¿QUÉ PODEMOS ESPERAR?

A mi parecer esta pregunta resume el logro de una escolaridad. Explorado el argumento de la gran película de la Humanidad y las habilidades básicas para actuar en ella, situarse en el último curso (¿los quince? ¿los dieciséis?) debatiendo esa cuestión, que incluye tanto la vocación (parte del papel propio) como las espectativas sociales (hacia dónde nos orientamos en el argumento general).

Se me ha ocurrido esto leyendo el segundo best-seller del israelí Yuval Noah Harari, Homo Deus. Si en el libro anterior repasaba la historia humana como lo que es (a su juicio), una trayectoria de especie y no como lo que suele ser, un inventario de personalidades, hechos y logros memorables, en éste nos pone delante de la pregunta de “lo que podría ser”.

¿Qué cabe esperar? Una de las disyuntivas kantianas. Un tratamiento serio de esa cuestión debe formar parte de la educación de todo ser humano. Le dejamos un mundo imperfecto que seguirá siéndolo pero merece saber a qué se enfrenta y con qué opciones cuenta. Y me temo que en las escuelas ese tema sólo se plantea cuando suceden cosas graves en el entorno de los niños. En mi época fue, por ejemplo, el día después del 23-F. Hoy, las mañanas del 18 de agosto (en colonias de verano) o del 2 de octubre. Tal vez no deberíamos ir tan a remolque de los acontecimientos. Y la vida humana no se reduce a seguir haciendo funcionar lo que ya hay o a inventar detalles nuevos.

Hay momentos en la lectura del libro en que dudas de si está utilizando un tono autoirónico o nos previene de futuros discutibles. Como cuando expone que Google y Facebook nos conocen mejor que nosotros mismos y que las elecciones serían innecesarias porque estas empresas podrían emitir nuestro voto de manera más acorde a nuestras preferencias y opciones que pueden conocer mejor que nosotros mismos. En cualquier caso la advertencia y las derivaciones posibles están claras. Es cierto que el concepto del yo y de la libertad humanas se han puesto en entredicho con los últimos avances de las neurociencias. Explica Yuval los experimentos de Daniel Kahneman según los cuales nuestro “yo narrador” nos lleva a retener las últimas experiencias que hemos tenido por encima de la media de lo que realmente ha pasado. Tal vez por eso un secuestrado recuerde la última atención emotiva que recibió de su secuestrador mejor que el sufrimiento entero que le provocó. Es decir, explica el síndrome de Estocolmo. Pese a ello mucha gente logra mantener el relato total y a eso le llamamos firmeza. Pero es cierto que ese mecanismo nos dota de resiliencia, de olvido para poder recomenzar. La vida es un equilibrio sutil.

No acaba de estar claro a qué llama él “Deus”. ¿Solución, mezcla o disolución de carne y máquina? ¿Fin del trabajo? ¿Un mundo de creadores? ¿Quiénes? ¿El relevo de las máquinas?Porque, según otea él, las máquinas están empezando a crear mejor que nosotros. Para mí el libro pone sobre la mesa más bien los peligros de lo que estamos haciendo (o están haciendo, ya que la mayoría vamos a remolque) pero es notorio que el futuro se ha visto siempre como un peligro. Pero, para mí, la principal limitación del libro es que sigue magnificando la inteligencia (humana o artificial) por encima de la conciencia que en la mayoría de ensayistas modernos es sólo autoconciencia, nunca conciencia de un todo, humildad de ser parte. Y no será porque no dedique amplio espacio a la muerte del individualismo liberal sino porque al individualismo se lo comerá, según él, la interconexión tecnológica, el big-data. Nosotros somos algorismos pero estamos creando algorismos más poderosos. Y para mí no sabe aprovechar las potencialidades de la conciencia moral. Tal vez no sea raro viviendo en un país donde residen casi todos los desencuentros de la Humanidad.

Apunta un peligro que a mí me parece evidente, que es la humanidad a dos velocidades o a varias. Las tecnologías empiezan siendo caras y después se abaratan, pero no todas. Alargar la vida tal vez sea la más espectacular. Poder vivir 140 años con relativa salud y juventud con todo tipo de terapias génicas y reconstrucciones celulares, si llega a ser posible, dotará a algunos de una ventaja insalvable, por cuanto ya serán los económicamente favorecidos, como por la experiencia y saber que pueden llegar a acumular frente a una gran mayoría tal vez más corroída cada vez por la ignorancia, la obesidad y el aburrimiento. Personas con esperanzas de vida de 140 años frente a mayorías viviendo entre 70 y 90 años. Propiedades inmuebles que se prolongarán y se multiplicarán en el tiempo. Según el autor la alianza social de la modernidad puede romperse.

Todos los jóvenes deben ser «conscientes» de esos peligros. Yuval no se moja. Pero pone sobre la  mesa un instrumento poderoso: el imaginario, también llamado religión. La religión no es en realidad lo contrario de ciencia sino su complemento necesario. La ciencia nos proporciona certezas y mecanismos, la religión nos propone un pacto sobre todo lo que no puede ser medido ni racionalizado. El Humanismo, que él cita constantemente pero sin sacar conclusiones profundas, es en sí mismo una religión un pacto. Si las religiones tradicionales eran un pacto entre Dios y nosotros, el Humanismo consiste en un pacto entre nosotros y nosotros a la espera de si Godot se revela o no. Y la robótica y la inteligencia artificial no deberían interferir en ese pacto. Yuval opina que esa tecnología romperá el pacto y se creará la religión de los datos. En fin… todos estamos atentos.

Sin embargo no tiene desperdicio la síntesís de la historia humana que hace comparando seres humanos con chips. El progreso se consigue:

1 Aumentando el número de humanos-chip (aparición del Homo sapiens)

2 Aumentando la variedad de los procesadores (división del trabajo neolítica)

3 Aumentando el número de conexiones entre procesadores (invención de la escritura y el dinero)

4 Aumentando la libertad de movimiento entre les conexiones existentes (descubrimientos y revolución científica)

▶︎A menudo nos imaginamos que la democracia y el mercado libre ganaron porque eran «buenos». En realidad ganaron porque mejoraron el procesamiento de datos global.◀︎ (Homo Deus, p. 651 -edición iBookstore)

Hay muchas maneras de pensar la Humanidad esperando en las cabezas de los jóvenes que apenas empezamos a vislumbrar. Hemos de empezar los maestros.