No hace falta que os diga que los profesores de latín, griego y cultura clásica cada vez que termina el año académico tenemos una gran incertidumbre, incluso terror,  a que en nuestro centro se puedan  elegir y más tarde cursar nuestras asignaturas, consideradas por el alumnado como extremadamente aburridas por un desconocimiento absoluto sobre el gran legado que nos dejaron los clásicos.

Ofertar desde los centros educativos la optativa Cultura Clásica para los primeros cursos de la ESO sería una buena manera de  que nuestros alumnos de ESO se acercasen al mundo clásico, conociéndolo, pero sobre todo, aprendiendo a no despreciarlo.

Ya Thomas Arnold, Ensayos sobre educación, en 1835, afirmaba que desterrar el latín y el griego de vuestras escuelas es acabar con muchos siglos de experiencia del mundo para hallarnos  en la misma situación que si la raza humana hubiera empezado a existir el año 1500.

Tampoco nos debe extrañar que actualmente haya países que, no habiendo sido romanizados, hablan esta lengua clásica por libre opción de una apertura cultural a un mundo vastísimo, siendo el faro científico-artístico-literario-técnico. Finlandia es el ejemplo: allí se habla latín con el mismo respeto, y esmero que el finés,  renovándose así las generaciones  y  pudiendo ser testigos de que en la radio se usa dicha lengua clásica para expandir la actualidad más candente.

El Diccionario de la RAE nos define clásico, en una de sus acepciones, como lo perteneciente o relativo al momento histórico de una ciencia, en el que se establecen teorías y modelos que son la base de su desarrollo posterior. Por tanto, se aplica  el término clásico a esa cultura que se ha considerado como un modelo y, en consecuencia, abarca un conjunto de actividades intelectuales (literatura, pensamiento filosófico y científico), artísticas, creencias religiosas, y políticas (organización administrativa y jurídica) desarrolladas por dos pueblos: el griego y el romano

Pues se nos olvida  que los griegos nos ofrecieron  una mitología  de la que carecen los romanos, también el teatro y los JJ.OO., pero los romanos fueron los que nos trasmitieron el Derecho y un urbanismo del que seguimos aprendiendo, sin olvidar la influencia y la permanencia de esta cultura grecorromana en el arte, en el léxico, en la literatura que debe quedar de manifiesto.

Pero, para mí, descubrir el potencial griego y latino del caudal léxico es lo mejor y más impresionante: todas las ramas de la ciencia han buscado la creación de un lenguaje no solo unívoco sino también universal. La lengua de la medicina y de las lenguas físicas están construidas por étimos griegos y latinos, el lenguaje de la medicina es sistemático y solo por eso no es lo mismo artritis que artrosis, ni  sulfato, sulfuro  lo mismo que sulfito.

Sólo me queda decir, que  nuestros alumnos se acerquen a esta cultura sin miedo, porque desecharla sería desechar nuestro pasado, nuestra esencia y nuestras raíces y con ello estaríamos negando que somos los verdaderos herederos del Imperio Romano. Los que cursan el itinerario humanístico ya conocen qué importante es conocer nuestra historia,  pero cuanto más si de ella podemos encontrar claves para nuestro futuro.