El romanticismo pedagógico sigue creyendo que la creatividad fluye espontáneamente de los alumnos, su motor se llama inspiración. Esta idea es la más asentada dentro de la comunidad educativa, de ahí que dentro de la organización educativa, la creatividad no tenga un reconocimiento curricular, ni metodología educativa específica. Los nuevos profesores siguen siguen siendo los mismos de antes, en el aspecto metodológico. El síndrome lampedusa: todo cambia para que todo siga igual.
El romanticismo tiene una ventaja para el trabajo diario: justifica la falta de planificación y el caos donde la creatividad puede ser cualquier cosa. Cuando un concepto se amplía tanto, es un aviso de que el mismo es una excusa para cualquier contenido. Es necesario volver a precisar y determinar qué significa creatividad, qué metodologías pueden desarrolarla y cómo introducirla dentro de la educación formal.
Llevamos tiempo reclamando la introducción de la competencia creativa. Esta es la competencia que soluciona un problema de forma novedosa. Una de las características más importantes es que es una competencia de las competencias: la creatividad es múltiple, desarrollándose a través de todas las demás. Frente a las perspectivas que absolutizan la creatividad, siempre está relacionando ámbitos, campos o conocimientos diferentes: la creatividad es relacional.
En el Magazine INED21 abordaremos este reto:
¿cómo trabajar la creatividad desde la metodología educativa? ¿cómo diferenciar una metodología creativa de una metodología repetitiva? ¿cómo abordar cada competencia desde el plano creativo? ¿se deben trabajar autonómamente o relacionalmente? Frente a la inercia educativa, la creatividad como espacio de aprendizaje.

  • Es cierto, ha llegado la hora de dinamizar nuestras aulas. y un aspecto que no podemos olvidar: no podemos esperar creatividad, si nosotros no intentamos serlo. Muy Bien INED21.
    Un saludo