¿Podemos mejorar el clima de aprendizaje

durante las exposiciones orales?

Nuestra experiencia como docentes nos ha enseñado a lo largo de los años que en el contexto universitario el clima de aula es un factor muy importante para el aprendizaje. El profesor necesita crear primero un clima cálido de clase, y después lograr que el alumno se interese por una tarea particular (Lara, Aguilar, Cepa y Núñez, 2009).

Muchos docentes buscamos la manera de conseguir una formación integral de los estudiantes, sabiendo que esto implica profundizar en las metodologías de aprendizaje y de evaluación, así como en la relación profesor-estudiante; estas dimensiones pedagógicas pueden facilitar un ambiente adecuado que ayude al proceso de aprendizaje (Rios, Bozzo, Marchant y Fernandez, 2010).

En los nuevos planes de estudio de los grados universitarios se especifican algunas de las competencias generales que los estudiantes deben desarrollar y que se relacionan directamente con las relaciones interpersonales. Tal es el caso de el «trabajo en equipo» y las «habilidades comunicativas», que se pueden adquirir a partir de experiencias de aprendizaje que los profesores pueden generar utilizando metodologías docentes adecuadas (Zabalza, 2011).

Exposiciones

orales

La experiencia que queremos compartir tiene relación con estas dos competencias, que hemos pretendido trabajar a partir de un plan de acción centrado en el desarrollo de «exposiciones orales», ya que son actividades en las que hay una importante influencia del clima de aprendizaje.

Cada curso los estudiantes nos comentaban las dificultades que les suponía la realización de presentaciones orales; sobre todo, las de larga duración que implicaba un mayor control de habilidades relacionadas con la comunicación no verbal.

Nuestro objetivo fue  diseñar e implementar un procedimiento que permitiera mejorar el clima del aula durante la realización de las exposiciones orales, de manera que los alumnos percibieran que lo importante no era el resultado sino el proceso.

Se elaboró también un cuestionario que de forma anónima nos permitió conocer y analizar la valoración de los alumnos sobre la actividad.

La experiencia

Realizaron la experiencia tres grupos de estudiantes de 2º curso del grado en Medicina, participando un total de 106 estudiantes, cuya media de edad fue de 20 años (DE 1,13; rango 19-24). La valoración de la actividad la hicieron 87 de ellos.

Antes de diseñar la actividad, identificamos los aspectos que a los alumnos les podían generar más dificultades e inseguridad y buscamos la manera de introducir aspectos que crearan un clima de respeto y de crítica constructiva durante el proceso.

Queríamos motivar para la participación favoreciendo la colaboración entre compañeros, asumiendo el profesor durante las sesiones el rol de dinamizador. Los alumnos eran informados del objetivo de la actividad, destacando que lo fundamental de ella era «aprender juntos» un procedimiento para realizar exposiciones orales, que les ayudara a superar las dificultades que habían comentado tener para ello.

Se distribuyó a los estudiantes de cada clase en grupos de entre 3 y 5 alumnos, y cada grupo debía preparar un tema importante del programa que fue asignado al azar.

Cada uno de los grupos elaboró una presentación para exponer al resto de la clase durante un tiempo de 30 a 40 minutos, explicando el profesor los pasos del procedimiento de coevaluación que se realizaría.

Todos los participantes disponían de una ficha con los aspectos en los que debían centrar su atención para evaluar a los compañeros que exponían: estructura de la presentación, diseño, redacción, ajuste al tiempo y claridad de expresión.

En la ficha debían anotar los puntos débiles y los puntos fuertes de la presentación, y se calificaba con una nota que era tenida en cuenta haciendo media con la nota del profesor.

Valoración y

feedback

Al terminar la exposición comenzaba el proceso de valoración: en primer lugar el profesor daba la palabra a los estudiantes que habían expuesto para que realizaran su autocrítica; se les pedía que evaluaran su presentación y, también, que dijeran cómo se habían sentido; a continuación, se daba la palabra al resto de alumnos para que comentaran los aspectos positivos y los que se podrían mejorar.

En cada sesión había dos alumnos que iban recogiendo los aspectos comentados. Con todo este material los docentes elaboramos una guía que se envió a todos los alumnos implicados para que pudieran tenerla como referencia en experiencias posteriores.

Finalmente se diseñó un cuestionario para que los alumnos pudieran valorar la actividad. Se valoraron los siguientes aspectos: su experiencia previa en la realización de exposiciones orales, la importancia que le atribuyen a este tipo de actividad en su desempeño profesional, la importancia que tiene para ellos recibir formación sobre ello y feedback de los profesores, y, por último, su valoración específica de la dinámica utilizada.

Figura 1. Proceso para desarrollar el plan de acción

El 62,5% respondieron que habían realizado presentaciones orales en distintas asignaturas desde que comenzó la carrera, pero solo el 40% consideraban que tenían formación suficiente para su realización antes de comenzar la actividad.

El 61% de los estudiantes consideraban que en las asignaturas en las que se les había pedido la realización de una presentación y exposición oral no les habían dado pautas para hacerlo correctamente, y el 40% pensaban que el profesor no les había dado feedback de la exposición.

Estos dos aspectos fueron considerados importantes por más de un 80% de los participantes, que también percibieron el feedback de sus compañeros importante para mejorar en las siguientes presentaciones.

Llama la atención que el 83,9% de los estudiantes se mostraron mayoritariamente de acuerdo en que hacer bien una presentación oral es importante para su formación como profesionales.

Se analizaron también las valoraciones de los estudiantes acerca de la dinámica de la actividad, y los resultados reflejan que solo el 4,5% de ellos no estaban de acuerdo con la forma con la que se llevó a cabo. La mayoría no consideraron que los comentarios o críticas se realizaran con poco tacto o resultaran incómodos, y el 90% percibían que la actitud del profesor durante la actividad fue adecuada. En general los estudiantes percibieron que la actividad favoreció un clima de colaboración y compañerismo en el aula.

Las valoraciones de los estudiantes fueron mayoritariamente positivas respecto a la utilidad de esta actividad, para mejorar distintos aspectos relacionados con las exposiciones orales, destacando:

«El respeto hacia la persona que está exponiendo»

y

«La aceptación de las críticas»

Todos los docentes consideramos que el clima de colaboración alcanzado en la actividad influyó positivamente tanto en el interés como en la atención mostrada por los estudiantes, que además consiguieron desarrollar sus habilidades para realizar exposiciones orales. El esfuerzo realizado mereció la pena sin duda, y el procedimiento lo hemos seguido utilizando con otros grupos, obteniendo siempre resultados positivos.


AUTORES

Asunción Hernando, Margarita Rubio, Mª Victoria Tabera y Gustavo González-Cuevas.

Facultad de Ciencias Biomédicas y de la Salud. Universidad Europea de Madrid.


BIBLIOGRAFÍA

Lara, A., Aguilar, M., Cepa, G. y Núñez, H. (2009). «Relaciones docente-alumno y rendimiento académico. Un caso del Centro universitario de Ciencias Exactas e ingenierías de la Universidad de Guadalajara». Revista Sinéctica: revista electrónica de educación, 33.

Ríos, D., Bozzo, N., Marchant, J. y Fernández, P. (2010). «Factores que influyen en el clima del aula universitario». Revista Latinoamericana de estudios educativos, 40 (3-4), 105-126.

Zabalza, M. A. (2011). «Metodologías Docentes». Revista de Docencia Universitaria, 9 (3), 75-98.