Probemos: la culpa de que no funcione la educación es de los alumnos de hoy, ya no saben lo que es el esfuerzo y la disciplina; la culpa es de los padres, una mayoría de ellos ya no se responsabiliza de sus hijos; la culpa la tienen los diferentes gobiernos, con el cambio constante de leyes educativas y su incapacidad para un acuerdo de Estado, la educación no les interesaría verdaderamente; la culpa la tienen los profesores que no saben enseñar, siendo unos privilegiados nunca asumen responsabilidad de este fracaso colectivo…podríamos seguir…
Lo que acabo de describir es lo que llamamos espejismo causal: todos hemos escuchado un factor o causa que explicaría totalmente un fenómeno complejo. Nuestro país busca culpables continuamente, pero es reacio al análisis riguroso y a la comparación constructiva. Un enfermo tan débil como nuestra educación, no necesita diagnósticos simplistas. Un tratamiento lento y constante que surja de la autocrítica de cada uno de los componentes, es la mejor solución. Empecemos: ¿qué ha cambiado verdaderamente nuestro trabajo de aula, desde hace veinte años hasta hoy? Hay preguntas incómodas que deberíamos responder.