IMAGINACIÓN Y CREATIVIDAD

En el momento en que los docentes nos planteamos cómo desarrollar y canalizar la imaginación y creatividad de nuestros alumnos, inmediatamente nos encontramos de frente con la actividad teatral y con su gran utilidad pedagógica. El teatro despierta la emoción, conecta con los afectos, con los sentimientos y con lo más íntimo de la persona,  lo que hace fluir la capacidad de querer, de dejarse querer y, sobre todo, de crear…

Estrechamente unido al teatro,  encontramos la literatura, como un  excelente medio de entretenimiento, y un magnifico vehículo para expresar las emociones humanas; también como un modo fantástico para conocer las sociedades del pasado, que con seguridad han influido en las del presente.

Siendo una auténtica convencida del valor de las humanidades, y del estudio de las lenguas clásicas, no es de extrañar que considere un excelente ejemplo de la sociedad romana las obras de Titus Maccius Plautus, escritor de comedia palliata, (de pallium, prenda vestida por los actores) que se inspira  en los modelos de la Comedia Nueva griega,  en  las comedias de Menandro, Dífilo,  Filemón y Demófilo.

Utilizan las comedias plautinas personajes estereotipados que nos ayudan a comprender, por ejemplo,  lo que   provocaba  la risa a los espectadores en el teatro romano, repeticiones de estructuras lingüísticas vivas que conectan con las clases cultas y con la plebe, haciendo hablar a sus personajes según el estrato social al que pertenecen.

CALIGAE TEATRO

Este curso,  el grupo de alumnos que conforman  Caligae teatro, después de dos años siéndole fieles a Aristófanes y a la comedia griega, se ha  reencontrado con  la comedia romana y con  el mismísimo  Plauto (254-184 a.C.), seguramente, uno de los escritores clásicos más  traducidos y por tanto, más apreciados.

Ya en vida, se ganó el favor y el entusiasmo de las multitudes que atestaban el teatro en la ciudad de Roma. Sus comedias fueron las que mejor supieron conectar con el público, tanto por su contenido como por su forma, proporcionándole a los espectadores ratos de evasión y divertimento.

El número de obras escritas por Plauto  es un asunto que despertó la discrepancia ya en la Antigüedad. Varrón concluyó que, de todas las que circulaban en su tiempo, sólo 21 eran de Plauto; si bien mostraba dudas con algunas otras por su estilo. Son precisamente esas 21 obras las que han llegado hasta nosotros.

En lo que se refiere a las líneas argumentales, lo cierto es que las comedias de Plauto apenas difieren unas de las otras; son temas repetidos con frecuencia que, sin embargo, no dejan de entusiasmar al público. En los prólogos se informa en muchas ocasiones de lo que se verá en escena: es el cómo y no el qué lo verdaderamente fundamental.

El gran objetivo de Plauto es siempre divertir al espectador; no le importa perder en la caracterización de los personajes, lo que él busca es el mayor impacto cómico posible. Para ello, recurre a una gran variedad de recursos: máximo movimiento escénico, ruptura de la ilusión escénica mediante referencias a acontecimientos de Roma o alocuciones directas al espectador, groserías  y situaciones absurdas.

Así pues, no es ni en la originalidad de los argumentos, ni tampoco la creación de personajes complejos, lo que más destaca en Plauto. Es el lenguaje, caracterizado por su gran riqueza expresiva, y que no es sino el latín hablado por el romano de a pie, y salpicado por palabras griegas y púnicas, lo que explica parte del éxito de Plauto  y a la vez determina el porqué de su importancia actual,  pues es un testimonio del habla popular de la época.

ANFITRIÓN

Es Anfitrión la única comedia con tema mítico, la leyenda del ciclo tebano sobre el nacimiento de Hércules y las circunstancias que le preceden. Entre sus personajes se cuentan dioses, Júpiter y Mercurio,  por lo que en el prólogo se designa la comedia como una tragicomedia; y así es: tipos de tragedia son Alcmena y la esclava Bromia, Anfitrión en parte; las dos figuras de dioses que  han llegado del Olimpo, no son en sí tipos de comedia, a pesar de que Júpiter es presentado como un perfecto sinvergüenza, encaprichado de Alcmena  y Mercurio como un  auténtico  resabiado.

Los dos son más humanos que nunca: pasionales y viciosos, envidiosos  y obscenos, con los mismos defectos  que nosotros, los mortales, y de ahí su comicidad. Sólo Sosia, el Sosia auténtico, es un esclavo de comedia como Dios manda: fiel a su amo, consciente de la mala suerte de su condición, pero dispuesto a sobrellevarla con humor. Y feliz si consigue comer todos los días. Es el verdadero centro de la comedia.  También Mercurio tiene ciertas connotaciones del servus de Plauto.

El argumento  nos desvela un verdadero  problema de identidad: Anfitrión está en la guerra contra los teléboas, Júpiter, haciéndose pasar por él, se aprovecha de su esposa Alcmena. Mercurio se transforma en el esclavo Sosia, que también está ausente, y Alcmena que está embarazada y espera ansiosa la llegada de su marido, es víctima de su farsa.

Lo que no se espera es que el mismísimo Júpiter, padre de los dioses y de los hombres,  metamorfoseado en su marido, iba a seducirla, como solo sabe él hacerlo, dejándola de nuevo embarazada. Al volver el verdadero Anfitrión y el verdadero Sosia, son burlados los dos en una forma increíble. Puesto que el tema literario del marido burlado  es y será de larga tradición, lo novedoso de esta comedia es la aparición de estos dioses, venidos desde el OIimpo, exclusivamente para hacer de las suyas…

LA RISA POR LA RISA

El resultado es la pelea y el escándalo entre marido y mujer, una escena llena de confusión, hasta que Júpiter hace sonar su atributo, el trueno y confiesa con potente voz desde el cielo su adulterio. Con todos estos ingredientes y estos personajes que emanan vida nos podemos hacer una idea de la visión que Plauto tenía de la sociedad de su tiempo.

Todos los que amamos el teatro grecolatino seguimos con la misma ilusión que hace seis años, cuando en el Salón de actos de IES J.L Castillo Puche representamos Caligae Magnificus (de ahí nuestro nombre) de Arístides  Minguez, sin  demasiadas expectativas y con la sola pretensión de la risa por la risa. Por lo que Plauto estaría satisfecho… Semper in nos manebis.

Pero yo, canalla,

voy a honrarte con la cruz y su tormento

Amphitruo, escena VI