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RESEÑAS DE LIBROS PARA EL MUNDO EDUCATIVO

Cuando leo un libro que me gusta, suelo hacer una reseña para que mi mente no lo olvide, para dejar constancia de aquello que me ha llamado la atención y, también, me sirve como ejercicio de estructuración de mi propio pensamiento, debo destacar aquello que me ha entusiasmado y relacionarlo con mi propia experiencia personal. Una de estas lecturas ha sido: «Martes con mi viejo profesor» de Mitch Albom.

RESEÑA

Un libro verdaderamente apasionante en el que se dan sencillas lecciones de vida, una asignatura pendiente en muchas personas que ejercen como profesionales y que están carentes de esta ternura que nos muestra Mitch Albom con tanta delicadeza. Son conversaciones que dan para la reflexión y que no te dejan indiferente.

Narra la experiencia vivida de Mitch Albom con Morrie Schwartz, uno de sus profesores de la universidad, al que tenía mucho aprecio y había seguido durante sus años de estudiante, al que vuelve a ver por casualidad muchos años después (16) en una entrevista de televisión, y en la que se entera de que su viejo profesor está muy enfermo.

Morrie (‘el entrenador’, como lo llamaba su alumno) sufre la enfermedad de ELA (‘Esclerosis Lateral Amiotrófica’), una enfermedad degenerativa que lo va a ir inmovilizando –poco a poco– pero que lo deja con la mente lúcida para intervenir en los encuentros de cada martes con Mitch.

«La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es una enfermedad degenerativa de tipo neuromuscular. Se origina cuando las células del sistema nervioso llamadas motoneuronas disminuyen gradualmente su funcionamiento y mueren, con lo que se provoca una parálisis muscular progresiva de pronóstico mortal: en sus etapas avanzadas, los pacientes sufren una parálisis total que se acompaña de una exaltación de los reflejos tendinosos».

Wikipedia

El autor del libro donó todos sus derechos para pagar las facturas médicas de su profesor y para la investigación de la ELA.

CADA MARTES

Las lecciones de vida en las que cada martes se enfrascan a debatir son: la visión del mundo, sentir lástima de uno mismo, los arrepentimientos, la muerte, la familia, las emociones, el miedo a envejecer, cómo perdura el amor, el matrimonio, nuestra cultura, el perdón, el día perfecto y el adiósLa asignatura era El Sentido de la Vida y se impartía a partir de la experiencia propia.

«Aunque no hubo examen final, ni Graduación sino funeral, el alumno debía preparar un largo trabajo sobre lo que había aprendido y aquí en este libro se presenta ese trabajo. En la última asignatura de la vida de mi viejo profesor solo había un alumno. Ese alumno era yo».

Morrie, a pesar de su progresiva inmovilización, se negaba a deprimirse y se había convertido en un pararrayos de ideas. «Decidí que iba a vivir, tal como quiero, con dignidad, con valor, con humor, con compostura». Apuntaba sus pensamientos en cualquier parte «Acepta lo que eres capaz de hacer y lo que no eres capaz de hacer; acepta el pasado como pasado, sin negarlo, sin descartarlo; aprende a perdonarte a ti mismo y a perdonar a los demás, no des por supuesto que es demasiado tarde para comprometerte»… él hablaba de sus «aforismos».

«La cultura que tenemos no hace que las personas se sientan contentas de sí mismas. Y uno ha de tener la fuerza suficiente para decir que si la cultura no funcioa, no hay que tragársela».

Hay que destacar cómo el profesor ejerce grandes expectativas hacia el alumno hasta el punto de que, a lo largo de sus encuentros, lo va haciendo reflexionar sobre la vida y sus pequeñas cosas, que hacen que una persona llegue a ser grande; y, por tanto, un mejor profesional, porque le va mostrando esos entusiasmos que él ni siquiera veía en su entorno más cercano, en su ajetreada vida de periodista deportivo que lo llevaba a la ambición y al querer más cada día, lo hace emocionarse con una llamada, con una mirada por la ventana viendo la progresión del hibisco, con una canción, con lo que ocurre en el mundo…

«Un maestro afecta a la eternidad;

nunca sabe dónde termina su influencia»

Henry Adams

«Aquellos martes en los que entraba en su estudio con el hibisco junto a la ventana, fuera lo que fuera lo que trajera conmigo –un drama personal, asuntos laborales, pensamientos agobiantes–, todo se desvanecía cuando Morrie me saludaba, porque él de verdad quería estar conmigo. Los ojos se le arrugaban, las orejas se le levantaban y la boca esbozaba una mueca divertida para darme la bienvenida».

Un libro para personas sensibles con ganas de aprender y con ganas de salir fuertes ante un grave problema de salud, con este libro veremos que la muerte no es más que una consecuencia de la vida.


N. del E.: En esta colección, Reseñas de libros para el mundo educativo, podremos disfrutar tanto de la recomendación de nuevos títulos, como de la crítica constructiva de algunos otros. 

N. del E.: Dolores Álvarez Peralías es la autora de las reseñas contenidas en la serie Reseñas de libros para el mundo educativo –a la que pertenece este post–; y quien, generosamente, las ha compartido con INED21. Le agradecemos, profundamente, su generosidad y le felicitamos por su profesionalidad y la honda sensibilidad que proyecta en sus trabajos. Como siempre, un lujo.