La necesidad de responder a por qué la metafísica educativa surge de nuestra naturaleza histórica. Puede pensarse que la metafísica se refiere a cosas eternas, que no cambian y de las que no se puede decir nada comprensible por mucho que hablemos de ellas. Pero no es así.

Todo lo que sabemos de nosotros hay que irlo a buscar en el río del tiempo. Somos seres históricos haciéndonos y por hacernos. Podemos vivir una vida buena o, además, contribuir a una historia mejor.

Y no es sólo cuestión de compromiso político con la comunidad (con más poder si eres suizo o islandés, las comunidades pequeñas pueden ser más inclusivas y hacen oír su voz comunal de una manera en que las grandes no pueden; ya hablaremos de eso). Hemos pues de educar a nuestros alumnos para ser y para devenir. Porque si no, les serán y les devendrán.

Que nadie les diga a nuestros hijos lo que el siglo XXI va a demandarles porque el siglo XXI son ellos. Que entiendan y discutan lo que sus predecesores hicieron en los últimos cinco mil años y entenderán lo que debe ser el siglo XXI.

Simplemente, pongámosles honradamente en antecedentes (si es que los sabemos nosotros). No es digno que les pongamos en fila y los modelemos a nuestro gusto para hacerlos entrar disciplinadamente en «nuestro» siglo XXI, ése que hemos dejado que sea de pocos.

Posiblemente el mundo no será de todos antes de dos o tres milenios, pero sin entender dónde hay que aplicar presión, pueden llegar a ser cinco, diez… o jamás. Creo que esas ideas sencillas son el inicio de una «metafísica educativa» inclusiva. Hay que desarrollarlas.

Por qué la Metafísica Educativa, entre el Yo y el Uno

La tensión entre el Yo y el Uno es probablemente la principal cuestión metafísica sin la cual una educación humana no puede establecerse. El Yo está claro y a medida que avanza la vida, se refuerza.

Yo me negué, llorando y agarrándome a las paredes, a volver a entrar en el colegio cuando empezó la segunda semana de mi escolaridad a los cinco años (España era different). Pero el Uno, encarnado en madre y profesores me arrastraron al aula, que es el mundo. Tuve que claudicar.

Todos claudicamos. Hoy formo parte consciente del Uno aunque a regañadientes (yo preferiría otro tipo de Uno) pero comprometido. El Yo es muy personal, el Uno, hay que pactarlo y eso nos puede costar siglos o milenios, pero hay que empezar.

El Uno es lo más problemático. Lo descuidamos, incluso tenemos problemas para imaginarlo. Pero estamos obligados porque si no educamos para el Uno, educamos para la selva. Y animales ya hay muchos.

El mundo no nos necesitaba. De lo que necesitaba César hay bibliotecas enteras. Apenas nada de lo quenecesitaba cada uno de sus legionarios. César podía elegir. Nuestros hijos han de elegir un siglo XXI que ya casi les viene imaginado. Y Netflix ya les va imaginando el XXII y el XXIII.

Deus sive Natura parece que escribió Spinoza. Mientras Dios no se revele (para mí, no lo ha hecho), Deus somos nosotros. ¿Y quién somos nosotros?

No existiendo un “nosotros” claro en estos momentos, hemos de discutir aquello sin lo cual los seres humanos no se harán verdaderamente humanos en la pespectiva de una Humanidad de Destino, que es aquella que no podía preverse hace dos mil años y que ahora sólo puede teorizarse, pero ya puede.

Porque por primera vez en la Historia, todos los seres humanos (el Uno) son sedentarios (el Yo puede hacer lo que le plazca siempre que no ataque al Uno) y se ven unos a otros como no pasaba antes. Y no es nada esotérico.

Puede empezarse haciendo efectivos los derechos humanos de 1948 en todo el planeta. Puede seguirse declarando colectiva la propiedad de recursos estratégicos (en la línea de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero).

Y también una Declaración Humana del Valor y el Beneficio. Todo eso no crea una entidad metafísica nueva pero algo ayudará.

Si contrastamos los objetivos educativos actuales con las anteriores consideraciones sobre el Yo y el Uno, tendrán que rechinarnos algunas cosas.

Les dejo pensándolo (yo también lo haré y si puedo, les cuento).

Licenciado en Prehistoria e Historia Antigua. Profesor de EGB y Primária entre 1980 y 2000. Redactor de textos escolares y enciclopedias juveniles para la editorial TEXT/LA GALERA. Autor de novela juvenil. Postgrado de Edición en la UOC. Autor del proyecto Biblioteques d'Investigació Jove y del blog LLIBRE DE TEXT: L'ANCIEN RÉGIME. Miembro de la Societat Catalana de Pedagogia y del grupo "Narració i pedagogia". Actualmente retirado.