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RESEÑAS DE LIBROS PARA EL MUNDO EDUCATIVO

Cuando leo un libro que me gusta, suelo hacer una reseña para que mi mente no lo olvide, para dejar constancia de aquello que me ha llamado la atención y, también, me sirve como ejercicio de estructuración de mi propio pensamiento, debo destacar aquello que me ha entusiasmado y relacionarlo con mi propia experiencia personal.

Una de mis últimas lecturas ha sido: «Las aventuras de un profesor novato» de Pablo Gómez Sesé.

RESEÑA

Creo que me atrevo a comentar el libro «Las aventuras de un profesor novato» con conocimiento de causa aunque sí te puedo decir que nunca trabajé en la privada, mis 36 años de experiencia docente siempre han sido en la Educación Pública.

Globalmente aprecio que los consejos que en el libro se dan van dirigidos al profesorado que solo intenta enseñar y no educar y evidentemente, no es lo mismo. Partimos de la base de la dominación del profesorado hacia el alumnado y creo que ahí está el primer error, no podemos presentarnos en las aulas como el personaje que tiene toda la autoridad sobre el grupo y que el alumnado está allí para obedecer y estar callado, uffff… qué lejos está esta idea de la educación comprensiva y del aprendizaje significativo.

Pero vayamos por parte. Tengo la manía de subrayar todo lo que leo para que después no se me pase detalle, así que voy a ir comentando lo que veo en este libro.

Considero, con todo mi respeto, un poco atrevido, en esta corta experiencia del autor, ir dando conferencias y hasta escribir un libro, para aconsejar al profesorado novato, cuando su período de aprendizaje (según él mismo relata) se considera insuficiente y de mala calidad; pienso que de Educación nunca se termina de aprender y la formación es clave en el proceso, máxime cuando se parte de una ingeniería, nada más alejado de lo que es un centro educativo. Gran valentía ha tenido el autor para ponerse delante de la chavalería a dar clases después de ni siquiera haber hecho un máster en condiciones, como él mismo nos cuenta, que lo formara pedagógicamente y con algunas ideas de didáctica sobre la materia que iba a impartir.

Menos mal que había hecho un máster en inteligencia emocional y eso le daba una ligera idea del acercamiento hacia el alumnado, cosa que, después no se vislumbra mucho en sus consejos y sus planteamientos (quizás tenga que escribir algo más para que se aprecie que lo que yo he leído y de lo que yo me he percatado no es cierto, escribo sobre lo leído, sin conocer a la persona, que será sin duda excelente, y no haber sabido transmitirlo a los lectores, sobre todo, cuando habla de educación).

PRIMER DÍA DE CLASE

Prepararse el primer día de clase es difícil, no lo dudo, pero no en cuanto a la materia, eso viene en los manuales y es cuestión de un repaso. Prepararse las primeras clases significa: conocer el contexto, preocuparse por conocer al alumnado, conocer al claustro y el centro, tomar datos y opiniones del profesorado que le da clase, mirar expedientes, contactar con tutores de años anteriores…

Primero, contacto con las personas y, después, me planteo la forma de trabajar, quizás en este período de investigación me dé cuenta de que debo cambiar mi estilo, que yo soy un orientador y coordinador del aprendizaje, que voy a hacer que el alumnado sea el centro de su propio conocimiento y, por tanto, yo deba transmitir menos, porque ya sabemos, y está científicamente probado, que las clases magistrales no sirven, que el alumnado debe descubrir, experimentar, sentir curiosidad, emocionarse con lo que aprende, de lo contrario pasará a tener conocimientos estancos que consumirá, vomitará en un examen y lo olvidará, sin pasar a formar parte de su poso cultural durante toda su vida.

El consejo de un profesor veterano de «Tú eres el que manda ahí dentro» (pos. 253) que le dio el empuje al autor para entrar en la primera clase, parte de una enseñanza directiva, nada comprensiva, donde el profesorado tiene todo el poder y ejerce la autoridad delante de los estudiantes; precisamente, en esa edad de rebeldía en la que se siente contrariedad contra aquello que me imponen.

