas por materia, y la introducción de nuevas didácticas de la información en un mundo digitalizado.
¿El constructivismo? Todo gran alumno siempre ha sido constructivista en su síntesis de conocimientos y competencias: un alumno activo y autónomo es el objetivo de toda educación eficaz. Los buenos profesores de toda época han introducido al alumno directamente en su actividad educativa. Sí, Ausubel ya era una práctica diaria. Hay un problema que  no deberíamos obviar, la autonomía es una construcción, un aprendizaje lento y difícil, no deberíamos presuponerla automáticamente. 
Exposición directa, constructivismo y didácticas de la información son la nueva síntesis que una educación actualizada tendrá que ir incorporando. Una síntesis que tiene la dimensión de prácticas que se complementan. Desde INED21 apostamos por esa nueva síntesis: revolución es equilibrio metodológico.