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RESEÑAS DE LIBROS PARA EL MUNDO EDUCATIVO

Cuando leo un libro que me gusta, suelo hacer una reseña para que mi mente no lo olvide, para dejar constancia de aquello que me ha llamado la atención y, también, me sirve como ejercicio de estructuración de mi propio pensamiento, debo destacar aquello que me ha entusiasmado y relacionarlo con mi propia experiencia personal. Una de estas lecturas ha sido: «La evaluación como aprendizaje» de Miguel Ángel Santos Guerra.

RESEÑA

La evaluación es un acto educativo que debemos tener presente en todo momento del aprendizaje, no es una actividad final, es un continuo a lo largo del proceso del cual podemos aprender para transformar lo que no salió de forma satisfactoria. Entendida de esta manera, podemos considerar que la evaluación debe programarse desde el principio, pero puede ir modificando nuestra tarea porque nos servirá de aprendizaje –tanto al alumnado como al profesorado–.

Tradicionalmente, se ha considerado la evaluación como una tortura, en la que el profesorado ejerce su poder sobre el alumnado y no se atiende a más razones de aprendizaje durante el proceso, como un medio fantástico para poder aprender de mejor forma con una implicación del alumnado en su propia tarea educativa.

LA EVALUACIÓN, UN ACTO EDUCATIVO

Nos relata Santos Guerra que la evaluación puede servir para muchas finalidades simultáneas, unas de carácter pedagógicamente pobre (A:’Medir, calificar, comparar, clasificar, seleccionar, jerarquizar, atemorizar, sancionar, acreditar, juzgar, exigir, promocionar’) y otras que tienen naturaleza pedagógicamente rica (B: ‘Aprender, dialogar, diagnosticar, comprender, comprobar, explicar, mejorar, motivar, rectificar, contrastar, reflexionar’).

Si preguntamos sobre ellas veremos que las del grupo B serán las más aceptadas, pero si preguntamos por la realidad de lo que se hace, serán las del grupo A las que más se consideren reales.

¿Por qué se da esta significativa discrepancia?

¿Por qué no coinciden las finalidades reales con las ideales?

A esta y otras muchas cuestiones podemos encontrar respuesta en la obra del estudioso sobre el tema Santos Guerra. El propio autor nos habla de su preocupación por entender la evaluación como un ‘camino para el aprendizaje’, un ‘camino que nos ayuda a entender lo que sucede y por qué y nos facilita la rectificación del rumbo, el reconocimiento de los errores y la mejora de la práctica’. No se puede despojar a la evaluación de sus dimensiones éticas, políticas y sociales.

Nos pone de relieve los principios generales de la evaluación:

1

La evaluación es un fenómeno moral, no meramente técnico.

2

La evaluación debe ser un proceso y no un acto aislado.

3

Es preciso que la evaluación sea un proceso participativo.

4

La evaluación tiene un componente corroborador y otro atributivo.

5

El lenguaje sobre la evaluación nos sirve para entendernos y también para confundirnos.

6

Para que la evaluación tenga rigor ha de utilizar instrumentos diversos.

7

La evaluación es un catalizador de todo el proceso de enseñanza y aprendizaje.

8

El contenido de la evaluación ha de ser complejo y globalizador.

9

Para evaluar hace falta tener un conocimiento especializado del proceso de enseñanza / aprendizaje.

10

La evaluación tiene que servir para el aprendizaje.

11

Es importante hacer metaevaluación, o lo que es lo mismo, evaluar las evaluaciones.

12

La evaluación no debe ser un acto individualista, sino colegiado.

En cuanto a la evaluación de los centros, nos habla de la responsabilidad social y del rendimiento de cuentas de las actuaciones a la comunidad educativa y a los legítimos representantes de los ciudadanos. En este apartado se plantean cuestiones muy interesantes para elaboración del Proyecto de centro, la participación de los distintos sectores, la coordinación entre los profesionales, la comunicación, la información, la organización, la autoridad, la coeducación, la educación en valores, la integración y la inclusión, la adaptación al medio, la investigación sobre la práctica, el clima de centro, la gestión económica, la disciplina… Concluye el autor diciendo que:

«Hay que someter la evaluación a la permanente reflexión de los profesionales y de los teóricos… pero sobre todo es un reto social y un compromiso ético».

«Empeñarse en que las cosas cambien exige que se centre la mirada en las aulas y los centros, pero también un poco más allá y más arriba: en la política que mueve los hilos de la evaluación. Con la mirada en el horizonte de una sociedad mejor».

Es necesario utilizar la evaluación para aprender y para mejorar el aprendizaje del alumnado, la dinámica de los centros, la formación del profesorado y la implantación de las reformas.

Este libro es de obligada lectura para el profesorado que piense que otra educación es posible y que hay formas de evaluar que no supongan para el alumnado una verdadera tortura.

Y para los que no piensen así, se lo recomiendo para que vean, de forma muy razonada que no se pueden hacer las cosas en lo referente a la evaluación, igual que el siglo pasado, que hay que tener otros métodos que nos lleven a la reflexión y que hagan de la tarea educativa una verdadera actividad de aprendizaje, sin miedos a los tremendos exámenes como única prueba de evaluación, pensando que en el proceso puede darse un camino hacia una transformación encaminada a la mejora de la calidad educativa.


N. del E.: En esta colección, Reseñas de libros para el mundo educativo, podremos disfrutar tanto de la recomendación de nuevos títulos, como de la crítica constructiva de algunos otros. 

N. del E.: Dolores Álvarez Peralías es la autora de las reseñas contenidas en la serie Reseñas de libros para el mundo educativo –a la que pertenece este post–; y quien, generosamente, las ha compartido con INED21. Le agradecemos, profundamente, su generosidad y le felicitamos por su profesionalidad y la honda sensibilidad que proyecta en sus trabajos. Como siempre, un lujo.