Pienso que hay que establecer relaciones para crear un buen clima de aprendizaje antes de tomar contacto con la materia en cuestión, nada más positivo en la educación que sentirse miembro de pleno del grupo, no estoy hablando de ‘colegueo’, sino de relaciones que nos hagan comprender cada una de las diferencias de las personas del grupo, llevándonos a un enriquecimiento personal y educativo, precisamente, por las diferencias personales.

Cuando por primera vez me pongo delante de un grupo soy una persona extraña, que además le va a dar clase y tiene el poder de suspenderme o aprobarme, eso es una tarea difícil por parte del alumnado que como grupo lleva junto unos años y que no sabe nada de la persona del profesor.

No cuesta nada presentarse, contarle un poco de tu vida, de por qué estás allí, cuál ha sido tu experiencia en otros centros, o en tus estudios anteriores, hablar algo de tu situación personal… poco a poco, te irás ganando respeto y confianza, el alumnado no estará delante de un extraño porque ya irá conociendo algo de ti y de tus circunstancias, no se trata de descubrir toda mi vida personal, quizás relatar alguna anécdota de cuando eras estudiante lo hará sentirse más cercano y sabrán que eres una persona igual que ellos, con la diferencia de que tienes unos estudios que te ponen en el lugar de profesor.

Antes de entrar en materia es necesario establecer lazos emocionales que me ayuden al acercamiento educativo, pero si por contra lo que quiero es enseñar, olvidando educar, la tarea se plantea desde el principio y «como un sargento».

De igual forma, puedo sugerir que ellos y ellas se presenten, así me voy conociendo los nombres (pos. 362) y me da más seguridad al dirigirme a ellos y ellas. No puedo hablar de normas impuestas (pos. 293) porque este acto, en sí, predispone a incumplirlas. Es necesario consensuarlas con el alumnado para que se sientan partícipes de la propia clase y se conciencien de que para que exista un buen ambiente de trabajo es necesario respetarse.

Para que la clase sea dinámica (pos. 293) como expresa el autor, la metodología de trabajo no puede ser: explicar, ejercicios, corregir, exámenes… hace falta que el alumnado trabaje en grupo, que descubra su propio aprendizaje, que lo haga suyo, que resuelva sus conflictos con los conocimientos, hace falta que se equivoquen y que aprendan de ello… una metodología más activa hará las clases más dinámicas, sin miedo al profesorado, sin miedo a expresarse, sin miedo a preguntar lo que no entienden…

El docente no es el que manda, es el que acompaña en el aprendizaje y el que orienta educativamente; por eso, me extraña que el autor del libro se sienta feliz por el hecho de poder dar órdenes (pos. 322) Cuando al alumnado se le pone a trabajar en grupo se calibran las personas, pueden aprender entre iguales y así todo el grupo saldrá ganando.

Si el tutor o la tutora impone los puestos y, además, los pone en filas, estará predisponiendo hacia el mal ambiente en la clase. Imaginaros que os sientan en la comida familiar, que al fin y al cabo es una actividad de unas horas, con ese cuñado que solo habla de fútbol y que a ti no te gusta ni ver un balón, es un suplicio, no lo dudes, es mejor sentarse con las personas con las que me te sientes mejor, con las que puedes compartir intereses, con las que sabes que, al final, vas a aprender y establecer relaciones positivas.

¿Sabemos la trayectoria de los malos alumnos o alumnas? Cuando veo y observo a un alumno que no se ajusta a las normas de trabajo del grupo, ahí tengo que empezar una investigación: ¿Cómo es su familia? ¿Cómo ha estado en cursos anteriores? ¿Qué medidas ha tomado el centro para educarlo? ¿Qué le pasa a esa persona? ¿Cuáles son sus intereses? ¿Por qué no se siente bien en el grupo?…

Este alumnado problemático suele tener detrás una historia y esa tengo que conocerla, tengo que echar horas de tutoría con él para que afloren todos los problemas que le aquejan, de esa forma podré conseguir ganármelo personalmente y así las relaciones en la clase irán mejorando, seguro.

