Prosigo la serie de Investigaciones educativas, hoy nos acercaremos al informe PIAAC 2013 (Programa Internacional para la Evaluación de Competencias de la Población Adulta), llamado mediáticamente el PISA para adultos. No dejaremos de repetirlo: la necesidad de actualizarse, por parte de los docentes, a través de la investigación y evaluaciones de prestigio mundial, que nos brinda en este caso el INEE bajo la dirección de Ismael Sanz. Una iniciativa elogiable que, más allá de posiciones ideológicas, muestra una perspectiva global y científica del hecho educativo. ¿Por qué? Porque nuestro derecho a opinar, lleva implícito el deber de conocer en profundidad las variables de la matriz educativa, esa complejidad en movimiento y siempre sujeta a diferentes contextos, donde generalizar es, siempre, una tentación. La educación es un ámbito reflexivo lleno de incertidumbre (¿hay alguno que no lo sea?). Desde esas precauciones, sintetizaré dos argumentos.

Primer argumento: desde una lectura panorámica, tenemos un problema evidente y grave cuando nuestra población adulta (16/65 años) obtiene los peores resultados en matemáticas y el penúltimo en lectura de todos los países evaluados. Una sociedad del conocimiento del s. XXI, no se puede construir desde esta realidad. O iniciamos un cambio en varios ámbitos, o estamos condenados a ser una sociedad y una economía especulativa. Este problema no puede ser una invitación para debatir infinitamente la bondad o no de la Logse, el problema se cronificará más allá del mismo. Nuestro país tiene una rara característica: envolverse en debates partidistas que, como resultado, perpetúan los problemas. Focalicemos adecuadamente, será mejor centrarnos en diseñar e implementar políticas que resuelvan el problema principal. Si no lo hacemos, que no nos sorprenda la baja productividad de nuestra economía, o la falta de inquietud cultural de una mayoría social. La educación y la formación son la parte de un todo: no lo olvidemos. Los problemas no son espontáneos, son estructurales. Crear un consenso para esas políticas de educación y formación es imprescindible. Un consenso político y social: nos jugamos las próximas décadas. No me canso de escribirlo: dialogar es un infinitivo interminable. Hay un reformismo realista e inteligente que podemos recorrer.

Segundo argumento: desde una lectura específica, entre la selva de variables y resultados que hay que analizar, hay algunos que deberían hacernos reflexionar e indican posibles líneas de acción. Enuncio cinco. Primero: nuestros resultados están por detrás de países con menos nivel de renta que el nuestro. Segundo: si los resultados de los hijos de los padres con menor nivel educativo están entre los últimos, los resultados de los hijos de los padres con mayor nivel de educación, son los peores del PIAAC. Tercero: hay una correlación entre los resultados matemáticos y el mercado laboral, tanto en salario como en ocupación. Cuarto: persiste, al igual que en PISA, un mal porcentaje de resultados en el nivel de excelencia (5% por el 12% de la OCDE y la UE). Quinto: los jóvenes están más cerca de la media que las generaciones mayores. Cada lector puede interpretar esta selección desde sus presupuestos. En todo caso, justifica la primera afirmación: tenemos un problema evidente y grave. Si queremos que sociedad del conocimiento sea algo más que una expresión, hay un cambio profundo que hay que comenzar. Una política educativa y formativa es, siempre, la mejor política social a largo plazo.

Este miércoles día 19 de Febrero (9,30/ 18,30), hay una jornada de presentación del PIAAC 2013. Presencialmente o en streaming podremos seguirla, con resúmenes del trabajo analítico de autores interesantes desde diferentes perspectivas metodológicas e ideológicas: Antonio Cabrales, Juan J. Dolado, Ricardo Mora, Julio Carabaña, Laura Hernández Lahiguera, Lorenzo Serrano Martínez, Juan Francisco Jimeno, Aitor Lacuesta, Ernesto Vlillanueva, José Saturnino Martínez, Francisco Pérez García y José Antonio Robles Zurita. Ese diálogo es posible: empecemos escuchando al otro. Nuestra democracia puede profundizar en esta vieja palabra griega: educativamente, nos pertenece a todos.