Una sociedad se define de muchas formas. Un ejemplo: aquello que admira. En medio de una crisis económica que reordena todos los factores existentes: cierta clase política estigmatiza el trabajo diario del profesorado; parte de la sociedad nos ve como un funcionariado/ empleado público cómodo y privilegiado, con escaso rendimiento. Repetimos: cierta clase política y parte de la sociedad. Matizar en las valoraciones generales, es la mínima honestidad a la hora de analizar.

No ahondaremos en las causas y oportunismos de tales juicios. Desde INED21 queremos aportar un optimismo realista, que ofrezca soluciones concretas a este estado de opinión y que dé visibilidad y claridad a nuestro trabajo. Dos propuestas de INED21 quieren ayudar a nuestro objetivo: explicar socialmente nuestro trabajo.

Primera: es necesario el reconocimiento de nuestro trabajo diario, de aula. ¿Cómo? Medios de comunicación, sindicatos e instituciones públicas deben apostar por construir esa narración común del profesor y maestro, en su día a día: una narración común que puede concretarse en artículos, reportajes y campañas públicas donde esa narración común se haga visible. Solo se admira lo que se conoce: gran parte de la sociedad actual no sabe las dificultades y adversidades de la educación diaria.

Segunda: la obligación legal y formal de una política de comunicación de cada institución educativa dentro de su programación anual. ¿Por qué? Debemos comunicar los aspectos positivos, pero también la sociedad debe saber los problemas que nos encontramos como centro educativo en el desarrollo de la tarea educativa. Comunicar eficazmente implica a las familias, municipios y sociedad. Comunicar y compartir, el primer paso para reconstruir un prestigio social que nunca debimos perder: dos propuestas de INED21 desde el realismo educativo. 

  • Silvia menéndez

    Todos deberíamos poner nuestro pequeño granito de arena. No al inmovilizó

  • Hilario Merinero

    Por supuesto: hay que divulgar y describir la tarea docente. Pero debería desaparecer de esas “narraciones” la perenne queja sobre lo díscolos (como mínimo) que son los alumnos y lo poco que ayudan los padres. Se podrían sustituir por explicaciones más científicas sobre las características de la etapa adolescente y por sugerencias a los padres sobre cómo pueden ayudar a la labor del profesorado.

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