En las ocasiones en que «Estás hecho un lío» (pos. 449) y «Antes de perder los papeles» (pos. 559) es conveniente dirigirse al Departamento de Orientación, o a la Jefatura de Estudios, normalmente allí se tienen datos que pueden esclarecer algunos comportamientos y así me ayudarán con la tarea educativa de llevar las clases a buen puerto. Si mi objetivo es «controlar la clase» (pos. 459) estoy partiendo de un error de base, no estamos en ninguna base militar donde el sargento tiene que poner firme a todos los soldados, no, por favor, los centros educativos no son eso, hay que educar para el autocontrol de las emociones, más en esas edades de la adolescencia, y si ese día tengo que dedicar el tiempo a reflexionar con el alumnado, seguro que es una clase ganada para todo el curso, no es una pérdida de tiempo, de verdad, lo he comprobado en numerosas ocasiones, con grupos y alumnado de difícil tratamiento. Un acercamiento a las personas en período de formación, vale más que la más maravillosa clase de Matemáticas o de cualquier otra materia.

¿INDIVIDUAL?

La profesión docente NO debe ser individual (pos. 604), la comunidad educativa debe marchar al unísono y eso no va con la suma de individualidades.

Existen los grupos de niveles, los departamentos, el ETCP, el claustro, el Consejo Escolar, la AMPA… en todos estos grupos hay que tomar decisiones conjuntas y eso hace que el profesorado no se sienta solo ante el grupo.

Hay centros que están experimentando otras formas de educar, en los que el profesorado de PT se mete en la clase y ayuda a la inclusión del alumnado, en este caso son dos los profesores que están en el aula con el mismo grupo, también existen otras formas de trabajar en tareas integradas que desarrollan conocimientos interrelacionados.

Conseguir que te respeten y te tengan cariño (pos. 660) eso es lo bueno, lo uno no está reñido con lo otro. Al final consiguió el autor ver que las emociones cuentan y que el alumnado se deja llevar por el trato cariñoso más que con el régimen de ordena y mando porque yo lo digo.

Enhorabuena, Pablo, por las emociones que transmitiste en el alumnado, ese es el buen camino educativo, ellos y ellas te devolvieron buenos momentos en tu vida.

Este intercambio de relaciones es necesario para el buen transcurrir de las personas dedicadas a esta tarea maravillosa de educar. «Este profesor se interesa por lo que sentimos y quiere que seamos mejores personas, nos valora y nos quiere aunque sea nuestro profe…»

Muy buena la intervención en la despedida (pos. 1083) «Todos habéis aportado algo: Rocío, tu esfuerzo y capacidad para ayudar a los demás; Javi, tu sensibilidad y amabilidad;Pablo, ese mundo interior que debes sacar más; María, tu garra por defender y luchar por lo que consideras justo; Maribel…»

«Las cuarenta lecciones que aprendí… (pos. 1362)» Vuelven a reflejar una enseñanza trasmisiva donde el profesor debe dominar la clase y el alumnado obedecer a su autoridad. ya he manifestado anteriormente que no estoy de acuerdo con este tipo de Educación que se dedica solo a la transmisión de conocimientos y que olvida a las personas como agentes de su verdadero aprendizaje, creo que el trabajo en grupo y un buen clima de clase hacen que al final, el aprendizaje entre de forma significativa.

Concluyendo, veo muy acertado lo de la formación en inteligencia emocional pero creo que después no concuerda con tu forma de llevar las clases, al menos lo que se relata en el libro, será una tarea pendiente para el profesorado, reconocer que hay que cuidar las emociones y que a través de ellas podemos motivar de forma certera y podemos llegar al corazón del alumnado.


N. del E.: En esta colección, Reseñas de libros para el mundo educativo, podremos disfrutar tanto de la recomendación de nuevos títulos, como de la crítica constructiva de algunos otros. 

N. del E.: Dolores Álvarez Peralías es la autora de las reseñas contenidas en la serie Reseñas de libros para el mundo educativo –a la que pertenece este post–; y quien, generosamente, las ha compartido con INED21. Le agradecemos, profundamente, su generosidad y le felicitamos por su profesionalidad y la honda sensibilidad que proyecta en sus trabajos. Como siempre, un lujo.